jueves, 16 de mayo de 2013

ME CONVERTÍ EN MÍ





Nop, no va a haber más “te amos” por el momento. Va a haber libertad y la libertad asusta mucho seamos o no personas maduras. Va a expandirse todo el mundo y las opciones caerán a mis pies, y eso, asusta más que ser libre. ¿Qué carajos voy a hacer en este mundo nuevo donde sólo estoy yo con mis pies?

         Chale. Era mejor sentirse atrapada. ¿Pero querías ser una mujer lista verdad? Sí, si quería, por eso pagué el precio de evitar que me sedujeran deseos baratos y me esperaba y luchaba por otra cosa. No me subí a trenes fáciles ni acepté pasajes gratis, luché para merecer lo bueno o malo que tengo ahora, pero es pinches mío.

         Con coraje y valor me convertí en guerrera, esas que cuando lloran levantan la cara. Y pensé que debía tener paciencia, que debía sentir esa cascada de dolor que le llega a los que deciden autoexplorarse y así me empapé de mí. Era de colores.

         Y con ese nuevo bautismo inventado por mí  me regalé el privilegio de ser. De poner altos donde mi ser es pisado, de poder tener el poder de distinguir que otros seres cohabitan y hay que tratarlos con amor y así me hice yo. Me convertí en mí.

         Mis pies firmes te encontraron… vaya que lo hicieron. Creyeron que no pasaba nada si de pronto alguien quiere caminar contigo. Me tranquilicé de saber que tal vez, estaba bien que me tomara un descanso, que me sentara a admirar el paisaje, que dejara de fruncir la boca y de ser tan dura con mis exigencias. De convivir y dejar que me vieran. Y entonces hice un gran pic nic en mi vida. Saqué las manzanas que cultivé desde niña, abrí el vino mejor y me dispuse a entregarme.

         No soy una mujer cuenta chiles y me había tomado mucho tiempo darme cuenta de que dar no me quitaba entonces, di. Y sin pensarlo recibí. Un intercambio de culturas, infancias, chistes locales, momentos mágicos y maneras de resolver y enfrentar la vida se fusionaron varias veces y en varios países.

         Solté mi arco, me quité la espada, dejé de ser una guerrera para aceptar lo que todos somos: Almas. Me quité rápido algunos malos hábitos, sonreí porque sabía que brillaba más y ¿mi error? Desempaqué.


         Desempaqué como si necesitara un cambio para el día siguiente, cuando el único cambio fue que no hay más “te amos” y como fatality de mortal combat me salió el letrero de Game Over en la pantalla.

         Pero soy valiente, soy un alma guerrera, soy hija de la luz y mi destino final no era ese… me puse de pie y caminé hacia el único lugar que sé: Hacia el Sol.

         La diferencia de Lucía antes de ese encuentro es que he dejado mi arco y mi espada, me he dado cuenta de que en el amor no los necesito… y mi vida es amor puro. He dejado también el vino mejor, porque a cántaros lloverá otra vez que decida encontrarme y mis células se regenerarán y más encuentros vendrán y en todo este enredo de mi vida de guerrera me di cuenta de que las armas que más traspasan son las que llegan al corazón sin violentarlo.

         Me despido con el único texto que ha podido salir de mi garganta desde que dejé mi pic nic en un lugar del que cada día me alejo más.

viernes, 10 de mayo de 2013

HARLEM SHAKE

Si no puedes contra los movimientos en internet... úneteles....

Mis sobrinos y mi hermano...

LA MUJER SIN CORAZÓN

Equipo, como les prometí, sigo subiendo mis tareas de Literatura Creativa... este es mi primer cuento "bien hecho" o más bien dicho "no tal malo" se los comparto. Gracias.


La mujer sin corazón
Por Lucía la de Flor
La razón principal por la que nos aferramos a algo, es porque tenemos miedo de que no pueda pasarnos dos veces... 



