miércoles, 15 de octubre de 2014

I HOPE YOU DANCE




Eye contact... :D

Amo las transparencias… también las que se están usando en vestidos y así pero me refiero a las fotografías pequeñitas llamadas transparencias... en mi casa tenemos muchas, es así como descubrí cómo me veía de niña porque entre tantos hermanos veía fotos de bautizos y no sabía cuál era yo…

Esta foto la tomé en la mañana, es de las transparencias de Melaque y Manzanillo


Una vez, ya después de que mi mamá murió; mi papá sacó las cajas de las transparencias, era domingo por la tarde y todos estábamos en pijama y cada uno fue tomando las suyas… Rocío con un gorrito blanco, Ana en un traje de baño negro, flor con un gorro en Xaverianos, Kinita con una flor en la cabeza y el pelo corto… David de bebé… me acuerdo esa tarde cómo viajamos en el tiempo.

Entonces encontré a una niña con unos cachetes sobrepoblados, el pelo no güero (Tuve una etapa en el que lo tenía café bien paiquen) café de hongo con una tusada en la cabeza de tijeretazos de niña que se quiere cortar el pelo, la boca pegajosa de algún dulce y cachetes rojos.

Jajaja no era pegajoso de dulces, eran mocos...

Supe que era yo sólo porque Efraín estaba al lado mío y calculé mi edad. Entonces vi todas las fotos… yo en pañales en la playa de Melaque mi mamá con un vestido de oaxaqueña tirada en la arena con David en brazos y Efraín y yo jugando con unos globos que nos había inflado mi mamá en transparencias anteriores que la veíamos inflándolo…

La tarde de cielo naranja de playa… - o así lo sentí -  seis de la tarde casi siete… Hay momentos que se resumen en una sola palabra: Plenitud. Son tantas las transparencias que si las pasas rápido se vería como un video, cada paso que dábamos estaba capturado… yo bailando con el globo verde, Efraín conmigo y David en brazos de mi mamá botado de la risa, parecía un pollo recién salido del huevo.

Si el cielo fuera así no me importaría su eternidad.

Ver a mi mamá intentando hacer reír a David me dio ternura… yo y mi pañal que hacía que se me vieran las pompas de Kim Kardashian me daba risa y el panorama en general me provocó pensar que soy infinitamente afortunada. Sólo por unos días que tengo en mi memoria vale la pena cualquier cosa o esfuerzo que he tenido que pasar en la vida.

A veces así me pasa, cuando estoy de viaje y tengo un día muy bueno pienso: Ya valió la pena todo.  A veces que estoy en una fiesta y tengo dos canciones que me hacen brincar pienso: si a partir de ahora me la paso mal ya está saldada mi cuenta de felicidad… y de todas formas termino pasándola bien pero a lo que me refiero es que cada uno tiene esos días de oro por los que puedes decir “mi infancia estuvo increíble” sin importar que dentro de ella pudieras haber vivido una tragedia que una niña como yo prefirió no darle peso.

Atesoré esos días, guardé todas las transparencias en mi colección y no sentí pena por tener a Efraín y a David en ellas y agandallármelas ya que como soy la décima, de todas formas no salgo sola en ninguna foto, siempre hay un hermano acompañándome ya que cuando nací yo, - si cuento a joselino y siempre lo hago - nueve me llevaban la delantera. ¡Nunca salgo sola! Me quejaba pero ahora que lo pienso: que bendición.

El punto está en que mi tesoro permaneció guardado hasta la universidad cuando entré a clases de ¿Cómo se llamaba? Audiovisual. Eran transparencias con música. Dios, yo tenía toda una colección para mostrar. Así que mi trabajo final lo hice con esas transparencias aumentadas a fotos que le tomé a una niña que vi en manzanillo y le pregunté si quería representar a la “Lucía de grande” Es decir:

Chequen el pelo cortado de mi fleco porque yo era mi estilista personal.

