jueves, 27 de noviembre de 2014

CÓMO AMANECÍ: Reinventándome



Amanecí intentando ser una nueva persona, o tal vez la misma pero más sana. ¿Cuántas veces en nuestra pequeña eternidad intentamos reinventarnos? Enfrentarnos con nuestro rival espiritual y comenzar a hacer cambios positivos que nos hacen girar en un nuevo eje. Dios, todo un reto.

He estado intentándolo no sé si durante dos años o más bien seis meses un poco más efectivos o un mes más drástico.  A veces cuando no se tiene claro a dónde vas es cuando rodeas más en la vida o en el tránsito... da igual. Y el caso es que a veces no quiero saber a dónde voy porque no estoy lista para llegar y rodeo aprendiendo que por más que me haga mensa, debo ir para allá…

¿Cuánto tiempo se necesita de rodeos? Y es que como veo que todos lo hacen o al  menos en apariencia parecería que la sociedad invita al rodeo entonces me dejo llevar…

No importa cuántas señales de nuestro camino veamos, si no queremos ir no vamos a hacerles caso. Y abrir los ojos es el primer paso para tomar la dirección, que más que llamarla correcta la llamaría “el camino que elegí”.

Y es que luego cuando empiezo a dirigirme en la dirección correcta, las cosas avanzan tan lentas que me desespero, no soy una persona que ya aprendió a disfrutar lo que tengo en el momento, tiendo mucho a ver a la derecha, a la izquierda y al frente. Estoy intentando pero aún no llego a ese punto.

Me levanto con ganas de transformar al mundo y me atoro en el “cómo” y luego las palabras, que son lo mío, no me salen y me desespero y dejo de hacer lo que hago para rodear por la vida, al “cabos” está de moda…

El problema está en que la magia ocurre cuando hacemos lo que venimos a hacer, no cuando rodeamos. Y no importa lo difícil que se vea, no hay otra manera de lograr nuestra misión de vida más que hacerla, darle la espalda sería como negarle al universo nuestros súper poderes.

Hoy amanecí pensando en eso y es que más que chipi o nostálgica estoy intentando escuchar mi voz interior que me revelará lo que necesito saber para ir a donde quiero llegar. Mientras tanto hago garabatos… escritos que quedan en la nada… ideas que mientras las pienso en la regadera o cuando corro o mientras manejo, parecen espectaculares y luego se me olvidan… Dios, a veces siento que no tengo el tiempo de calidad suficiente para realizar todo lo que mi corazón me anda pidiendo…

Pero ¿Qué me queda hoy? Tal vez sólo abrir los brazos por así decir, a lo que sí vine a hacer e identificar distractores de los que poco a poco tendré que despedirme… y entender que, los cambios se hacen despacio que vamos de prisa. ¿Y tú? ¿Cómo amaneciste?

miércoles, 26 de noviembre de 2014

COMO AMANECÍ: Levantar la mano.



Hola equipo… me levanté tarde, me puse lo primero que vi y sentí poquito coraje de ir medio mediocre en cuanto a outfit se refiere, pero a veces así es la vida, uno tiene que dar el cien aunque ande al ochenta. Es algo así cuando la magia sucede… somos una bolsa de Mary Poppins y sacamos cuanta herramienta encontramos en un alma que a veces está dolida o debería estar descansando o en un duelo. Pero con eso de que la vida sigue pues sacamos lo mejor que podemos para sobre llevar un buen día. No sé qué opino de eso, tengo sentimientos encontrados.

1.- Que padre que existen personas que dan el “FUA” cuando su alma está triste y cansada y 2.- Tal vez pocos nos atrevemos a levantar la mano y decir “orita” no puedo.


Y es que cada historia personal tiene sus situaciones tan íntimas que a veces lo único que nos queda como habitantes de esta comunidad es respetar y tener un poco de empatía.

No sé es que amanecí pensando en tantas cosas que tal vez lo que acabo de decir son temas diferentes pero… como buena “pensamientos multiusos” que soy quiero resumir todo a una sola cosa:

Atrévete a adaptar el sistema del mundo a ti. Atrévete a poner reglas personales, atrévete a decir “yo funciono así” y a pedir ciertos privilegios en tu trabajo, en tu casa, con tus amigos.

Intenta averiguar qué cosas necesitas para ser feliz y estar produciendo lo mejor de ti. En una relación también. Cada quién tiene ciertas necesidades que a veces nos da pena pedir y preguntamos a las amigas qué está bien y qué está mal. Yo creo que más bien la pregunta es “¿Qué te funciona a ti?”