-       ¿Vacaciones?
-       ¿Perdón?
-       Sí, qué te trae a Madrid. – Dijo en un tono típico español el de los jeans rotos a la mujer que acomodaba su maleta. Ella se incomodó pensando que era imposible decirle “Ah no, lo que pasa es que voy a tu ciudad a recoger mi corazón” sonaría absurdo, así que contestó con un simple “sí” y se sentaron.
-       Bueno pija pero qué cara. Prometo dejarte dormir pero anda, estaremos bastantes horas en el vuelo. – Dijo él-. Ella sonrió, pensando en lo extremadamente romántica que había sido esa escena si ella estuviera completa. Pero le faltaba el corazón.
-       Soy Lucas, le voy al Real y tengo hambre. ¿Tú?
-       Amanda, tengo cáncer y hago el último viaje de mi vida. – Dicho esto Lucas soltó la carcajada, pero la cara seria de ella le reveló la verdad con la formalidad de su actitud.
-       Vaya tía que desastre, pero si ni te ves mal. Y qué ¿Crees que tienes derecho a estar de amargada sólo porque vas a morirte? No me das lástima, ojalá y te recuperes y entonces digas “ah pero cuántos años pasé de ojete tirando mierda a todos…” y te quiten tu licencia de gruñona... y te acuerdes un poquitito de mí. – Guiñó el ojo…
-      Y a ti te pongan una placa que diga “me creo todo lo que dice la gente…” – contestó.
-      A parte de mentirosa cruel ¿Eh? Así me gustan ¿y qué… estás soltera niña bromista?
-       No, mi esposo viaja a un lado tuyo. – Volteó y miró a un gordo que respiraba roncando aunque estuviera despierto. Ambos rieron.
-       Pero que maja tan tontita, mira que sí me hace gracia pero sólo por saber que es otra de tus burlitas y estás soltera y tenemos ocho horas de vuelo juntos y no morirás mañana. En definitiva el cosmos se ha alineado a mi favor…
-       Tranquilo casanova, voy a encontrarme con mi novio. –Mintió, pero era necesario ya que nada la distraería de su objetivo: recuperar su corazón. ¿Para entregarlo de nuevo? ¡Claro que no! Eso pensó mientras se colocaba unos audífonos del tamaño de dos donas Krispy Cream dando por terminada la conversación al prender su ipod.
Qué nostalgia le provocaban a Amanda – además de la situación que la embargaba -los aviones, levantarse de madrugada, el frío del aire acondicionado, ver azafatas mover los brazos explicando algo mientras ella escuchaba música y creaba una bomba de sentimientos que la hicieron encerrarse en esa jaula de recuerdos que no le permitían notar los ojos verdes de Lucas, o tal vez su estrepitosa presencia la había hecho huir una vez más del amor con esa arma letal de sus audífonos que cortaban toda posibilidad de continuar ese encuentro que terminaría en… en lo que sea, pero terminaría, porque su realidad era muy diferente a la suya y su vida un reloj de arena donde la misión de conseguir su corazón era más importante que cualquier expedición de la NASA y ni él iba a distraerla… y en pleno soundtrack de Across the Universe se quedó dormida.
Soñaba, vaya que soñaba porque sus ojos se movían de un lado a otro aunque estuvieran cerrados, sus pestañas se columpiaban y Lucas las veía tratando de adivinar qué carajos pensaba la niña flaca y blanca de boca gruesa y besable… y de pronto se imaginó que leía su cuerpo en braile…Y así, quedó dormido él.
La azafata los despertó ofreciéndoles jugo, ella sorbió la baba de la boca y él fingió no haber estado dormido. “Dos cervezas que estamos celebrando” continuó Lucas y ella sonriendo asintió. Se había puesto nostálgica y sus atenciones sorpresivas le hacían bien…
-       Y bueno mujer, ¿Cómo te han sentado los primeros minutos de vuelo?
-       Dios mío no paras, bien, si quieres hablar tendremos una conversación el tiempo que dure mi cerveza que pretendo leer el final de un libro después. – Se autocastigó; en realidad ni su libro estaba bueno y el hombre era divertido, pero había prometido no distraerse de su misión principal.
-       Vale, pero sólo asegúrame que aquel regordete no es tu prometido que no soy bueno para los golpes y vivo de mi aspecto físico. – Dijo y en seguida soltaron una carcajada mientras ella olvidaba su autocastigo permitiéndose admirar la cara de Lucas admitiendo que de verdad podría ser modelo de algo, y mientras movía sus ojos recorriendo su cara él se supo observado y abrió su boca y enseñando los dientes con una sonrisa actuada -que permaneció tres segundos- fueron los suficientes para verla alegrarse y que su risa decorara la mañana. - Empiezo yo. – Dijo él – voy a poner el ejemplo de cómo debes describirte. Soy Lucas, 32, divorciado, amo el vino tinto, no soy de la realeza aunque parezca y tengo una sobrina, Julieta, que aunque no lo creas es más hermosa que tú.
El hombre mentía. No era divorciado, era viudo, su esposa Sara se había quedado en coma desde hacía tres años y por fin sus padres habían dado consentimiento a desconectarla y cumplirían su última petición, donar sus órganos…. Cosa que a él le causaba asco, náuseas y rabia por tener que dividir en partes a Sara, con quien se había casado en una iglesia diminuta de Madrid. Después de recordar todo eso Lucas volvió en sí y puso su sonrisa fingida esperando que a Amanda se le contagiara y entonces sí, reír en serio.
-        Bien. – Interrumpió ella queriendo participar en el juego. – Soy Amanda, tengo 25 y me dispongo a hacer un viaje de introspección, sola. Quiero estar alejada de mis papás y México por un tiempo y conocer un poco.
Mentira. Había era hija única, millonaria, huérfana. Vivía sola en su departamento con su perro que curiosamente se llamaba así, Lucas, pero no iba a decírselo. Se dirigía a Madrid porque por fin habían encontrado un corazón para ella – sí padecía cáncer desde hacía más de dos años y su corazón había dejado de funcionarle en su mayoría y le habían colocado un bypass y ya llevaba un año, tres meses y cuatro días esperando por un donante -. Se operaría en Madrid al día siguiente y estaba nerviosa, por lo que un hombre como Lucas la había hecho olvidarse de todo, aunque fuera por ocho horas.
