viernes, 24 de octubre de 2014

LO QUE VERDADERAMENTE IMPORTA


Dedicado a mi hermana y mi madrina Flor.

Me acuerdo de mi infancia y mis diferentes facetas de berrinches:

1.- Egoísta cuando estaba comiéndome los dulces del bolo de la fiesta pasada a la que David no fue… y obvio no le daba.
2.- Berrinchuda con mi mamá cuando nomás porque me daba la gana no quería que se saliera con la suya y le gritaba feo aunque al mismo tiempo que lo hacía me estaba doliendo…
3.- Contestona con mi papá cuando me regañaba…
4.- Terca en no quitarme del piano porque sabía que Juan Pablo lo quería pero “yo lo estaba usando” y la verdad era que ya quería irme porque ya estaban las Tortugas Ninja pero tenía que molestar otro ratito.

Y así, montándome en un burro en el que ahora me tenía que pasear se me fueron varias horas de mi vida y se escaparon distintos momentos que no me culpo pero sí soy conscientes de ellos… y hace poco, en específico, se me vino uno muy especial a la mente:

Una mañana mi mamá había ido al súper sólo conmigo (cuando no iban ni David ni Efraín ni Juan Pablo, te consentía más) y me compró el paquete de los cinco Yakults… yo no quería darle a nadie, obvy, era lo último que estaba en mi lista…

Mientras, David me veía con una cara tierna que a esta edad me la hubiera hecho y le daba todos mis Yakults, pero en ese momento éramos rivales en busca de la atención maternal y yo había ganado, así que: sorry not sorry.

Entonces Flor mi hermana, que en ese tiempo estaba creo que gravemente enferma (nunca supe el nivel pero le daban quimioterapias al mismo tiempo que mi mamá) me pidió un Yakult. Dios, que difícil situación, pero para una niña inteligente como yo tomó la decisión correcta y le contestó: No, son míos.

Subí a mi cuarto orgullosa de defender mi patrimonio y en eso escuché el grito de mi mamá… bajé y Flor se estaba desvanenciendo…

Teníamos unas sillas de plástico blancas que usábamos para la terraza  - o ese fue el fin primordial por el que las compramos -  pero la verdad éramos tantas personas siempre en la casa que acabaron intercaladas con las de madera en el comedor.

Ella estaba sentada en una de las famosas sillas de plástico y los ojos se le fueron para arriba… y comenzó a desvanecerse… le pesaba su cara y aflojó el cuello y abrió la mandíbula y la silla comenzó a abrirse de las patas y mi mamá, que también estaba enferma y no tenía casi fuerzas, trató de sostenerla y le agarró la mandíbula y la cacheteaba: ¡Hija! ¡Hija! ¡Flor! ¡Despierta!

Mi shock emocional me impidió continuar viendo la escena y subí inmediatamente las literas…

Estando en mi cama (la de abajo porque iba al baño en las noches como 5 veces y Rocío había escogido la de arriba), comencé a desesperarme, como un ataque de pánico… me sentí culpable porque tuve la creencia de que un Yakult le habría subido el azúcar o algo… entonces quería por todos los medios tener el poder de solucionar el mundo pero no podía y le grité a Dios muy fuerte, regañándolo porque siempre he sido altanera con quien menos debo…

Entonces sin pensarlo arrojé mi cabeza contra el borde de arriba de la litera golpeándome, fue hasta la segunda vez que funcionó. La cosa es que no podía con la situación - y de hecho, ahora que la escribo se me hace nudo en la garganta -porque pasa que cuando escribo viajo al pasado tan exacto que vuelvo a sentir lo mismo para poder describirlo tal cual lo percibo en este viaje. Y sí, quería tener el poder de comprar toda la fábrica de Yakults para Flor y al estar frustrada me pegué en la cabeza con la litera para llamar la atención.