Así que amanecí pensando en la situación que viven los seres humanos en el estómago de ideas o peticiones que queremos hacerlas al mundo y nos da miedo pasarlas del estómago al tubo que llega a la lengua para convertir en palabras nuestras necesidades y convertir en una petición oficial al mundo algo que nos daba pena pedir.

Cuando trabajaba en Nueva York me era muy difícil decir lo que yo necesitaba entonces siempre decía “estoy bien” (no quería parecer una niña caprichuda) y como resultado reventé un buen día a una hora muy extraña porque en ese momento se llenó mi estómago y salieron mis sentimientos reprimidos en forma de lágrimas.

Nos da pena pedir lo que necesitamos y como resultado nos enfermamos, explotamos, nos volvemos una persona que no somos… muchas cosas.

En una relación algo que no nos gusta a veces no lo mencionamos para hacernos los “cool” los “actuales” los “que tiene YOLO” y probablemente ese acto de nuestro novio o novia nos rompió poquito el corazón en dos. Probablemente necesitamos una relación en la que no exista “eso” que sucedió. Y tenemos miedo de pedirlo.

Un aumento en la oficina… no lo pido entonces vivo enojada haciendo las cosas de genio porque en mi mente creo que me pagan menos de lo que hago o peor aún, actuando mediocre para justificar el propio salario…

Amanecí pensando que en todo momento tenemos que ser más listos que la situación. Y sobre todo, aprender a tener el valor de si es necesario, cambiar un sistema. Aquí vendrán afirmaciones como:


1.- Estoy segura que mi mamá no va a entender.
2.- Mi jefe se va a reír de haber pedido un salario y me va a decir que ni siquiera he cumplido bien este año. Se buscarán a alguien mejor si yo no estoy a gusto, esa será su respuesta.
3.- Mi novio (o mi novia) me va a decir “ai ajá” y me va a decir que estoy pidiendo algo que ninguna otra pareja pide, que estoy loca o loco.

Sí, romper un sistema, una costumbre familiar, de pareja, o peor aún la sagrada constitución oficial de la vida, es algo que pocos nos atrevemos a hacer porque eso nos obliga a ser personas de la talla de lo que estamos pidiendo (Acatamos más responsabilidades cuando levantamos la mano exigiendo algo… porque los ojos de las personas a las que le hacemos la petición se posan en nosotros enfocando cada uno de nuestros defectos).

Sonríe, si todo esto te hace sentido es que tal vez serás un pionero. Un primerizo, un líder. Tomar las riendas de la situación y pedirle a un sistema: familia, noviazgo, trabajo, comunidad, algo diferente, que algo cambie, una propuesta nueva, es algo que de entrada te puede echar al mundo encima pero… ¿Acaso entonces no vale la pena lo que estás pidiendo?

Amanecí pensando en eso, en que la vida no siempre es adaptarte al ecosistema, hay personas que crearemos nuevos caminos, y no somos rebeldes, somos personas que levantamos la mano para decir lo que necesitamos y eso no coloca en la mira y tenemos que tener la fuerza para entender que aunque unos ojos nos estén mirando de una manera, no distorsionen lo que nosotros vemos y queremos aportar a la vida. Tus ojos no me callan.

Y es que, si de pronto necesito un permiso especial en el trabajo o quiero decirle al mundo que pasaré dos días en cama porque me siento muy cansada probablemente tenga consecuencias catastróficas y seremos mal vistos en nuestro desempeño pero ¿Acaso no sientes a veces que vas a explotar y que estás a punto de desvielarte?

¿Quién va a poner ese alto? ¿Vas a esperar a que el mundo te truene para que ahora sí un justificante médico te de el pase de salida para que puedas hacer lo que antes pudiste haber pedido?

En el amor pasa igual, muchas veces esperamos a reventar para que ya siendo demasiado tarde la explosión hable por sí sola porque la pareja no pudo dialogarlo antes.  No sé, no sé si estoy explicando las cosas de la manera correcta… no sé si todo esto son pensamientos internos que a otra persona no le haga sentido pero de igual forma no puedo callarme ante la manera en la que amanecí: Con ganas de inyectarle ganas a quien lee esto de saber que puedes poner un alto a tu vida en el momento que quieras para levantar la mano y decir que quieres respirar, que no estás tan seguro de tu relación, que necesitas un tiempo, que aunque defraudes a mil eventos sociales quiere estar en cama, que aunque seas el chistoso o chistosa del grupo necesitas estar un poquito fuera de las canchas de los papeles que cumples porque de algún modo sabes que no estás dispuesto ni hoy ni nunca, a tronar tu fábrica interna que produce todo lo que eres y haces.