      La plática fluyó y cada uno se olvidó de sus tristezas, destiló la conversación y ella  sentía que su corazón latía sanamente y él, después de mucho tiempo, quería gritarle que ya la amaba hasta perder la voz. Pero la única que habló fue la azafata quien sirvió la comida; ella tomó sus aceitunas, él le dio el jitomate, parecían conocerse desde siempre.
-       Dime algo que siempre has querido. – dijo él - Una cosa estúpida y de poco valor que morirías por tener…
-       Es una tontería pero me gustaría tener una pistola.
-       ¡Vaya tía! ¿Y por qué una pistola?
-       No sé, para matarme antes de sentir dolor. – Recordó con coraje lo delicado de su situación, pues aunque sabía que había necesitado estar cerca de la muerte para valorar la vida, en los ojos de Lucas había descubierto que necesitaba el amor para odiar la muerte. Pero la vida no se detenía por nadie y ella no debía detenerse por él… y bajándose de sus nubes le preguntó el típico y sutil “¿Y tú?”
Él ya no quería nada, la vida le había quitado a Sara y tratando otra vez de anular su tristeza se alegró diciendo:
-       Sería feliz con unos guantes de box.
-       ¿Para qué?
-       Para golpear a tu novio llegando al aeropuerto.
-       Ja, mi novio no vendrá por mí, mentí con aquello también.  – Al decir esto Amanda hizo oficial que lo estaba prequeriendo y él cruzó mentalmente los dedos deseando que la oportunidad se volviera sólida.
-       ¿Puedo llevarte entonces a tu hotel? Mira que yo también soy pijo y un chofer vendrá a recogerme. ¿En dónde te quedarás?
-      En el Hotel de Castilla.
-      No se diga más, te llevaremos.
Ella tomó unas pastillas, le sonreía y se veía cansada de nuevo. Se agitaba mucho con ese corazón inservible y fingía estar bien pero en ese esfuerzo se había quedado de nuevo dormida. Él imaginaba que era su novia y la cobijaba a penas se movía, preguntándose por qué de pronto se sentía tan vivo y encontrando en su cara dormida los restos de Sara, y mientras seguía en las nubes de sus nuevas pasiones aterrizó el avión.
Inevitablemente se habían convertido en una pareja, él le recogía la maleta, ella iba al baño él buscaba al chofer y se subieron al coche, ella veía las casitas, él a ella y ella de pronto notaba que lo miraba él y su inservible corazón pegado al aparato volvía a cobrar vida. Llegaron al hotel, él insistió en que cenaran, ella realmente estaba agotada y tomó otras pastillas tratando de que él no se diera cuenta. Él se dio cuenta. “Veámonos otra vez” le insistía. Ella calculó los días para que si su corazón funcionaba y la operación resultaba exitosa pudieran encontrarse en un café en la Plaza Mayor en un mes, así lo acordaron y él no discutió la fecha ya que pensó que un mes sería perfecto para por fin enterrar a Sara, quien llevaba una eternidad conectada a unos aparatos en el hospital Central donde sus órganos seguían funcionando en espera de necesitados… un tormento para él y la esperanza de vida de Amanda que iba a recibir un corazón como el de la esposa muerta… del que estaba enfrente. Se despidieron, él le insistió que no faltara, ella sonrió, él leyó en su risa que ella estaba prequeriéndolo y confiado en ello supo que asistiría. 8 de Marzo, cinco de la tarde…
Él se fue esperanzado y culpable de haber encontrado el amor tan rápido, ella tenía miedo de que fuera mañana y tomó unas pastillas para dormir. Entonces pensó en su cirujía y en que le habían dicho que no podía cenar nada. ¡Rayos! Nunca había tenido tantas ganas de cenar… ¿Para qué esperar si tal vez moriría?  Pensaba, hubiera platicado con el al menos un par de horas y no estaría pasando este cruel insomnio que le recordaba las probabilidades de que la operación fracasara, o al menos eso había googleado en Internet, y aunque antes no le importaba, estar viva hasta el ocho de marzo la había mantenido con unos deseos de no dejar este mundo.
La noche cayó, ella se quedó sosegada pensando si él estaría en diferente cama pero con el mismo sueño, o tal vez fuera un casanova que había conocido a alguien ya y estuviera cenando con ella. “Maldita mujer de corazón sano” se decía envidiando a la dama que había creado en su mente que estaba cenando con él y así se quedó dormida hasta que sonó el despertador en punto de las nueve.
Se baño, tomó un taxi y llegó al hospital y una silla de ruedas la esperaba, sentarse en ella la hizo recordar que estaba enferma y conmemorar que lo estaba la hizo sentirse débil, bajó la mirada y dejó que la condujeran entre los laberintos blancos de luces arriba… de pronto pensó en él… ¿Lo seguiría prequeriendo aunque tuviera otro corazón? ¿Será que sus sentimientos cambiarían? Había leído que cuando te hacían un transplante del órgano vital podías dejar de tener los mismos gustos e incluso dejar de estar enamorada…
      La adentraron en el quirófano, el doctor ya asomaba sus ojos de entre la ropa pistache que se ponen antes de operar, ella se dejó encandilar por la luz y entonces dijo:
-        ¿De quién era el corazón?
-        ¿Cómo dices Amanda?
-        Sólo quiero saber el nombre…
-        Es información confidencial… ¿Por qué piensas esto hasta ahora?
-        ¡Carajos voy a ponerme el corazón de una persona que no conozco y sólo quiero saber su historia! – Pero era tarde, el doctor ya le había inyectado la anestesia y poco a poco quedó dormida… pensando en el ocho de marzo.
El ocho llegó como cada año y ella se puso el vestido salmón que había pedido a una enfermera que le comprara hace días, sus cachetes habían dejado de ser blancos, y nerviosamente sentada esperó al hombre que prequería, quien llegó a los cinco minutos y no le dio chance de que ella pensara que es una locura... y dándole la seguridad de quien le apuesta también al amor. Lucas se sentó frente a ella sin saludarse, sólo rieron. Se pusieron serios, volvieron a reír, comenzaron las carcajadas, se formó agua en los ojos de él, ella sintió calor en su nuevo corazón y entonces, como una revelación divina dijo en su mente: Acepto mi segunda oportunidad. Su corazón bombeó como música tropical y guardando la imagen de la risa de Lucas prometió nunca hablar de lo que acababa de descubrir.