Dios, a veces no te das cuenta el amor tan infinito que le tienes a las personas hasta que las ves desvanecerse… y pasa más con los hermanos, a los que les hablas frío por teléfono a diferencia de un desconocido que habla de un banco. Pero parece que la ley de la vida es ser un poco más gañanes con los hermanos porque son eso: hermanos… y aguantamos como “broders” porque nunca dejamos de serlo. Es hermoso tener testigos de nuestros años de juego, nos peleemos las veces que sean.

Volviendo a la escena que me estaba carcomiendo… me remonté en mi dolor de cabeza al estrellarme contra la litera - aunque soy sincera no fue tan fuerte que el dolor del pecho -  y mi mamá al oir mi grito, me gritó ¿Lucía qué pasó?

Lo que había pasado es que había descubierto el verdadero significado de las cosas. Los ojos se me habían abierto a las proporciones correctas de lo que debo darle a lo que verdaderamente importa.

Bajé y le dije a mi mamá que me había pegado… Flor ya había abierto los ojillos. Ya tenía un poco más chapeteados los cachetes y ya se reía… se reía de haberse desmayado y mi mamá decía “¡Qué buen susto nos sacaste!” Riendo un poco también, y el drama había pasado a risa, para ellas, yo, Lucía o Garrapata como me decía mi papá: estaba trau, ma, da.

Nunca había visto a una persona desmayarse…

Sin embargo, me sentía una tonta si admitía que había sentido que la vida se me escapaba de las manos con ese suceso así que no me di permiso de admitir que lloraba por ella y seguí con mi teoría de que me había golpeado en la cabeza… me pregunto si mi mamá la creyó.

“Flor, te doy todos los Yakults que quieras…” Dije llorando mientras los saqué del refri, “Pero por favor no vuelvas a desmayarte.” Y me solté llorando aún más y de puritito sentimiento y mi mamá se rió con respeto pero ya todo daba risa… a ellas, repito, yo seguía trau, ma, da.

Hoy en día, Flor está mejor que nadie de salud y como ya no estoy en mood de “se está desvaneciendo” pues vuelvo al rol de hermana y de ser menos comunicativa y esas cosas que hacen las hermanas que se creen eternas adolescentes como yo.

Y cuando uno ya no tiene ese momento clímax donde un flashazo de la vida te apunta hacia lo que verdaderamente importa uno, o al menos yo, vuelvo a un poquito de superficialidad, a no convidarle dulces a David y a ser de repente grosera con la vida para empezar… o como mi mamá y Flor cuando ya pasó el susto: “pos” me río.

Pero en esos momentos es necesario llorar hasta que duela la cabeza, llorar de coraje más que de tristeza, llorar por un problema que tal vez no existe pero te afecta, sacar una furia aunque sea al viento… porque quedarse con un dolor duele el doble…

Y así era mi vida de berrinches cuando Lucía explotaba de egoísmo pero luego la vida le enseñaba lo que verdaderamente importa.

De hecho, me acuerdo tantas veces bajándome del coche cuando mi mamá ya no me aguantaba y me dejaba ahí una vuelta a la manzana y se me iba la vida, me entraba ese “lo que verdaderamente importa” y regresaba implorando su perdón… me acuerdo de David una vez que creció mucho en pocos meses (ahora mide dos metros, él corrige “1.98”) y se pegó en la parte de arriba de la puerta porque no calculó su propia estatura y se cayó al piso… ¡Uff! En ese momento podía haberle regalado todos los dulces de todas las piñatas…

Y cuando me peleaba con mi mamá porque me ponía a arreglar mi cuarto (injusticia total…) y después caía una tormenta y al primer rayo estaba al lado de ella pidiéndole a la naturaleza que por favor el mundo no se acabara ese día…

Las tormentas me recordaban al diluvio de Noé y pensaba que tal vez yo había sido mala y que merecía todo esto e iba a morir y un rayo aniquilaría a toda mi casa… entonces abrazaba a mi mamá sin importarme tres cominos si me había peleado y la estaba privando de la exquisitez de mi presencia, castigándola con el látigo de mi desprecio durante dos largos minutos y medio.