No tengas miedo de pedir condiciones cuando te comprometes a algo por miedo a que esas condiciones te hagan parecer arrogante o peor aún, que te manden a volar.  Si esas condiciones son importantes para ti y para que tú seas tú, no tengas miedo de que aunque la sociedad no piense igual, tú eres tu mundo y quienes se acerquen a él le sería más hermoso conocerte a ti, y no a tu persona tronada y abatida por no levantar la mano y decir lo que necesita.

Amanecí pensando en eso porque de pronto a veces yo me comprometo a todo y luego por no quedar mal parezco un títere que se aparece en tres o cuatro lados cumpliendo los protocolos de cada uno e intentando ser amena con quien esté enfrente porque después de todo me gusta ser amena.

Pero llega la noche y mientras me quito el rimel con algodón y desmaquillante me doy cuenta que no fui amena conmigo, que estaba cansada y me forcé, que tenía ganas de dormir más temprano, que necesitaba un poquito de aire… que quería algo diferente y por agradar no lo tuve. Y es que luego me da miedo de ser olvidada porque estoy acordándome de mí…

Pero a final de cuentas hoy levanto la mano diciendo que sé que hay muchas cosas que me gustaría hacer, que duermo pensando en tres mil quinientos cuarenta y cinco escritos e ideas para seguir contagiando mi amor por la vida… y luego al llegar a casa me pregunto si tengo las posibilidades de hacerlo sin olvidarme de mí.

Y es entonces cuando me pregunto si un alma un poco dolida está obligada a ser lo que normalmente es o tiene chance de bajarle un poco a las actividades diarias para entenderse, abrazarse y dejarse curar… sin importar si el mundo lo entiende o no.

Y tú ¿En qué amaneciste pensando?

martes, 25 de noviembre de 2014

CÓMO AMANECÍ: Campo energético.



¿No les ha pasado que hay días que sin razón amaneces con el humor con el que amanecías para el festival de tu escuela? Adrenalina, felicidad y una vaga idea de que ese día será memorable. Así amanecí hoy sin ningún festival aparente. Sólo creyendo que así será. Me pasa unas dos veces a la semana y a veces me dan ganas de crear un campo de fuerza para que nadie me quite ese humor pero muchas otras veces dos o tres noticias ¡Pum! Tiran todo abajo. ¿Dónde quedó mi… olvídenlo ya se fue.

Y es que, esos primeros veinte minutos del día, cuando todavía no hablas con nadie, cuando estás contigo, cuando recuerdas todos tus propósitos de la vida y cuando crees que todos esos sueños que siempre has querido pueden comenzarse hoy… es cuando de pronto la realidad poco a poco va apagando esa actitud de súper héroe. Bueno a mí me pasa. Admiro a las personas que no.

Los pendientes del día, un café frío, o hasta comentarios que escuchas en el elevador se van convirtiendo en energía que ocupa tu mente hasta que toda tu energía está apartada en mil y un cosas que probablemente no te llevan a donde quieres ir.

Hay veces que me dan ganas de tener una noche como la de Tom Cruise en Jerry Maguire y llegar muy chicha con un escrito azul que dice todo lo que yo quiero de la vida. Y pum, obligarme a cumplirlo sin que ningún otro pendiente se acerque como vampiro a robarme mi energía.

Pero de pronto el sistema y mi necesidad de adaptación a este ecosistema social arruinan mi “personalidad virgen” por así decirlo. Y no sé si yo soy muy débil para permitirlo o de plano es difícil ser una “personalidad virgen” en un mundo de máscaras y protocolos. En eso amanecí pensando. 

Pero, como esencia positiva que tengo creo que todo se resume a ser dueño de nuestras energías y ser consciente de dónde las depositamos en el día. Limpiar la mente de pensamientos que sólo nos hacen sentir “apachurrados”, eliminar y bloquear comentarios negativos, no meter mi nariz donde no me importa y entender que, como líder de este cuerpo dónde habita mi alma, soy responsable de ver dónde queda depositada mi energía del día y quién se ha llevado a mi queso… ah no, ya no como queso.

Y así poco a poco ¿por qué no? se crea ese campo de fuerza impenetrable donde tu “personalidad virgen” puede pasearse sin contaminarse de nada. La vida hay que aprovecharla al máximo y necesitamos nuestra energía para que eso suceda. Para que no lleguemos agotados a casa sin ganas de pintar un cuadro o ir al gimnasio o escribir… ¡No señor!