martes, 30 de abril de 2013

LA CAJITA DE PREGUNTAS

Para David mi hermano. My childhood mate!

No sé si a todas las personas les pasa y si a la misma edad pero de una manera tonta me he preocupado una y otra vez… la vez que lo hice más conciente fue mientras manejaba mi cherrary donde las Naciones Unidas se convierten en Montevideo al pasar por una escuela. Había sol, regresaba de casa de una amiga y el pensamiento más cruel me vino a la cabeza:

Tengo prácticamente 30 años, entonces si el promedio de vida en México es de 75, entonces… (Con voz de Lilo la de Lilo y Stich cuando se desespera) “¡Entonces ya casi viví la mitad!”

En cuanto ese pensamiento cruzó por mi cabeza un millón doscientas treinta y cinco preguntas salieron de una caja que ni sabía dónde guardaba, cada pregunta con un tono de voz diferente como si fueran espíritus:

“¿Estás donde quieres estar? ¿Eres feliz? ¿Quieres seguir viviendo en México? ¿Te gusta lo que haces en el día? ¿Qué te falta por hacer? ¿Ayer te divertiste? ¿En cuánto tiempo estarás arrugada? ¿Te gusta tu nombre? ¿Qué vas a comer hoy? ¿Qué tipo de abuelita seré? ¿Llegaré a ser abuela? ¿Habré vivido ya la mitad de mi vida? ¿La segunda mitad será mejor que la primera? ¿Estaré sana? ¿Me voy a morir pronto? ¿Es hora de dejar de fumar? ¿Me gusta mi trabajo? ¿Por qué me amargo la vida pensando estas cosas? ¿El día de mañana me voy a reír por creerme moribunda a mis 27? ¿Tengo lo que quiero? ¿Qué me falta? ¿Qué me sobra..?”

Me detuvo esa luz roja que odio... pero a veces es necesaria... no venían coches y me la pasé. ¡Necesitaba llegar a casa! ¿Cómo es posible que me alteren todas estas preguntas? No es la Lucía que conozco ¿En qué momento de la vida crecer deja de ser el mayor incentivo para despertar y se convierte en un miedo constante? ¡Qué actitud tan nefasta! Me avergoncé de haber pensado eso y llegué a casa a ver un poco de cultura moderna, o sea, la televisión.

Definitivamente necesitaba un lugar donde colocar cada pregunta que había salido… por más que no me gustara esa actitud eran cuestionamientos que me había hecho mi niña interior y no iba a ignorarlos, pues se notaba claramente que tenía miedo de crecer y había que enseñarle que no era tan malo, pero primero tenía que preguntármelo a mí misma… ¿De verdad no es tan malo?

¿Cómo voy a responder preguntas que vienen de una niña que no comprende? Me imagino que es algo así como cuando tienes que explicarle a tu hijo de dónde salen los bebés. El gran “problema” es que los mismos papás no creen que es algo puro, sano y bueno… ellos mismos sienten vergüenza del acto sexual y por eso no lo explican tan textual… porque hay “pecado” de por medio. Si de verdad entendiéramos al 100% la naturaleza del acto, lo contaríamos mientras comemos palomitas. Del mismo modo mis preguntas. Necesitaba entenderlas antes de responderlas.

Como aquella noche cuando mi mamá tuvo que despertar a Kina después de intentar consolarme por horas. Resulta que había tenido pesadillas varias noches y no conseguía dormir. Hasta la noche que me entró la más grande desesperación. Me levanté llorando y corrí con mi mamá.

¡Mamá mamá ábreme soy yo! Gritaba desesperada.
- ¿Qué pasa mi gorda te sientes mal?
- No mamá, tengo otra vez pesadillas…

Recuerdo que se reía mientras le explicaba y sabía que no estaba entendiendo a lo que me refería. Era oficial, mi mamá no comprendía la magnitud de mi miedo.