Es entonces cuando también me entraba otra dosis de “lo que verdaderamente importa” y abrazadas veíamos la lluvia y llegaba David y le compartía un brazo de mi mamá, no importaba… lo que importaba era lo que verdaderamente importa.

Es por eso que a veces que me siento un poco triste o nostálgica o un miedo invade mi corazón, descubro que esa situación me devuelve la visión a lo que verdaderamente me hace feliz, me hace priorizar y darme cuenta que tal vez el sueño que persigo no tiene nada que ver con lo que verdaderamente importa… que tal vez el niño que me roba el sueño me está robando también tiempo con mi familia, con quienes verdaderamente quieren compartir su tiempo conmigo y así sucesivamente…

No es tan malo no sentirse tan bien. Lo importante es entender que los sentimientos son visitas que entran a nuestra casa, nos enseñan algo y luego se van, lo importante es aprender a apreciar lo que tenemos sin la necesidad de que se alejen de nuestro lado para valorarlo. La salud, la damos por sentado, si el clima es cálido queremos frío y si hace frío queremos calor, el caso es que nos hace falta descubrir que no nos hace falta nada, sólo bajarle tres rayitas a nuestra visión difusa que no nos enfoca a lo que verdaderamente importa…

Ojalá que este escrito te haya movido algún tipo de sentimiento que te lleve a algún tipo de acción que te haga más feliz. La verdad es que en el mundo de la escritura grandes personajes literatos basaron sus letras en la tristeza, el dolor, la nostalgia… y he estado intentando escribir desde la plenitud también, retar a la inspiración a que llegue también cuando estoy de buenas… y en ese contentismo repetirte: ojalá que te haya movido algún tipo de sentimiento que te lleve a algún tipo de acción…

Eso sería para mí una gran noticia, de que vale la pena siempre esconderme en este rincón para decirte esta y un mil cosas más.  De que tú sí puedes apreciar lo que verdaderamente importa sin tener que perderlo.

Los quiero… y si creen que compartir estas palabras con alguien más le pueda servir, lo agradecería mucho… hasta pronto… ¡Saludos Flor! ¡Cheno pillo!






miércoles, 22 de octubre de 2014

ME HA PASADO EL PASADO




Sí me ha pasado, me ha costado olvidar a una persona que amé. Luego viene la idealización y sale un perdiendo el doble… existen recuerdos que brillan más que el presente y que oscurecen la posibilidad de creer en algo mejor y toda una sopa de nostalgia que sabe a amargura.

Lo sé lo he vivido y en ese departamento a veces no existe consejo aparente… pero hoy me siento valiente y quiero decirte un par de cosas…

1.- Si tienes un pasado hermoso, felicidades, eres escritor de una historia inolvidable. Y si los personajes del pasado no están en el presente, más que a qué se debe, quédate con un “ahí quisieron quedarse”.

2.- Créeme, puedo levantar la cejita malosa y decirte que si tuvieras la más mínima idea de todo lo que tu madurez y tus ganas de vivir pueden hacer por ti, pero tú debes de darte cuenta solito. La vida es más mágica de lo que a veces crees y si acaso vas a idealizar algo, creo que deberías de hacerlo más con tu futuro que con tu pasado…

3.- ¡Lo mejor de tu novela siempre es lo que está pasando! La realidad es más mágica que la fantasía porque tiene el valor de suceder. ¡Punto!

Con estos tres factores te dejo para que sigas teniendo un día inolvidable, no sin antes decirte que no te olvides de ser el protagonista de tu historia… no tu amor fallido es el protagonista, no el pasado es el protagonista, ni el futuro. Eres tú.


martes, 21 de octubre de 2014

ARRIBA DEL ÁRBOL




¡Me largo de la casa! Tenía ocho años y si algo no me latía pues adiós nos vemos chao bye. Así que más o menos cada quince días amenazaba con irme de la casa. Y cuando me refiero a irme para siempre y que nunca me volverán a ver, me refería a subirme al árbol dos horas para que me extrañaran, hablaran a la policía, ofrecieran rescate y darme cuenta de lo mucho que me necesitaban.