Hoy amanecí creyendo que mientras más consciente estamos de que somos responsables de nuestra energía, menos flujos de energía tendremos y también tendremos más chance de depositarla en las cosas que nos hacen sentir plenos… tengan un bonito día todos. 

lunes, 24 de noviembre de 2014

COMO AMANECÍ: Replanteando mi posición en el mundo.




¿Extrañaban los cómo amanecí? Yo también. Mi mente ha dado tantas vueltas que si fuera planeta ya habría pasado por las cuatro estaciones del año en menos tiempo que la Tierra. Y es que en esta etapa una mujer como yo se está replanteando su posición en el mundo y eso cuesta trabajo. Redefinirme, reinventarme y dejar el pasado donde pertenece es algo que de pronto me ha hecho pasar malos ratos aunque buenos cimientos. Y es que de todo este embrollo descubro que al menos me encuentro en la vida sin – según yo – dar pasos en falso.

¿Cuál es mi problema? Me pregunto en las noches cuando hago un recuento y descubro que todo va bien en mi vida, que mi papá tiene salud que yo más o menos pero al menos ya supe qué tenía, mi chamba me gusta… ¿qué es lo que en la noche me aprieta el estómago? ¿Les pasa a los demás? Y entonces es cuando se me sale un: Dios ayúdame.

¿A qué quieres que te ayude? Seguro me diría y lo peor de todo es que no sé qué contestar. En realidad es que espero algo grande de la vida y aunque sé que la vida misma es un milagro espero tantas y tantas cosas y mi imaginación gira todavía más rápido que yo en espera de: 1.-un acontecimiento gigantesco 1.- Un milagro 3.- Dos milagros. ¿Por qué uno nomás? 

Espero mucho, espero mucho de mí y de la manera en la que me gasto mi tiempo. Y sin tratar de ser exigente conmigo por las noches me cuestiono si estoy haciendo lo correcto para que eso suceda.

Dentro de todo esto sé, por experiencia propia, que los logros enormes se logran con cosas pequeñas todos los días… no es algo así como así. Y me da gusto porque es bonito ver cómo se construye con esfuerzos algo, porque si de algo estoy segura es que nada ha sido de golpe, todo en mi vida ha sido un pequeño construir…

Entonces mi pregunta es ¿Esto haciendo las pequeñas cosas necesarias? A veces siento que el día no me alcanza, que me agoto antes de que se acabe o que al irme a dormir me doy cuenta que todo lo que hago en el día son las cosas urgentes y se me olvida construir mi pequeña eternidad.

Me voy con mis amigos, me distraigo, voy al súper… por cierto ayer fui. Sentí ganas de llorar, no sé si porque era domingo o porque me acaban de quitar lo que más quería… lácteos. Sí amigos míos, el requesón, la panela, el “yobur”…

No quiero contrar esta tragedia pero tengo que hacerlo: pasaba por los refris y sentí cómo a veces uno se va despidiendo de cosas que a uno la hacían feliz pero que después hacen más daño que bien y por estar bien decido dejarlas. Se necesita ser valiente para hacer eso sobre todo cuando se trata de personas y no alimentos.

Y sí, he estado hecha bolas pensando en cómo voy a construir mi gran eternidad, tal vez preocupándome más por el futuro que lo que debería pero a veces me siento tan sola – sé qué no estamos pero nos sentimos ¿A poco no? – En fin, me siento una unidad de esas que había en la escuela de “unidad” “decena” “centena” eran cuadritos, las decenas venían juntas en una línea y la centena un cuadro grande… que delicia ser centena, pero bueno, nos tocó ser unidad… y como tal, necesito funcionar, necesito recordarme que ser unidad es increíble y esas cosas del mundo mundial.

Y sin enterarme de que estoy a todísima mom, valorar lo que tengo y ver lo que es el presente, me enterco en planear un poco lo que será de mi vida asegurando pertenecer a ciertos grupos que me hagan sentir existente, centena, o buscar esos hobbies que podrán hacerme feliz para siempre. Aunque no sé si el siempre existe como tal.

Y bueno, hoy amanecí pensando en que tenía que decir todo esto, mientras estaba en la corredora oyendo el playlist de spotify de “¡Buenos días mundo!” intentaba por lo menos hacer mi parte y así empecé a sudar, sabiendo que al menos estaba haciendo algo por mí un lunes que es la suma de la semana que hace la suma de los meses que nos hacen hacer grandes cosas… no lo sé.

Después en la regadera pensaba ¿Por qué me preocupo tanto? ¿Cuál es mi necesidad de tener que comprenderlo todo?