- ¿Por qué tienes miedo de crecer Lucía?
- Por que sé que me voy a convertir en una de ustedes… dije mientras me sonaba los mocos de tanto llorar.
- ¿Por qué no quieres ser como nosotros?
- Porque ustedes son muy aburridos mamá. No entiendes. Yo sé que voy a crecer y voy a ser una aburrida persona como todos los adultos. No conozco ninguno divertido. ¿Cómo es posible que las mujeres se junten a platicar mamá? ¿Por qué no juegan? ¿Por qué ya no hacen nada divertido? Sólo se sientan. ¡Que tiene de divertido estar sentada platicando!

Mi mamá se reía aún más de que una situación así me hiciera perder el sueño y fue con la Maestra en sueños… Kina. Tuvo que despertarla a media noche y mientras susurraban yo sabía que mi mamá le estaba explicando que no tenia nada, que era una mensada y que intentara que volviera a dormirme. Pero Kina llegó y me pidió que le explicara todo de nuevo.

“Mira Kina. Yo sé que ustedes no entienden, pero es porque tú ya te convertiste en uno de ellos, y esa es mi preocupación, que yo un día voy a estar como tú riéndome de mi situación. Y yo sé que no lo hacen con mala intención, pero Kina, de verdad ¡Yo no quiero crecer!”

Kina se puso seria y comenzó a preguntarme interesada por mi situación y tratando con delicadeza cada sentimiento que salía de mi boca. Entonces yo hablé:

"Dime algo Kina, ¿Conoces a una mujer que juegue a las Barbies? Que le guste escalar en los colomos, que en vez de estar en un café saquen un juego de mesa… turista, quién es el culpable, algo así… ¿Conoces a una mujer que se peine de dos trenzas francesas? Que le gusten los moños y los vestidos… ¿No verdad? ¡Entonces yo seré como ustedes!"

- Yo a veces me he hecho dos trenzas Lucía.
- Hay Kina por favor, claro que no.

Kina contestó algo tan hermoso que no se me ha olvidado nunca. Pudo haberme dicho que cambiara, pudo haberme dicho que sí, efectivamente iba a caer en el rol de adulto y me vestiría con colores sobrios como ellos, pero en cambio ella me pidió que no cambiara, que si no quería no lo hiciera, aunque todos fueran diferentes. Y eso nunca lo entendí. Mi pensamiento era “¿Pero con quién voy a jugar?” Obviamente yo en secreto sabía que nunca iba a abandonar mis muñecas, pero en un futuro nadie jugaría conmigo. Y eso fue lo que me dejó inquieta a pesar de que Kinita me dijo “No cambies Lucía, vístete como quieras, sigue siendo así y si no quieres ser uno de nosotros, no lo seas…”

Me fui a dormir y creo que ahora que escribo todo esto me doy cuenta que todas esas preguntas que me hice hace algunos fines de semana son las que quedaron guardadas en esa plática. Esa noche Kina había labrado una cajita de madera para mí. Mientras yo le explicaba toda mi avalancha de miedos, ella labraba con detalle la cajita. Después que terminé de hablar me la dio, me dijo “pon todas tus preguntas aquí, algún día cuando tengas la suficiente experiencia solita las vas a abrir y te contestarás una por una… terminó, cerró la caja, le dio un beso… bueno… a mí… y me mandó a dormir.

Las preguntas durmieron más de diez años… se despertaron como palomitas de microondas, revolotearon como palomas de Iglesia y me dolieron como un cólico fuerte. Sobre todo porque sabía que esta vez tenía que respondérmelas solita en mi cuarto… sin hacer un escándalo, sin detener al mundo que duerme para decirle que necesitaba atención. Sabía que tenía que hacerlo yo y no fue hasta el sábado que pude entenderlo.

Le comenté a un amigo cuando estábamos en el cine que hace tiempo que las películas de amor ya no me hacían ruido… ya no me movían el estómago y ya no me daban ganas de ser la protagonista. Más bien las analizaba desde un punto de vista psicológico (que no lo soy) y pensaba “Ella lo está manipulando, él tiene miedo al compromiso, ella está poniendo todas sus esperanzas en él y no se está poniendo trucha con su vida… él está con ella para olvidarse de sus problemas…” Cosas así que le quitaban todo el romance a la película.

Pero nada comparado con lo que vi este sábado. La historia de romance más bonita que había visto… dos Titanic juntos.. tres P.S. I love you y cuatro Diarios de una Pasión.

Hablo nada más y nada menos que de Elsa y Fred. ¡Qué tranquilidad saber que existe Elsa! Una mujer que nunca se convirtió en adulto por lo que ser alegre era su estado de ánimo normal… incumplida, inconstante, tramposa, mal educada, berrinchuda, chiqueada ¡Una niña! Jaja. Y Fred… un hombre que siempre tuvo miedo de ser niño. Cumplía las reglas, vivía para agradar a los demás y no tenía gustos propios, se dejaba manipular y no tenía ganas de vivir.