Así que hacía mi maleta con dulces, una latita de Lechera, papitas… y subía al árbol para estar ahí y hacerlos escarmentar… ¡No podrán vivir sin mí!

Y la verdad era que lo único que notaba era que mi mamá lavaba los trastes y me miraba por la venta y se reía. Y se hacía la que no me veía y lo lograba muy bien porque en esa edad yo notaba que no me veía.

Lucas me delataba volteándome a ver desde abajo ladrándome. “¡Chuscales!” Le gritaba para que se fuera o le aventaba una papita y eso hacía más difícil el asunto puesto que no me lo quitaba de encima…

Cuando bajaba me daba cuenta que no era indispensable. Que el mundo no giraba alrededor cosa que a veces a esa edad uno cree imposible y sí, con mi dosis de humildad regresaba para hacerles ver que yo los necesitaba más que lo que ellos a mí…

¿Quién acaba ganando y quién perdiendo en el período en el que se vive un berrinche?

“No le voy a hablar para que vea que no lo necesito” “No le voy a contestar tan rápido para que sepa que tengo otras cosas en mi mente” Cada que me encuentro en una situación como esta o escucho a mis amigas contármelo pienso en aquella niña del árbol…

Pero al final de cuentas ¿Qué ganas? ¿Qué ganas realmente “castigando” a la otra persona? ¿Qué ganas de privar al mundo de tu presencia?

Eso pensaba hace poco que entré en una etapa de berrinche. Y todavía me cuesta aceptarlo la verdad. Cosas como “no voy a ir al psicólogo para que no crea que él manda” o “si no me invitan pues no voy total que ni me moría de ganas de ir…” Ja, parece ser que después de todo este tiempo no he cambiado nada… y me da mucha, mucha risa, como la que a mi mamá le ha de haber dado viéndome comer papitas arriba del árbol para castigar a todos.

Creo que a veces tenemos de pronto ese freno de la felicidad, ese orgullo que nos detiene, ese “oooo” que le gritamos al caballo de la libertad… esa cárcel en la que solitos nos metimos y estamos esperando a que alguien nos rescate cuando tenemos las llaves en nuestros jeans.

Así es el ciclo de los berrinches y el problema es que nadie más que tú o yo o el que lo hizo tiene el poder de salir de él. Pero lo que lo detiene, o en este caso lo que me detenía a mí es que sentía que salía perdiendo… y un berrinchudo odia perder... créanme soy presidenta del club.

El problema de terminar con un berrinche es que aceptamos algo que no queríamos aceptar. Deseábamos ser rescatados en vez de salir solos de la jaula y todo eso nos convierte en “perdedores”.

Y claro, yo sí me considero una perdedora cuando termino un berrinche… la verdad es que pierdo orgullo. Pierdo ego, pierdo grandeza… y pequeñita me bajo del árbol sabiendo que hay cosas mejores de las que eso sí, no voy a perderme.

Ese era el árbol.
¿Quieres bajarte del árbol conmigo?

1.- Perderás fuerza de esa que es falsa; Cuando el mundo dice: Mira que hombre tan fuerte (refiriéndose a un orgulloso, eso es fuerza falsa)… yo prefiero ser debilita en el punto de no poderme resistir ante una reconciliación, abrazo o volver a empezar.

2.- Perderás menos tiempo que el que pensabas… si te decides bajar del árbol dejarás de estar en el limbo de los berrinchudos y comenzarás a darte cuenta de que:


A VECES CUANDO PIERDES GANAS.


No había nada más placentero en este mundo que abrazar a mi mamá por atrás y rodearle con mis brazos sus pompis porque estaba de esa altura, verla voltearse, secarse las manos de los trastes que estaba lavando y darme un abrazo del tamaño de mi orgullo que había dejado atrás.