En las primeras fotos sale mi mamá inflando el globo y luego nosotros jugando con ellas, luego salen unas fotos que tomé en manzanillo simulando que el globo se fue al mar… y luego una niña de doce años lo recoge y empieza a bailar con él como lo hice de niña, que por cierto después tuve el placer de conocer (¿Verdad Karla?) La reconocí de grande porque no me olvidé de ella cuando le tomaba las fotos.  Mi yo de grande fue Ana Laura mi amiga inseparable de esa época así que todo estaba cubierto…

Además tenía la canción perfecta: I Hope You Dance. Es una canción donde la letra explica una mamá a su hija que espera que nunca deje de asombrarse por la vida, que siempre tenga hambre de vivir, le pide que siempre luche por sus sueños pero sobre todo le pide que cuando esté en una fiesta, en vez de estar sentada, baile…

Se me pone un nudo en la garganta, a veces juego a que mi mamá me la dedica y me lo creo:




“Nunca des por sentado un respiro tuyo… siéntete pequeña al lado del mar… y cuando una puerta se cierre mira la que se abre… prométeme que siempre vas a luchar en la vida y cuando tengas la opción de estar sentada o bailar… yo espero verte bailando…”

Se me enchina la piel… es algo entre ella y yo. Criss mi prima fue la que me dio la idea de la canción cuando estaba contándole toda mi idea de mi audiovisual y de pronto al ver todas las piezas armadas del rompecabezas de mi examen final descubrí cómo la vida te habla por diferentes voces… y que lo que buscas te está buscando y todo embona al final.

Casi no me arrepiento de nada en la vida pero ese día que lo presenté me duele no haberlo grabado pero no había celulares con ese dispositivo… Me acuerdo que estaba Pau Cubero porque creo que comentó algo al final y me vio con ojos bonitos y bueno, más allá de que a mis compañeros les hubiera gustado y que por fin hubiéramos encontrado un objetivo a una clase que ya estaba poquito obsoleta porque casi nadie manejaba ya las transparencias… encontré que había algo así como cerrado un círculo y encontrado un destino en él: YO VOY A SER UNA MUJER QUE BAILE…

Mi mamá al dedicarme esa canción a través de Criss y al regalarme las transparencias la vida, entendí que tenía un mundo lleno de oportunidades, que no debía fijarme en lo que no tengo sino en lo que sí; y que el ritmo de la vida iba a llevarme a salirme con la mía independientemente de las circunstancias…

Así que analizo estos diez años que cumplo de haber presentado esa tarea y se me sale la sonrisa de complicidad de que sí: ¡HE BAILADO COMO NUNCA! ¡He hecho lo que me da la gana! ¡He sabido escribir mi historia con lo que tengo y no con lo que perdí! ¡He sabido entender que hay cosas que no tengo pero que probablemente tendré pero no las añoro porque lo que tengo me basta! He ganado perdiendo incluso, entonces siempre me he salido con la mía y sacado provecho de cada bache o atajo que me encuentre. 

Y aunque el ritmo de la vida a veces no me invita a bailar, me he reído y bailado a fuera del ritmo y muchas otras veces agradezco que también he conocido el amor de pareja y he bailado de cachetito… y el más importante, me he aventado un baile con mi papá. ¡PUM! Lo he tenido todo.



Que maravilla poder estar arriba de una montaña observando tu vida con satisfacción porque incluso en los errores y faltas a los demás, que han sido muchas, he obtenido el perdón de la gente.

Y aunque ya me desvié totalmente del tema, me gustó lo que llevo hasta ahorita, pero la analogía de bailar quería llevarla a mi estilo de vida hoy en pareja… resulta que es un poco complicado sacar a una niña que ya está bailando… tal vez sería más fácil invitar a bailar a una niña sentada mientras ve cómo bailan los demás…

Eso he pensado de mi persona y de la razón por la que a veces no tengo novio. Ando ocupada bailando que de pronto probablemente no pongo atención al tema porque pasé mucho tiempo sentada esperando que me sacaran a bailar y descubrí que podía hacerlo sola.



No, no quiero estar sola… quiero que me saquen a bailar ¿Pero tengo que esperar sentada para que alguien lo haga? Esa línea delgada entre parecer “Modosita” y “en espera” para darle la seguridad a un hombre que se me acerque nunca ha sido lo mío y mi mamá lo sabía siempre. 