Júnta estos dos personajes y verás que después de verlos no te dará miedo crecer. ¡Véanla! A mi me mantuvo riéndome desde que empezó hasta que terminó. Amé a Elsa con todo mi corazón y espero que cada que la cajita de preguntas se abra, pueda ver la peli para calmarme de saber que existe una mujer con alma de niña como ella… sin prejuicios, sin orgullo, sin nostalgia del pasado… simple, cariñosa, graciosa y con unas ganas de vivir como ella. Como yo quisiera ser.

¿QUÉ PREGUNTAS TIENES EN TU CAJITA?

viernes, 22 de marzo de 2013

Perdónenme

Mi lector favorito me dice:
-     -   ¿Cómo amaneciste?
-     -   Con el corazón contento, pero mi cabeza con muchos pendientes.
-     -  ¿Cómo cuáles?
-      -  No sé, por ejemplo tengo unos mails de mis lectoras que no he contestado, no sé que decirles.
-       Diles:

Para Lucia la de Flor su preferencia es muy importante, en este momento nuestro corazón está contento y nuestra mente de vacaciones por lo que le pedimos permanezca en línea y pronto le atenderemos…

Me reí del chiste. Pero es verdad. No me es tan fácil contestar sus correos, incluso un “¿Estás ahí?” que nunca respondí y me hace sentirme culpable. Pero la verdad de todo es que necesito estar preparada para cuando alguien me quiere abrir su corazón, no pueden tomarse los renglones a la ligera, prefiero no leerlos. Perdonen mi inmadurez. Prometo pronto estar lo suficientemente madura para responderlos con el mismo amor con que fueron escritos. ¿Me perdonan?

Lo que sí no me gustaría es que dejaran de escribir, no lo hagan.

jueves, 21 de marzo de 2013

NADA SE CAPTURA. Notre Dame


El otro día en clases de Literatura nos pusieron a hacer un ejercicio que se llama “Ruleta” consiste en que la maestra nos dijo “escriban lo que quieran” después decía “alto, pongan esta palabra – o esta frase – “ y no importaba si se salía de contexto con la historia, tenías que ponerla. Esto fue lo que me salió, un pedazo de ficción combinado con una crónica real… es decir, no todo fue real ni todo mentira, lo que pasó es que tuve que insertar frases cuando la maestra lo pedída… se las comparto porque prometí escribir mis tareas. ¡OJO! Las palabras o frases que están en negrita son las que la maestra dijo que pusiéramos, para que se rían cuando lean cómo las puse. ¡Gracias a todos!


Nada se captura.
Por Lucía la de flor
Ejercicio en clase de: Ruleta.



Había visto el Jorobado de Notre Dame más veces que un niño promedio, recuerdo todas esas caricaturas de Disney y los sentimientos que me provocaban, entendía entre líneas las escenas y vivía con más intensidad que los mismos personajes sus alegrías y dolor. Lástima que no hay una máquina de esas como los detectores de mentiras que captaran las tonalidades de las emociones con las que vivía las pelis de Disney.

            Por eso, en aquel hotelito parisino, cuando Andrés me preguntó si sabía algo sobre Notre Dame contesté soberbiamente: “¡Pues claro! Si he visto la Peli del Jorobado.”

            ¡Cómo lo hice reír esa noche! Planeábamos seriamente el tour del día siguiente y mi comentario lo había hecho carcajearse como tanto me gusta, pero lo puse serio cuando de pronto salí con mi prenda íntima tratando de provocarlo un poco, lo demás no les interesa saber.

            Nos levantamos tarde al día siguiente cuando las harpías de las camareras nos habían tocado nuevamente alegando que teníamos que salir para hacer el cuarto, vaya hotel. Nos vestimos, pusimos los pasaportes y algunos euros bajo llave por aquello de las suspicacias francesas y tomamos el metro para bajar cerca de donde viviría en persona mi momento Disney.

            Parecía que el desayuno o el agua parisina tenían alguna fórmula que te hacía sentir pleno, feliz, enamorado… porque Andrés y yo éramos dos perfectos candidatos a inspirar a algún escritor que pasara por ahí y viera nuestras risas, abrazos y la manera en la que dos enamorados caminan.

            O era el paisaje el que hacía que nos viéramos felices, no lo sé, pero lo dos estábamos anestesiados de París, envueltos por arriba hasta los pies de una droga particular.

            Vaya día que hasta del Jorobado me había olvidado, mi nueva y propia película ejercía en mí toda la ocupación de mi tiempo, a tal grado que si se vuelcan o no los coches de al lado, si incineran o no a algún viejo que ha muerto a unas cuadras al lado, yo y mi mundo me tenían anonadada y atenta sólo a nuestro momento, a tal grado que había olvidado voltear a ver si venía un coche a atropellarnos. “Dios nos guarde la hora en que eso pase” pensé, sería un dramático final para dos enamorados.

            Que tonta que pensé en eso, volví en mí y admiré el río que cruzábamos por aquel puente, la risa de Andrés y mi pose para la foto donde a espaldas ya se veía Notre Dame.


            Pero ah como se me da eso de crear voces sin rostro en mi cabeza… - ¡Ya basta Lucía! - Me dije a mis adentros - Eso sólo crea nuevas complicaciones y callando mi voz interna corrí hasta alcanzar a Andrés quien ya terminaba de cruzar el puente.