La vida no es para vivirla en el limbo de los berrinchudos… no importa si tuviste o no la culpa, te subiste al árbol y sólo tú puedes bajarte. Pierde, se siente padrísimo. Gana perdiendo, se siente aún mejor.

Pero ojo, tienes que entender que no es tarea de la vida recompensarte cuando decides bajarte. No va a haber fanfarrias y trompetas… no recibirás ningún trofeo. Pero si miras bien, te darás cuenta de lo que ganaste sin tener que tener una medalla de por medio… tal vez la otra persona no reaccione como tú quisieras en el período de reconciliación… Tal vez ella siga arriba del árbol y tengas que respetarlo…

Pero vive feliz de saber que tú bastas para reconocerte tu esfuerzo y que vivir abajo del árbol es estar con la actitud dispuesta para amar más… porque no hay ningún tipo de dolor que sea más fuerte que el amor que podemos tenerle al amor ¿”Verbá” que no?

Bueno... eso digo.



lunes, 20 de octubre de 2014

QUE EL AMOR TE ENCUENTRE PURO






Haz que las cosas sucedan 
bajo la premisa de que fuiste 
100% tú y recuerda: Todo en 
esta vida con una dosis de actitud 
se recupera, se regenera, 
resplandece y brilla.

La inconformidad del estado amoroso es algo meramente natural. Si no tienes a nadie añoras un cuchareo de domingo y si tienes a alguien envidias a tu amiga que está en la gozadera, libre, a la expectativa de cualquier cosa.

¿Qué es eso que nos hace que el presente no nos guste? Todo depende de la actitud con la que veas las cosas… cada postura tiene sus pros y contras. Y a veces somos tan “flojos” en el amor que sólo con ver las cosas negativas deseamos otra cosa.

Hoy es día de fijarnos en las cosas buenas. En que pagas el precio de lo que tienes ahora porque de algún modo lo generaste.

Hoy estoy soltera y, aunque un vals en una boda me enchine la piel, me recuerde mi edad y me haga voltear a mi alrededor sin esperanza alguna de prospectos… confieso que de un modo secreto he deseado lo que he tenido y confieso que puedo cambiarlo si de pronto me decido… confieso que aunque pueda hablar una hora del tema, la conclusión es que existen muchos miedos que evitan que el amor te encuentre puro… y si voy a decidirme por amar, más vale que me conozcan como soy.

Contenido neto: 100% Lucía.
¿Alguien me habrá conocido así?

El miedo oculta… al menos a mí me regala agresividad y a veces nos hace sentirnos menos… y en el tema del amor el miedo juega un tema muy principal. ¿Por qué pagar el precio de vencer el miedo por algo que deseo si tal vez ni siquiera se me cumpla?

El pesimismo sale a flote con preguntas que de pronto parecen inteligentes…

Pero yo creo que deberíamos hacernos más amigos del universo y sus enredos de escritor de novelas de comedia romántica.

Yo digo que deberíamos decirle “sí” a la coincidencia y voltear a ver el mundo de posibilidades que existen a nuestro alrededor… disfruta lo que sea que tienes y si no estás disfrutando tu situación, no tengas miedo de dejarla porque no hay algo mejor…

Todo en esta vida con una dosis de actitud se recupera, se regenera, resplandece y brilla.

Y en el amor: Si no tienes lo que quieres pregúntate si en realidad es que no lo quieres tanto o en realidad es que lo quieres pero no estás dispuesto a pagar el precio y entonces esperas que suceda solo.

Y si realmente estás gozando tu situación… toma fotos y siéntete en el mejor viaje de tu vida y disfrútalo porque después que las cosas cambien, te reirás de saber que en cualquier etapa de tu vida, siempre te has salido con la tuya.

La satisfacción de vivir al cien una etapa nos hace felices y plenos.

Bueno, eso digo yo. No importa cuándo lo que importa es cómo. Haz que las cosas sucedan bajo la premisa de que fuiste 100% tú. Para que así, el amor siempre te encuentre puro… sin conservadores, sin los miedos que opacan tu brillo… brinca… date el mundo a tu manera y deja las voces de la sociedad que hablen solas… juega tu juego, comparte tus ideas… y sólo o en compañía, haz que tu pureza exista.