Yo soy una mujer de acción, de buscar metas, de viajar, de hacer amigo a quien toque a mi puerta pero no preocuparme por buscar aceptación. Hago, deshago y en este contexto probablemente se desvanecen las posibilidades.





Y es aquí cuando entiendo a Bibi la de la familia peluche y a su papá diciéndole ¿Por qué no eres una niña normal? Y es aquí cuando me siento Mérida la de Valiente y greñuda me salgo a comerme la vida y regreso a casa y no, no ligué con nadie pero cómo me divertí.

Y de pronto asistes a tantas bodas y haces un recuento como “actualización de iphone” pero de tu vida y te das cuenta que… según la sociedad y mi reloj biológico… se me está yendo el tren de la maternidad y la vida en pareja… Ouch. #posmerio

¿Pero querías salir de fiesta verdad? Ja. Me dice eso mi mente a veces. Y entre hacerle caso a la sociedad o porque yo realmente sí lo deseo me viene un bajón al pensar si voy bien en la vida o no.

-       ¡Mamá “pos” si estoy bailando! ¿Qué salió mal? – Le digo en secretito en las noches.

La vida es eso, ser tú y hacer lo que te gusta. Claro que me preocupo por hacerle “canchita” a un hombre en mi vida, claro que lo deseo, mi meta no es ese típico “no necesitarlos” ¡LOS HOMBRES SON HERMOSOS! ¡Y YO LOS NECESITO COMO NUNCA! 



La cosa es que a veces se confunde una mujer independiente con una mujer que desea estar sola.

Pensamos que una persona que puede mantenerse de pie psicológica y económicamente, probablemente no tenga espacio en su corazón para un hombre porque su vida es muy ajetreada… completa… feliz.

¡Claro que es todo eso! Pero una madre sabe perfectamente la felicidad diferente que sintieron al tener un hijo en sus manos y una mujer casada con un hombre noble y sencillo también sabe lo feliz que es compartir la vida con alguien a pesar de los esfuerzos que impliquen.

Y yo quiero todo eso claro, y lo decreto y esas cosas del mundo mundial, pero creo que jamás me verás sentada. Estoy bailando y si alguien quiere conocerme tendrá que mover el bote también. 



Yo no nací para estar sentada o en una sala de espera. El presente siempre me va a satisfacer y el día de mañana quiero voltear a ver mi vida sobre una montaña como lo hago ahora con los recuerdos de Melaque y me reiré de todos los viajes que he logrado, las veces que he reído hasta la lágrima con mis amigas por una estupidez y todas las locuras a las que les di permiso existir.


Hace dos años en la presentación de mi libro. 
Lo impulsiva que fui cuando abracé a mi papá y le di un beso gigantesco, cuando saludé a un extraño porque me dio la gana y en una de esas, cuando le dije “sí” a ese sexto sentido de desear conocer a aquel hombre que está enfrente y me causa curiosidad.



Creo que las almas gemelas coinciden, así que no tienes que estar en el ruedo para ser vista. En el camino que estés, el que sea, verás vidas paralelas que vienen a coincidir contigo para amar la vida más. Eso creo…

Y en cuanto a la frase de “llega cuando menos te lo esperas” (que por cierto me choca), mi filosofía más bien es: Casi todo lo que deseas puede llegar a ti, todo lo que depende de ti puedes lograrlo si te lo propones… la vida quiere llenarnos de regalos… tal vez el “cuando menos te lo esperas” se refiere a que estás tan distraída por estar feliz con lo que tienes que no esperabas algo más padre…

Como cuando estaba jugando con mis barbies y mi papá llegaba de la oficina con mi guitarrita nueva que ya estaba arreglada (se descomponía cada semana, se me hace que mis hermanos lo hacían adrede para que no la tocara) y mi papá llegaba tocándola y bajaba corriendo por ella descubriendo que se podía ser más feliz de lo que ya era. Eso es lo que espero… sin esperarlo.

Creo en los milagros y la magia, creo en las sorpresas, pero en lo que más creo es en que la felicidad sólo existe en lo que tienes ahora, en este segundo, en este micromomento donde más allá de fijarte en lo que te “falta” por vivir, la magia ocurre cuando te fijas en lo que “tienes” por vivir. Bueno, eso digo yo.



martes, 14 de octubre de 2014

DÍA DIEZ.