Y es que siento que a veces me subo a un carrusel del que luego no puedo bajarme y no sé por qué necesidad me subí. Y bajarte de un sistema en el que vives muchas veces es doloroso y te trae más soledad aunque sabiendo que no es un buen sistema para mí ¿Por qué seguir? Y es por eso que estoy redefiniendo mi posición en el mundo. Me bajé de todo carrusel en el que estaba y sólo estoy: pensando.

Tratando de construir un nuevo sistema de vida que me sea más saludable, que me de más vitalidad, que me recuerde lo que verdaderamente amo y me hace sonreír. Y heme aquí escribiendo otra vez el cómo amanecí. Porque sí, necesito hacer lo que me gusta en un rinconcito del tiempo que sea sólo para mí.

Es difícil replantearte la vida que llevas, pero no me baso en hacer lago por “difícil” o “fácil” sino porque me regale más plenitud y pueda comerme más deliciosa la vida aunque por le momento sea sin lácteos jaja.

¿Tú cómo amaneciste?

jueves, 30 de octubre de 2014

TE AMÉ COMPLETITO



A veces amar es cuestión de tiempo... este es un cuento que hice para mi clase de literatura y me pareció muy malo entonces lo guardé entre mis floders de cuentos que tengo por ahí... hoy que me lo encontré y lo leí... pensé en que a veces pasa igual con el amor... la primera vez lo ves pero no lo ves... la segunda luego luego te enamoras... les dejo la historia del amor de pueblo de Marcos y Camila...



En memoria de Marcos.
Por Lucía la de Flor



Te quise Marcos,
con todo y la penitencia…
y en este amor,
no por no encontrarle lógica,
deja de serlo…

Que bonita esa tarde ¿Verdad? No la pasamos más que bien, ¿Verdad? ¿Te acuerdas del arbolote que buena sombra hacía? ¿Verdad que sí? No sé que me pasa que no puedo olvidarme de aquella tardecita.

            ¿Me querías verdad? Sí creo que me querías, bueno no sé, aquel día podía haberlo jurado. ¿Qué nos pasó? ¿A dónde emigran los sentimientos? Seguro al mundo subalterno de los calcetines impares.

            Si pudiera volver el tiempo sería a aquel día, sin hacer nada, descansando en el pasto al lado del lago con el sauce llorón. (Si así se le llama por despedir unas cuantas chispitas de las ramas, y yo fuera árbol, sería el sauce chillón).

            Sí, lloré por ti, obvio, ¿Cómo no iba a costarme trabajo arrancar de golpe lo que teníamos a manos llenas? Que lindo me besabas, me acuerdo que me besabas lentecito, como si el tiempo se extendiera, nunca fuiste avorazado, te gustaba sentir esa conexión por más tiempo y yo abría los ojos y de pronto sentía que lo que tenía frente a mí era para siempre… ¿Cómo es que es uno tan tonta?

            No te culpo a ti, me culpo a mí por pensar que en la vida al menos algo sí era para siempre… pero nada lo es ¿Verdad? ¿Tú que piensas? ¿Piensas en mí? ¿Alguna vez pensarás en mí? Hay que tonta otra vez, claro que no has de estar pensando en mí y yo y mi estúpida memoria que me permite capturar hasta las lucecitas que se hacían cuando las pequeñas olas del lago se mecían y se chocaban con los rayos del sol.

            ¿Qué voy a hacer con mi memoria? Mi cruz y mi placer.

¿Qué a caso el amor y el sufrimiento van de la mano como la noche y el día o se puede sólo tener la parte buena de las cosas? Tal parece que hay que aceptar los paquetes completos y yo, y yo Marcos, te juro que te amé enterito.

            Amé ese día más sin duda que muchos otros que tú y yo sabemos pero de que te ame todo, te amé todo. ¿Se puede querer los tacos de la fonda con esa salsita diabla que castigaba después y amarlos a la mañana cuando el estómago vive la penitencia? Dirán que no pero yo sabía, cuando los pedía con doble salsa, lo que conllevaría y me valía dos cominos y medio, porque los quería, así te quise a ti Marquitos, así, con todas mis fuerzas, enchilada, ardida, necesitada de más… te quise con todo y la penitencia.

            ¿Qué está mal querer de más? ¿Dónde fue que mi mamá leyó eso que nunca dejó de repetírmelo? “Hay Camila” Me decía “Ahí vas otra vez…”  Dios, no sé dónde tengo la cabeza pero en este amor, no por no encontrarle lógica deja de serlo ¿O tu qué piensas Marcos? ¿Verdad que sí?