Bueno... eso digo yo.

miércoles, 15 de octubre de 2014

I HOPE YOU DANCE




Eye contact... :D

Amo las transparencias… también las que se están usando en vestidos y así pero me refiero a las fotografías pequeñitas llamadas transparencias... en mi casa tenemos muchas, es así como descubrí cómo me veía de niña porque entre tantos hermanos veía fotos de bautizos y no sabía cuál era yo…

Esta foto la tomé en la mañana, es de las transparencias de Melaque y Manzanillo


Una vez, ya después de que mi mamá murió; mi papá sacó las cajas de las transparencias, era domingo por la tarde y todos estábamos en pijama y cada uno fue tomando las suyas… Rocío con un gorrito blanco, Ana en un traje de baño negro, flor con un gorro en Xaverianos, Kinita con una flor en la cabeza y el pelo corto… David de bebé… me acuerdo esa tarde cómo viajamos en el tiempo.

Entonces encontré a una niña con unos cachetes sobrepoblados, el pelo no güero (Tuve una etapa en el que lo tenía café bien paiquen) café de hongo con una tusada en la cabeza de tijeretazos de niña que se quiere cortar el pelo, la boca pegajosa de algún dulce y cachetes rojos.

Jajaja no era pegajoso de dulces, eran mocos...

Supe que era yo sólo porque Efraín estaba al lado mío y calculé mi edad. Entonces vi todas las fotos… yo en pañales en la playa de Melaque mi mamá con un vestido de oaxaqueña tirada en la arena con David en brazos y Efraín y yo jugando con unos globos que nos había inflado mi mamá en transparencias anteriores que la veíamos inflándolo…

La tarde de cielo naranja de playa… - o así lo sentí -  seis de la tarde casi siete… Hay momentos que se resumen en una sola palabra: Plenitud. Son tantas las transparencias que si las pasas rápido se vería como un video, cada paso que dábamos estaba capturado… yo bailando con el globo verde, Efraín conmigo y David en brazos de mi mamá botado de la risa, parecía un pollo recién salido del huevo.

Si el cielo fuera así no me importaría su eternidad.

Ver a mi mamá intentando hacer reír a David me dio ternura… yo y mi pañal que hacía que se me vieran las pompas de Kim Kardashian me daba risa y el panorama en general me provocó pensar que soy infinitamente afortunada. Sólo por unos días que tengo en mi memoria vale la pena cualquier cosa o esfuerzo que he tenido que pasar en la vida.

A veces así me pasa, cuando estoy de viaje y tengo un día muy bueno pienso: Ya valió la pena todo.  A veces que estoy en una fiesta y tengo dos canciones que me hacen brincar pienso: si a partir de ahora me la paso mal ya está saldada mi cuenta de felicidad… y de todas formas termino pasándola bien pero a lo que me refiero es que cada uno tiene esos días de oro por los que puedes decir “mi infancia estuvo increíble” sin importar que dentro de ella pudieras haber vivido una tragedia que una niña como yo prefirió no darle peso.

Atesoré esos días, guardé todas las transparencias en mi colección y no sentí pena por tener a Efraín y a David en ellas y agandallármelas ya que como soy la décima, de todas formas no salgo sola en ninguna foto, siempre hay un hermano acompañándome ya que cuando nací yo, - si cuento a joselino y siempre lo hago - nueve me llevaban la delantera. ¡Nunca salgo sola! Me quejaba pero ahora que lo pienso: que bendición.

El punto está en que mi tesoro permaneció guardado hasta la universidad cuando entré a clases de ¿Cómo se llamaba? Audiovisual. Eran transparencias con música. Dios, yo tenía toda una colección para mostrar. Así que mi trabajo final lo hice con esas transparencias aumentadas a fotos que le tomé a una niña que vi en manzanillo y le pregunté si quería representar a la “Lucía de grande” Es decir:

Chequen el pelo cortado de mi fleco porque yo era mi estilista personal.