He salido de cosas peores… pensé y enseguida me destapé de mi cobijita rosa deliciosa y puse el pie frío en el suelo. 

¿Quería empezar el día? Fue raro porque de querer… lo que se llama querer, no. 

Pero la esperanza en el futuro me hizo hasta ponerme un vestido. 

Justo eso pensaba ayer, en qué percepción tiene la gente del futuro. ¿Qué pienso yo del futuro? ¿Me da confianza? ¿Me asusta? ¿Me intriga?¿Me da miedo? 

No, no puedo temerle al futuro, he luchado para llegar a él desde toda la vida. Desde que me sentaba en la parte de atrás de la camioneta café de mi mamá y de cuando en cuando me veía por el retrovisor con esos ojos azules que jamás olvidaré. 

Se reía, cantábamos y yo le daba chupetazos a mi paleta. En ese entonces ella tenía el volante y yo sólo sentía los rayos del sol por la ventana y mi futuro estaba asegurado. No supe en qué momento el volante fue mío y de mi mamá sólo quedaron señales como las de tránsito: Ahí viene una curva, estás en alto, estás en siga… pero no puedo adivinar exactamente para dónde quiere ella que yo vaya… 

Tal vez esté haciendo las cosas mal… tal vez no, tal vez quiere que me equivoque, tal vez quiere que deje de aferrarme a adivinar lo que ella quiere de mí y me ponga a pensar lo que yo quiero de mí. 

Pero lo que sí estoy segura es que no quiere que esté con las rodillas temblando como cuando sales de la alberca y no te han traído la toalla. 

No, no debemos temblar ante el futuro, debemos ser el temblor. Retumbar con pasos seguros pero que sean fuertes no porque estén llenos de orgullo, coraje o ira, sino porque son llenos de amor y el amor grita más que cualquier otra palabra. 

Mi mamá quiere que avance, que me deje sentir, que sea introspectiva para esculcar y sacar mi basura espiritual de todos los días pero no tan introvertida como para olvidarme del mundo. 

Mi mamá quiere que no olvide lo que me hizo y deje atrás lo que me causa ansiedad.
Que tome mi espada y que me lance a los dragones debajo de la cama yo sola. 

Que si tengo miedo me acurruque sola en mi cama con las manos en las piernas y me repita a mí misma que todo va a estar mejor… sí, mi mamá quiere que exista como individuo y me salga de sus enaguas y me abrigue bien. 

Mi mamá quiere que me rompan el corazón para que entienda el valor de la fuerza del amor, pero que después de ese duro golpe tenga una mejor capacidad de amar. Mi mamá quiere que me ría sola, que me haga de cenar rico y que cuide de mí… mi mamá quiere que el amor que me tuvo lo tenga para conmigo. 

Si es así, con ese amor interno mi perspectiva del futuro cambia… no se me ha quitado el dolor de estómago de la ansiedad que producen los cambios y temblores de días pasados pero intento al menos, llenar todos esos vacíos con amor… propio. 

Porque si bien lo dijo Miguel Ruiz, somos una fuente inagotable interna de amor, y a eso me aferro para que el futuro tenga el color que… ¡que yo quiera! ¿Tú cómo amaneciste? ¿Parecido a mí? Los amo lectores.

lunes, 13 de octubre de 2014

DÍA NUEVE.




Amanecí pensando en la palabra anular, curiosamente lleva el mismo nombre del dedo donde nos ponemos el anillo cuando nos casamos: Dedo anular. ¿Coincidencia? No lo creo… del todo. Los matrimonios funcionan de dinámicas tan personales que dudo sea el caso general… pero sí pasa. 

Llámese, noviazgo, viven juntos o son marido y mujer, al compenetrarnos con otra persona hay un choque de dos almas q
ue han sabido arreglárselas por la vida con herramientas que tal vez al otro no le gusten o le hagan daño. 