            ¿Qué habrá sido de tus ojos todos estos años? Las cosas que no habrán visto… yo los tuve tan cerquita cuando te los veía cerraditos mientras me besabas en cámara lenta. ¿Cuántas mujeres no habrán sentido el placer de un beso como ese?

            Parecía que lo disfrutabas tanto pero nunca creo que más de lo que alguien podría disfrutar acercar los labios junto a los tuyos y sentir esa magia, también, tuya. ¿Qué pasó contigo?
           
            Terminamos tan de pronto que no tuve tiempo de comprar ni el resistol para pegar el corazón de nuevo, pero de nada hubiera servido, se hizo morusas Marco. Polvo que se lo llevó el viento tan rápido como la vida te llevó a ti. ¿Honduras? ¿Será que sí te fuiste a Honduras? Es triste perderte la pista tan trágicamente… ¿Será que lo lograste? ¿Pudiste ser todo lo que querías?

            Marcos, sólo sé de todo esto que en mi educación escasa y mis ojos programados para sólo verte a ti me perdí de las cosas buenas de la vida como decía mi mamá. Pero si hay algo más bueno que estar sentada contigo bajo el sauce, mi corazón hubiera explotado y habría muerto de inmediato.

            ¿Qué sabía mi mamá de ese profundo amor si nunca se besaron mi padres así de lentito como tú y yo?
           
            Hay Marco tan sólo de tocarme la boca puedo revivir tantas cosas… Que tristeza que en la vida uno pueda viajar a todos lados menos a través del tiempo. Si hubiera podido por rompimiento a las reglas del cosmos, habría decidido viajar a aquel campo al lado del lago… eso a vivir un presente en qué se yo, Honduras o donde estuvieras… porque para mí el pasado fue tan perfecto que ningún presente lo hubiera podido superar.

            Y así, amando a mi memoria por ello en vez de odiarla, te beso en mi recorrido por la mente donde algún día me quisiste y el amor obligó a nuestras almas a estar juntitas. Lo que pasó después será mi razón por la que odie a lo que amo: a mi memoria. Pero como ya te dije, en lo que respecto a ti, te quise como lo hace quien quiere bien: completito.

            

viernes, 24 de octubre de 2014

LO QUE VERDADERAMENTE IMPORTA


Dedicado a mi hermana y mi madrina Flor.

Me acuerdo de mi infancia y mis diferentes facetas de berrinches:

1.- Egoísta cuando estaba comiéndome los dulces del bolo de la fiesta pasada a la que David no fue… y obvio no le daba.
2.- Berrinchuda con mi mamá cuando nomás porque me daba la gana no quería que se saliera con la suya y le gritaba feo aunque al mismo tiempo que lo hacía me estaba doliendo…
3.- Contestona con mi papá cuando me regañaba…
4.- Terca en no quitarme del piano porque sabía que Juan Pablo lo quería pero “yo lo estaba usando” y la verdad era que ya quería irme porque ya estaban las Tortugas Ninja pero tenía que molestar otro ratito.

Y así, montándome en un burro en el que ahora me tenía que pasear se me fueron varias horas de mi vida y se escaparon distintos momentos que no me culpo pero sí soy conscientes de ellos… y hace poco, en específico, se me vino uno muy especial a la mente:

Una mañana mi mamá había ido al súper sólo conmigo (cuando no iban ni David ni Efraín ni Juan Pablo, te consentía más) y me compró el paquete de los cinco Yakults… yo no quería darle a nadie, obvy, era lo último que estaba en mi lista…

Mientras, David me veía con una cara tierna que a esta edad me la hubiera hecho y le daba todos mis Yakults, pero en ese momento éramos rivales en busca de la atención maternal y yo había ganado, así que: sorry not sorry.

Entonces Flor mi hermana, que en ese tiempo estaba creo que gravemente enferma (nunca supe el nivel pero le daban quimioterapias al mismo tiempo que mi mamá) me pidió un Yakult. Dios, que difícil situación, pero para una niña inteligente como yo tomó la decisión correcta y le contestó: No, son míos.

Subí a mi cuarto orgullosa de defender mi patrimonio y en eso escuché el grito de mi mamá… bajé y Flor se estaba desvanenciendo…

Teníamos unas sillas de plástico blancas que usábamos para la terraza  - o ese fue el fin primordial por el que las compramos -  pero la verdad éramos tantas personas siempre en la casa que acabaron intercaladas con las de madera en el comedor.