            Me reuní a su paso y en el ritmo perfecto, parecíamos un carro nupcial ya que curiosamente iba vestida de blanco, él un saco negro y nos dirigíamos a la Catedral de Notre Dame.

            ¡Que belleza de día! Pensaba mientras pasamos una escalera por abajo, pero ni eso y ningún gato negro podrían darnos mala suerte a este par de tórtolos que estaban viviendo algo mejor que la luna de miel de cualquiera.

            Que increíble es saberse así de feliz, quitando aquella zozobrante sensación de que algún coche pudiera atropellarnos en el trayecto poniéndole fin al verdadero principio de nuestras vidas. Meditando eso me postré frente a la Catedral tan anhelada y como llave de agua comencé a llorar.
           

            “Esto es mejor que El Jorobado” pensé… “Las segundas versiones siempre son mejores” Aseguré. Y así fu como la realidad superó la fantasía derrotándola como David a Goliat.

            Andrés estaba contemplando mi éxtasis porque él ya conocía el recinto y le complacía mas posar sus ojos en esta guera y captura sus emociones.

            Sentí pena de llorar frente a él y juré por ni nombre propio que no volvería a hacerlo. El rió con mi juramento ya que había perdido mi credibilidad al haber llorado en el Museo del Prado, la Plaza Mayor, el Palacio Real, la Torre Eiffel y ahora aquí. Así que mi promesa pasó a segundo plano, me puse de costado y él me tomo la primera foto en ese mágico lugar.

-       Andrés ¿No encoge esta cámara? – Dije al ver la foto. – Mira que majestuosa es, la fotografía no le ha hecho justicia. – continué disgustada, y ase habían secado mis lágrimas y la rabia salía a flote al ver la foto tan desgraciada. - ¡Tómala otra vez Andrés! – Grité mientras acomodaba mi pelo y a grito de guerra la tomó de nuevo, una y otra y otra vez.

Nunca pude captar la monumentalidad Notre Dame como mis ojos la veían, no podía capturarla aunque fueran varios intentos y mi corazón sólo entendió que tal vez, ningún monumento y ningún lugar es capturable y en la belleza de su finitud está la verdadera libertad de la vida que tampoco capturaremos, igual como el día de Notre Dame no fue igual en mi memoria, que en la de Andrés, o que en la estúpida cámara digital.

martes, 19 de marzo de 2013

CUANDO PASASTE


Mi maestra de Escritura Creativa está intentándonos hacer escribir ficción. No se imaginen escribir cosas fantasiosas como crear seres con orejas alargadas y hadas, a ficción se refiere con salirnos de nuestro mundo y crear otras historias más allá de las mías. Dejar que viva un personaje llamado Laura que bajaba las escaleras cuando de pronto se topó a Luis y saludándolo como si fuera un día normal nunca se imaginó lo que él venía a decirle: Había embarazado a otra mujer.

            Así que en mi buscar salirme de mí misma y dejar que asesinatos y otros males pasen en mis textos me vi en la problemática de darme cuenta que soy una narcisista y diario hablo de mí.

            Esperando mejorar los dejo con mi primera tarea. Tenía que hacer un texto con 5 palabras que no le gustaran a un compañero del salón. A ver si descubren cuáles son. Y ojo, no se dejen llevar con la finta de que vengo llegando de París y por eso escribí de ese lugar porque el texto lo hice antes. Y lo comparto con la alegría de que cuando les pregunté que si les importaba si subía mis tareas tuve más likes de los que había pensado. Así que ahí va. Espero les gusten mis pininos de ficción.





Cuando pasaste.
Por Lucía la de Flor



A punto de arrojarme por el puente con vista al lago, me vi interrumpido por aquella gritona mujer. “Quien osa obstaculizar mi suicidio” Pensé enfadado.

-       ¡Pasé! ¡Pasé! – Me dijo ella, sin percatarse de que estaba poniéndole fin a mi vida. - ¡Mira! – Me enseñó el examen.
-       Es un seis. – Dije.
-       ¡Exacto! ¡Pasé!

Conmemoré en mi mente lo erudito que había sido durante mi niñez y la manera en la que los psicólogos me hallaban irritante mientras los compañeros de la escuela me apodaban el “sabelotodo”. De pronto, ver la felicidad de aquella mujer casi niña de bufanda a colores y medias de rayas de otros tonos que no tenían que ver con los primeros me hizo dejar en el olvido mi trágica enmienda y analizar de una buena vez su examen con una letra que parecía escritura cuneiforme, pero le entendí.

-       ¡Hombre si esta respuesta era obvia! ¿Cómo va a ser menos diez? Si sumas la velocidad y la fuerza dan cinco.
-       ¡Que importa! Pasé y ahora soy libre.

Quince minutos fueron los que Violeta Montes necesitó para contarme su deplorable existencia donde sus millonarios padres murieron quedado a la tutela de un tío que sólo había visto dos veces advirtiéndole “Cuando termines tus estudios cobrarás la herencia que el testamento objeta…”

-       ¿Sabes lo que eso significa? ¡Soy millonaria y viajaré por el mundo! ¿Quieres hacerlo conmigo? Puedo pagarlo todo, deja tu trabajo, deja a tu mujer ¡Somos libres!