Pero tranquiqui, nos estamos fusionando y evidentemente va a haber choques culturales, de sexo y personalidad pero ¿Por qué chocamos? ¡Porque nos estamos uniendo! Come on! Es natural… 

¿Qué pasa en esa unión? Quiero seguir siendo yo pero te quiero y cedo, pero ¿hasta qué punto desaparecemos? Me queda claro que el amor te hace desprenderte de todo, de entregarte como gordita en tobogán pero tenemos la responzabilidad con z de zazcalez, de no anularnos… como el dedo del anillo.

¿Qué nos queda? Vivir esa experiencia de autoconocimiento, hacerle caso a las intuiciones y trabajar en equipo. Entender que la otra persona está viviendo lo mismo y necesitará una fuente inagotable de empatía. 

El objetivo final será conocerse tan bien que sepan las mil y un combinaciones que tienen para acurrucarse, poner un colchoncito en las esquinas donde se lastiman y disfrutar la explosión mágica que pasa con los elementos químicos que cada uno tiene. Ninguno tiene que asimilarse al otro y esa es tarea de los dos pero de primera instancia es una responsabilidad personal. Si todo esto pasa, estoy segura que un día el dedo del anillo se llamará de otra forma...

viernes, 10 de octubre de 2014

Hola, les habla mi niña interior.




Es bien difícil ser sincera conmigo y honesta con mis sentimientos, y después me es difícil ser sincera en mis letras. Decir exactamente lo que siento a veces me resulta como un niño al que le preguntas qué significa algo y te contesta con sus dos o tres palabras del vocabulario de un niño pequeño.

Deducir o sacar conclusiones o entender algo es todo un proceso. Y luego por otro lado no me gusta detenerme a analizar todo porque me olvido de vivir, entonces entre lo que encuentro una medida exacta entre esconderme a pensar o salir a hablar de lo que siento, se me van algunos buenos momentos…

Estoy entre esa línea delgada entre ser yo y alejarme del mundo para estar solita conmigo como cuando jugaba a las barbies y hablaba sola, o, relajarme un poco y jugar un partido de “kitbol” como jugábamos en la casa de mi tía Olga los domingos.

¡Únete! Me dice de pronto mi sistema nervioso invitándome a relajarme y tener una conversación con el mundo, comer entre amigos y reír y acordarme de que no todo en la vida es reflexionar… y después en las noches mi Lucía intensa me pide que hablemos de todos los porqués del mundo, haciendo viajes mentales a mi pasado y pensando en mi futuro… es realmente desgastante.

Pero no recuerdo haber sido de otra manera… desde que tengo poquitos años hacía preguntas raras… ¿Mamá si la fe mueve las montañas quiere decir que si me aviento del balcón queriendo volar y realmente lo quiero vuelo? ¿Mamá si el cielo es para siempre me da miedo el para siempre, no puede terminarse algún día? ¿Mamá, si le pido a Dios que reviva mi muñeca crees que pueda vivir?


Quería ser mamá desde niña, me gustaban mucho las muñecas y abrazarlas y las llevaba al súper. Y también quería ser algo así como una gran protagonista y en mi egocentrismo me gustaba jugar sola… teníamos una caja de disfraces que usábamos después de comer mientras mis papás dormían su obligatoria siesta de 3 a 4.

-       ¡Lucía tú ve por los disfraces te toca!

Iba de puntitas de su cuarto al baño, Efraín me esperaba y observaba mis movimientos… yo agarraba la caja veía que estuvieran los principales: “Frankistein” caperucita y trapos para usar. Los disfraces tenían un olor muy particular, a viejo, a listón dorado desgastado… a disfraz.

Cuando tenía la capa de caperucita puesta y estaba en el jardín era simplemente la grandeza más gigantesca que una niña podía sentir… tocaba los árboles y caminaba como princesa según yo y hacía mil y un fantasías en mi cabeza y en mi juego no existía nadie más que yo y una historia inventada… hoy que soy grande y veo cuando mis sobrinas juegan me boto de la risa, le hablo a alguien para que las espiemos juntas hablando solas, es chistosísimo, seguro mi mamá desde el balcón se aventó unas mías… que risa…

Y pensar en ello me recuerda a que no se parece nada mi pasado comparándolo con el dolor de cuello que desde hace dos meses no me deja en paz…