Ella estaba sentada en una de las famosas sillas de plástico y los ojos se le fueron para arriba… y comenzó a desvanecerse… le pesaba su cara y aflojó el cuello y abrió la mandíbula y la silla comenzó a abrirse de las patas y mi mamá, que también estaba enferma y no tenía casi fuerzas, trató de sostenerla y le agarró la mandíbula y la cacheteaba: ¡Hija! ¡Hija! ¡Flor! ¡Despierta!

Mi shock emocional me impidió continuar viendo la escena y subí inmediatamente las literas…

Estando en mi cama (la de abajo porque iba al baño en las noches como 5 veces y Rocío había escogido la de arriba), comencé a desesperarme, como un ataque de pánico… me sentí culpable porque tuve la creencia de que un Yakult le habría subido el azúcar o algo… entonces quería por todos los medios tener el poder de solucionar el mundo pero no podía y le grité a Dios muy fuerte, regañándolo porque siempre he sido altanera con quien menos debo…

Entonces sin pensarlo arrojé mi cabeza contra el borde de arriba de la litera golpeándome, fue hasta la segunda vez que funcionó. La cosa es que no podía con la situación - y de hecho, ahora que la escribo se me hace nudo en la garganta -porque pasa que cuando escribo viajo al pasado tan exacto que vuelvo a sentir lo mismo para poder describirlo tal cual lo percibo en este viaje. Y sí, quería tener el poder de comprar toda la fábrica de Yakults para Flor y al estar frustrada me pegué en la cabeza con la litera para llamar la atención.

Dios, a veces no te das cuenta el amor tan infinito que le tienes a las personas hasta que las ves desvanecerse… y pasa más con los hermanos, a los que les hablas frío por teléfono a diferencia de un desconocido que habla de un banco. Pero parece que la ley de la vida es ser un poco más gañanes con los hermanos porque son eso: hermanos… y aguantamos como “broders” porque nunca dejamos de serlo. Es hermoso tener testigos de nuestros años de juego, nos peleemos las veces que sean.

Volviendo a la escena que me estaba carcomiendo… me remonté en mi dolor de cabeza al estrellarme contra la litera - aunque soy sincera no fue tan fuerte que el dolor del pecho -  y mi mamá al oir mi grito, me gritó ¿Lucía qué pasó?

Lo que había pasado es que había descubierto el verdadero significado de las cosas. Los ojos se me habían abierto a las proporciones correctas de lo que debo darle a lo que verdaderamente importa.

Bajé y le dije a mi mamá que me había pegado… Flor ya había abierto los ojillos. Ya tenía un poco más chapeteados los cachetes y ya se reía… se reía de haberse desmayado y mi mamá decía “¡Qué buen susto nos sacaste!” Riendo un poco también, y el drama había pasado a risa, para ellas, yo, Lucía o Garrapata como me decía mi papá: estaba trau, ma, da.

Nunca había visto a una persona desmayarse…

Sin embargo, me sentía una tonta si admitía que había sentido que la vida se me escapaba de las manos con ese suceso así que no me di permiso de admitir que lloraba por ella y seguí con mi teoría de que me había golpeado en la cabeza… me pregunto si mi mamá la creyó.

“Flor, te doy todos los Yakults que quieras…” Dije llorando mientras los saqué del refri, “Pero por favor no vuelvas a desmayarte.” Y me solté llorando aún más y de puritito sentimiento y mi mamá se rió con respeto pero ya todo daba risa… a ellas, repito, yo seguía trau, ma, da.

Hoy en día, Flor está mejor que nadie de salud y como ya no estoy en mood de “se está desvaneciendo” pues vuelvo al rol de hermana y de ser menos comunicativa y esas cosas que hacen las hermanas que se creen eternas adolescentes como yo.

Y cuando uno ya no tiene ese momento clímax donde un flashazo de la vida te apunta hacia lo que verdaderamente importa uno, o al menos yo, vuelvo a un poquito de superficialidad, a no convidarle dulces a David y a ser de repente grosera con la vida para empezar… o como mi mamá y Flor cuando ya pasó el susto: “pos” me río.

Pero en esos momentos es necesario llorar hasta que duela la cabeza, llorar de coraje más que de tristeza, llorar por un problema que tal vez no existe pero te afecta, sacar una furia aunque sea al viento… porque quedarse con un dolor duele el doble…

Y así era mi vida de berrinches cuando Lucía explotaba de egoísmo pero luego la vida le enseñaba lo que verdaderamente importa.