Que simpática – Cavilé, y la sonrisa ladeada tan típica en mí apareció escasa, pero al final una mueca que profesaba extinta.
 
-       No te quedes ahí como menso ¿Ya conoces París? ¿Cómo te llamas?
-       Renato y no, no conozco París.
-       ¿Tienes Pasaporte?
-       Sí.
-       Vamos a tu casa, nos vamos hoy mismo.

La mandamás me jalaba y sin desistirme caminé las siete cuadras a su lado, escuchando el tour que viviríamos.

-       ¿No tienes familiares? ¿Amigos? – Le pregunté.
-       ¡No voy a invitar a toda la comarca! Anda empaca rápido.

Doblé aquellas camisas que sólo usaba en días especiales y como estos últimos habían sido una pesadilla estaban limpias. 

-       Dos para París, primera clase señorita, el más pronto que tenga. – Dijo al llegar.
-       ¿Vienen de luna de miel?
-       ¡Ja! Este hombre no es ni mi amigo, pero decidimos viajar juntos.

“Decidimos” recapacité riéndome esta vez con las dos comisuras. Pero después me puse serio y deduje que era cierto, yo también había decidido viajar con la parlanchina niña, casi mujer, a conocer lo que siempre quise con Melissa, Paris. ¡Ah! Melissa, si tan sólo hubiera sido más accesible, si sus malditos padres no vivieran como los de Violeta, si no hubiera sido tan berrinchuda y egocéntrica. Si hubiera visto el mundo con los ojos con los que lo hace Violeta, si hubiera sido Violeta…

-       Si sigues así de callado y con cara de bobo cambio de pareja. – Interrumpió mis pensamientos mientras nos abrochábamos el cinturón. Vamos a comer muchos postres así que prepara a tu estómago. – Siguió diciendo - ¿Eres alérgico al camarón? Lo bueno es que caminaremos mucho y no sé, tal vez nos enamoremos así que vete olvidando de todas tus musas que soy celosa, ¡Ah! Y no me gusta que me besen de lengüita, hazlo lento y toma mi cuello con tus manos, y que no pase muy rápido ¡Como en las películas!. – Ella seguía describiendo nuestro viaje perfecto y yo me fui enamorando por segundos como especulé que no sería posible hacerlo. “No es guapa como Melissa” Pensé mientras ella seguía zarandeando la boca diciendo no sé qué cosas cuando caí oficialmente a sus pies.
-       Dormiremos juntos ¿No te pone nervioso eso? – Interrumpió mi mente otra vez y luego siguió diciendo – Nunca he hecho el amor. He tenido sexo ¡Huy! Y ¡Qué buen sexo! Pero nunca, nunca he hecho el amor. ¡Y en París! ¿Ves cómo todo es perfecto?

Realmente todo sentaba algo más que perfecto, estaba siendo real y sin meditar en la incoherencia de todos los sucesos me dejé llevar por esta novela que sentía mía y por primera vez era el protagonista. Nada que ver cuando estaba con Melissa.

-       ¿Te gustan las crepas?
-       Me gustas tú. – Le dije y descubrí que aquella merolica sí tenía un botón de “off”. Se chiveó.

Pasaron pocas horas y confirmé que París es la ciudad del amor, donde nace y donde se hace con el mayor goce que pudiera hacerse jamás. O tal vez no fue la ciudad, tal vez era Violeta, quien supondría que había sido creada solamente para mí. ¿Por qué había pasado por el puente aquella tarde? ¿Por qué cuando duerme se acurruca tan perfecto? ¿Por qué sueña despierta? Preguntas y días que pasaban y mi corazón no supo oponerse. Así que seguimos por las islas griegas y terminamos en la India una noche de copas. Nunca pronunció un te quiero pero tierna algunas veces expulsaba un “estoy siendo tan feliz, eres tan divertido, me haces sonreír” y demás elocuencias que no creía detectara en mí.  O a veces más bien no podía entender que Melissa no lo hubiera hecho.

¿Qué había en Violeta que lograba lo mejor de mí? Nunca lo supe ni me incumbía. Pero una duda sí saqué de mi corazón y la puse sobre la mesa una tarde mientras tomábamos el café en la plazuela de Toledo. Ella balbuceaba cosas y se enredaba más que el trabalenguas de parangarícutirimícuaro que nunca aprendí y entre embrollos reclamé el uso de palabra.

-       ¿Qué hubiera sido si no hubieras pasado el examen? – le dije y recordé todas las noches en las que hacía consciente que tal vez no estaría vivo si aquella tarde no hubiera gritado justo por ahí donde me privaría de mi existencia. Ella sonrió y contestó a carcajadas:

-       No lo sé, probablemente me habría tirado de aquel puente. –Como si suicidarse fuera divertido.

Sorbí el café y rectifiqué el sentimiento que meses antes me orilló a aniquilarme: La vida no tiene sentido. Era verdad, razoné que en efecto nada en la vida lo tiene porque cada quién se lo da. Y dejando atrás el pasado menos el día que pasó el examen y por el puente, la besé.