He pensado en esos días últimamente… es como si estos dos meses mi niña interior y yo estuviéramos con la capa roja teletransportándonos al jardín de mi casa con los árboles de mandarina, “abuacate” y limón… con el olor a pasto por el calor y Lucas siguiéndome a todos lados mientras jugaba sin ladrar, quietecito, como si entendiera el poder de mi fantasía y la seriedad de mi juego…

Después iba a misa de los Xaverianos pero los de Altamira… Yo amo los de Yaquis pero en Altamira jugaba a que era un castillo y yo vivía en el siglo 18 entonces me ponía el vestido más hampón cosa que hacía feliz a mi mamá porque las otras niñas de mi escuela nunca querían, pero yo accedía porque viajaba en el tiempo y necesitaba una falda amplia, así que no se lo decía y le daba gusto, pum, mataba dos pájaros de un tiro. Y no estaba tan chiquita, pero seguía en mi mundo y nada me lo impedía…

Caminaba lento como en las películas viendo cuadros y redactaba una novela en mi cabeza… que si yo era huérfana y me llevaban a vivir a esa casa, que si yo era institutriz e iba a conocer a mis niños que iba a cuidar… que si iba a conocer a mis padres después de que nos habían separado por la guerra. Sí, creaba una atmósfera dramática donde algo estaba a punto de pasar. Luego saludaba a los padres de ahí y me hacía la que estaba normal, pero yo estaba en medio de mi juego.

Y así me he sentido estos días… trabajando pero en mi mundo, en un bar echando platiquita pero en mi mundo… pensando, pensando cosas que hasta me dan miedo.

Saludando a gente como saludaba a los padres, pero queriendo inmediatamente estar de vuelta conmigo misma pensando algo más… sensible, sensible a la música que es la única que me hace sincerarme un poco y llorar.

Es cuando entiendo que no importa ser yo con todo lo que las consecuencias conlleven, lo que importa es no hacerme a un lado. Es decir, estos días he dejado correr y jugar a mi niña interior y la he respetado con todas esas fantasías que a veces causan dolor cuando no se ven echas en la realidad, cuando probablemente la mujer que soy la defraudan un poco pero trato de calmarla y decirle que aunque no tenemos un príncipe y no somos mamás como ella hubiese querido, nos hemos salido con la nuestra.

Y es cuando encuentro que así es la vida, aprendes a salirte con la tuya, aprendes a jugar con el trapo que te den, aprendes a crear tu mundo en la situación en la que te encuentres y que las fantasías en la mente también se cumplen a modo de juego… que en mis letras puedo crear miles de príncipes azules con novelas que sólo en mi mente viven y que mi felicidad está a tope incluso en medio de la tristeza.

La plenitud es eso, jugar con lo que tienes. Es por eso que estoy bien. Abrazo a mi niña y le hago cosquillas y le digo “esto es lo que hay ¿qué haremos con lo que sí tenemos?”

-       Bueno, vamos a jugar a escribir – me dice con esa voz chillante de niña chiquita- vamos a intentar olvidarnos de lo que no ha llegado y comprar unos cojines nuevos para nuestro edredón… vamos comprándonos una falda de tul que se parezca a las del siglo 18 –sigue hablando y se inspira - vamos escribiendo un libro… vamos jugando a que mi mamá nos escucha y hablando con ella en las noches… y que nos abrazaba y nos contaba un cuento para dormir… ¡Sí! Y luego que en la mañana nos hacía desayuno al “cabos” yo sé cómo preparaba los huevitos. Y que teníamos el pelo bien largo y que nuestro coche era uno de esos antiguos… y que… y que… ¡Y que vamos a Europa y nos paseamos con faldita! ¡Ya sé! Hay que dar una conferencia y decirle a los demás que también jueguen con tu niña interior… y entonces tener a muchas personas con quién jugar…


Así habla mi niña y yo me río. Imito su despreocupación por la vida y trato de no pensar en cosas que me roben mi energía… y creamos un mundo donde no importa ir en contra de la corriente… donde sea necesitaremos ella y yo un espacio pequeñito para existir y con lo que tengamos estamos bien…