De hecho, me acuerdo tantas veces bajándome del coche cuando mi mamá ya no me aguantaba y me dejaba ahí una vuelta a la manzana y se me iba la vida, me entraba ese “lo que verdaderamente importa” y regresaba implorando su perdón… me acuerdo de David una vez que creció mucho en pocos meses (ahora mide dos metros, él corrige “1.98”) y se pegó en la parte de arriba de la puerta porque no calculó su propia estatura y se cayó al piso… ¡Uff! En ese momento podía haberle regalado todos los dulces de todas las piñatas…

Y cuando me peleaba con mi mamá porque me ponía a arreglar mi cuarto (injusticia total…) y después caía una tormenta y al primer rayo estaba al lado de ella pidiéndole a la naturaleza que por favor el mundo no se acabara ese día…

Las tormentas me recordaban al diluvio de Noé y pensaba que tal vez yo había sido mala y que merecía todo esto e iba a morir y un rayo aniquilaría a toda mi casa… entonces abrazaba a mi mamá sin importarme tres cominos si me había peleado y la estaba privando de la exquisitez de mi presencia, castigándola con el látigo de mi desprecio durante dos largos minutos y medio.

Es entonces cuando también me entraba otra dosis de “lo que verdaderamente importa” y abrazadas veíamos la lluvia y llegaba David y le compartía un brazo de mi mamá, no importaba… lo que importaba era lo que verdaderamente importa.

Es por eso que a veces que me siento un poco triste o nostálgica o un miedo invade mi corazón, descubro que esa situación me devuelve la visión a lo que verdaderamente me hace feliz, me hace priorizar y darme cuenta que tal vez el sueño que persigo no tiene nada que ver con lo que verdaderamente importa… que tal vez el niño que me roba el sueño me está robando también tiempo con mi familia, con quienes verdaderamente quieren compartir su tiempo conmigo y así sucesivamente…

No es tan malo no sentirse tan bien. Lo importante es entender que los sentimientos son visitas que entran a nuestra casa, nos enseñan algo y luego se van, lo importante es aprender a apreciar lo que tenemos sin la necesidad de que se alejen de nuestro lado para valorarlo. La salud, la damos por sentado, si el clima es cálido queremos frío y si hace frío queremos calor, el caso es que nos hace falta descubrir que no nos hace falta nada, sólo bajarle tres rayitas a nuestra visión difusa que no nos enfoca a lo que verdaderamente importa…

Ojalá que este escrito te haya movido algún tipo de sentimiento que te lleve a algún tipo de acción que te haga más feliz. La verdad es que en el mundo de la escritura grandes personajes literatos basaron sus letras en la tristeza, el dolor, la nostalgia… y he estado intentando escribir desde la plenitud también, retar a la inspiración a que llegue también cuando estoy de buenas… y en ese contentismo repetirte: ojalá que te haya movido algún tipo de sentimiento que te lleve a algún tipo de acción…

Eso sería para mí una gran noticia, de que vale la pena siempre esconderme en este rincón para decirte esta y un mil cosas más.  De que tú sí puedes apreciar lo que verdaderamente importa sin tener que perderlo.

Los quiero… y si creen que compartir estas palabras con alguien más le pueda servir, lo agradecería mucho… hasta pronto… ¡Saludos Flor! ¡Cheno pillo!






miércoles, 22 de octubre de 2014

ME HA PASADO EL PASADO




Sí me ha pasado, me ha costado olvidar a una persona que amé. Luego viene la idealización y sale un perdiendo el doble… existen recuerdos que brillan más que el presente y que oscurecen la posibilidad de creer en algo mejor y toda una sopa de nostalgia que sabe a amargura.

Lo sé lo he vivido y en ese departamento a veces no existe consejo aparente… pero hoy me siento valiente y quiero decirte un par de cosas…

1.- Si tienes un pasado hermoso, felicidades, eres escritor de una historia inolvidable. Y si los personajes del pasado no están en el presente, más que a qué se debe, quédate con un “ahí quisieron quedarse”.

2.- Créeme, puedo levantar la cejita malosa y decirte que si tuvieras la más mínima idea de todo lo que tu madurez y tus ganas de vivir pueden hacer por ti, pero tú debes de darte cuenta solito. La vida es más mágica de lo que a veces crees y si acaso vas a idealizar algo, creo que deberías de hacerlo más con tu futuro que con tu pasado…

3.- ¡Lo mejor de tu novela siempre es lo que está pasando! La realidad es más mágica que la fantasía porque tiene el valor de suceder. ¡Punto!

Con estos tres factores te dejo para que sigas teniendo un día inolvidable, no sin antes decirte que no te olvides de ser el protagonista de tu historia… no tu amor fallido es el protagonista, no el pasado es el protagonista, ni el futuro. Eres tú.