Eso creo hoy, aunque estos días me hayan dolido mucho, me aprietan el corazón no sé por qué y me pongo bien pinches triste. No entiendo qué me pasó pero sí sé que mi niña quería decirme algo y le tomó tiempo de explicarme. Ayer en la noche lo entendí, estaba sonriendo, veía a mi alrededor y ella empezó a hablar:

No pasa nada, no te preocupes tanto, así se te va a quitar tu dolor del cuello, vive un poquito más como yo anda… las cosas no van mal ¿Por qué tan apachurrado el corazón? Tenemos muchas cosas con las cuales jugar, nuestras letras, nuestros chistes que subimos a instagram que nos hacen reír horas… ver una película juntas, dejar que nos crezca el pelo… oír música…

Tenemos muchos amigos bien buenos Lucía, ellos nos van a ayudar si algo nos pasa… nuestra familia está bien padre, tenemos muchos bebés con los cuales jugar que sí nos entienden nuestras cosas. Tenemos música…

Ella y yo sabemos que la música nos calma y nos hace drenar nuestros berrinches, yo fui una niña muy berrinchuda. Mi mamá a veces decía “hay ya hazle como puedas” se rendía ante mis berrinches, eran muchos niños que atender y yo era muy demandante… pero mis hermanas mayores entraban en acción cuando estaba caliente de berrinche, roja, rompiendo unos lentes de corazones o rascándome las medias que me quería quitar porque me picaban, retorciéndome en la sala…

O cuando mi mamá no me podía calmar los berrinches Flor me ayudaba, ella es la más grande pero entiende perfectamente a los niños, es la mejor en eso, es de las que saben jugar con su niña interior y también reírse de las cosas simples así que encontró una solución… audífonos… me decía que cuando tenía berrinche o estaba enfadada me ponía unos audífonos grandotes y empezaba a escuchar la música y me reía y así podía estar horas…

Yo con los audífonos después de un berrinche.

Y hasta la fecha lo hago, de hecho me encuentro con unos audífonos enormes mientras escribo y así es como me concentro… entonces después de todo… ¿Qué es lo que me aflige? Pensé ayer.

No tengo nada en contra de que los seres humanos nos sintamos en crisis existencial de vez en cuando, de hecho, es ahí donde adquirimos la sensibilidad para escuchar a nuestra voz interior y seguir adelante, es sólo que no encontré la causa de esta tristeza y mi niña me dijo “¿Y por qué tendrías que encontrarla?” Así que nos sentimos tristes las dos y dejamos que esa tristeza se quedara un ratito para sentirla… así como cuando sentía la música.

Y así logré sincerarme. Sí, tengo miedo a veces de vivir, proclamo que estoy enamorada de la vida pero eso no quita que de pronto la angustia o algo de tristeza o un poco de berrinche me invada. Es parte de la vida también. Son procesos, son acomodos de las capas tectónicas… son días nostálgicos que en suma te suman.

Sabiendo que no estoy en mi totalidad sola (tengo a esa niña todavía) y que mientras haya cosas podemos jugar… vuelvo al juego. Un juego serio. Una fantasía propia, un campo de acción infinito donde encuentro que el ser humano tiene muchas limitantes porque sólo se las provoca… ahí están las letras para usarlas cuando quiera… ahí está la foto de mi mamá para abrazarla cuando queramos y yo ya puedo leerme cuentos en la noche solita y hacerme de cenar… así que dentro de todo, en este juego serio, quería decirles que estamos bien.

-       ¡Sí estamos bien gracias adiós! – ¡Lucía ándale vamos a jugar a la oficina que todavía tenemos cosas que hacer! ¿Me prestas tus marcatextos de colores?

Dios, discúlpeme tengo que irme, esta niña me trae en friega, me hace reír y la escucho hablar y pienso... sí, no pude ser de otra manera.

































DÍA OCHO. Las parejas invisibles




Amanecí pensando en esa curiosa situación del tiempo y el espacio. Si no combinan dos seres humanos en el mismo tiempo y espacio no pueden verse. 

Igual pasa con las almas, si no combinan en ciertas dimensiones espirituales tampoco pueden encontrarse... Tal vez una vea a la otra pero la otra no note su presencia. 

Porque coincidir no es un verbo fácil, es una explosión mágica. Porque puede que coincidas en tiempo y espacio pero no en ganas de querer estar ahí y un sin mil de combinaciones que marcan la diferencia entre los que se quedan y los que se van. 

La cuestión de esto es que no puedes forzar las cosas y desesperarte porque querer que la otra persona te vea, créanme es un trabajo inútil, podrás levantar las manos, brincar, gritar, o intentar devolverle la vista por algún medio, pero, ojo, esa alma si tiene vista, es sólo que no te ve a ti… o peor aún, lo hace y decide ignorarte. 

Si eso pasa, debes aceptar saberte invisible, pero alégrate, es sólo ante sus ojos. ¿Que te queda? esperar por alguien que desee encandilarse de ti. ¿Consejos? No culpes a esa persona por estar ciego, no está ciego sólo no te ve a ti y no busques ninguna razón aparente. Piensa que “no coincidieron” y no te aferres a la esperanza de que algún día suceda, porque si brincaste lo más alto que pudiste, le pusiste sus manos en tu cara y trataste de describirle lo que eras y aún así no supo quién estaba enfrente y lo que estabas dispuesta a acurrucarte, ni un truco de magia lo lograría. 

Por más que quieras darte a manos llenas, tus manos se quedan vacías cuando la otra persona no quiere recibir nada de ti.

Lo importante es reconocer que no te vieron y ¿Qué nos toca? Afinar los ojos, vivir procesos que nos vuelvan más sensible para no ser ciegos… porque entre esas almas que rondan por el mundo, una de ellas, confío, tiene unos deseos tan grandes de coincidir conmigo que tal vez sólo está esperando a que no sea ciega, por estar pensando en el alma que no me vio. ¿Tú cómo amaneciste?

jueves, 9 de octubre de 2014

DÍA SIETE.



Amanecí pensando en los amigos que nos hicieron. Porque esta cosita preciosa no se hizo ayer y by herself. No señor, si volteo al pasado comienzo con una carcajada que me provocaban mis amigas del kinder de las cuales yo me sentía superior porque dibujaba mejor… (una de ellas se casó con mi hermano y sigue estando en mi vida) 

Después pienso en las de primaria, cuando me escogieron capitana del equipo de kit bol y de repente era una muy cruel y luego buena onda, era bipolar. Pero ahí estaban apoyándome. En secundaria Carla, Ale, Silvia y nuestras cartitas de “hola estoy en clases de historia y T.Q.M.T.S.A." y todas esas abreviaturas locas… 

¡Qué seguridad era tenerlas! ¡Cuántas largas horas pasábamos en el teléfono! ¿Y qué traía puesto? ¿Y qué te dijo? Pero a ver cuéntamelo otra vez. Ellas, todas ellas me hicieron. Me moldearon, me sostuvieron cuando no podía ponerme de pie y hasta me dieron electroshocks cuando quería morirme porque mi ex ya tenía novia o cualquier otra tontería que era peor que una guerra mundial. 

En todas ellas amanecí pensando… en Ana Laura, que dormí más veces en su casa que en la mía en la universidad. Y todas ellas me dejaron una partecita de su corazón adentro de la mía. ¡SÍ SOY CURSI Y SIEMPRE LO SERÉ Y ADEMÁS ASÍ PASÓ DIJE! 

En todas esas amigas del pasado que algunas siguen en el presente amanecí pensando… Prix, Marissa, mis hermosas wikys, y demás que tal vez ya ni hables tanto con algunas...pero come on! Me moldearon también. 

Así que me siento un poco como un yeso que da vueltas mientras no un artesano sino varios empezaron a moldearme y lo hicieron no a su manera, sino a la mía, tratando de que quedara mi yo, mi forma. 

Porque un amigo respeta eso, tu forma y eso a veces ni un novio, ni un padre o madre. No, los amigos te reciben así como vienes y te empiezan a pulir, soplan el polvo, te reconstruyen si necesitas y aunque tengan menos experiencia que alguien mayor que podría aconsejarnos mejor, nos regalan su pequeña grande sabiduría y mal aconsejados los queremos porque no hay nadie mejor que un amigo. 

Ach, me hubiera esperado para subir esto el día del amor y la amistad pero amanecí pensando en eso hoy… ¿Tú cómo amaneciste?