En las primeras fotos sale mi mamá inflando el globo y luego nosotros jugando con ellas, luego salen unas fotos que tomé en manzanillo simulando que el globo se fue al mar… y luego una niña de doce años lo recoge y empieza a bailar con él como lo hice de niña, que por cierto después tuve el placer de conocer (¿Verdad Karla?) La reconocí de grande porque no me olvidé de ella cuando le tomaba las fotos.  Mi yo de grande fue Ana Laura mi amiga inseparable de esa época así que todo estaba cubierto…

Además tenía la canción perfecta: I Hope You Dance. Es una canción donde la letra explica una mamá a su hija que espera que nunca deje de asombrarse por la vida, que siempre tenga hambre de vivir, le pide que siempre luche por sus sueños pero sobre todo le pide que cuando esté en una fiesta, en vez de estar sentada, baile…

Se me pone un nudo en la garganta, a veces juego a que mi mamá me la dedica y me lo creo:




“Nunca des por sentado un respiro tuyo… siéntete pequeña al lado del mar… y cuando una puerta se cierre mira la que se abre… prométeme que siempre vas a luchar en la vida y cuando tengas la opción de estar sentada o bailar… yo espero verte bailando…”

Se me enchina la piel… es algo entre ella y yo. Criss mi prima fue la que me dio la idea de la canción cuando estaba contándole toda mi idea de mi audiovisual y de pronto al ver todas las piezas armadas del rompecabezas de mi examen final descubrí cómo la vida te habla por diferentes voces… y que lo que buscas te está buscando y todo embona al final.

Casi no me arrepiento de nada en la vida pero ese día que lo presenté me duele no haberlo grabado pero no había celulares con ese dispositivo… Me acuerdo que estaba Pau Cubero porque creo que comentó algo al final y me vio con ojos bonitos y bueno, más allá de que a mis compañeros les hubiera gustado y que por fin hubiéramos encontrado un objetivo a una clase que ya estaba poquito obsoleta porque casi nadie manejaba ya las transparencias… encontré que había algo así como cerrado un círculo y encontrado un destino en él: YO VOY A SER UNA MUJER QUE BAILE…

Mi mamá al dedicarme esa canción a través de Criss y al regalarme las transparencias la vida, entendí que tenía un mundo lleno de oportunidades, que no debía fijarme en lo que no tengo sino en lo que sí; y que el ritmo de la vida iba a llevarme a salirme con la mía independientemente de las circunstancias…

Así que analizo estos diez años que cumplo de haber presentado esa tarea y se me sale la sonrisa de complicidad de que sí: ¡HE BAILADO COMO NUNCA! ¡He hecho lo que me da la gana! ¡He sabido escribir mi historia con lo que tengo y no con lo que perdí! ¡He sabido entender que hay cosas que no tengo pero que probablemente tendré pero no las añoro porque lo que tengo me basta! He ganado perdiendo incluso, entonces siempre me he salido con la mía y sacado provecho de cada bache o atajo que me encuentre. 

Y aunque el ritmo de la vida a veces no me invita a bailar, me he reído y bailado a fuera del ritmo y muchas otras veces agradezco que también he conocido el amor de pareja y he bailado de cachetito… y el más importante, me he aventado un baile con mi papá. ¡PUM! Lo he tenido todo.



Que maravilla poder estar arriba de una montaña observando tu vida con satisfacción porque incluso en los errores y faltas a los demás, que han sido muchas, he obtenido el perdón de la gente.

Y aunque ya me desvié totalmente del tema, me gustó lo que llevo hasta ahorita, pero la analogía de bailar quería llevarla a mi estilo de vida hoy en pareja… resulta que es un poco complicado sacar a una niña que ya está bailando… tal vez sería más fácil invitar a bailar a una niña sentada mientras ve cómo bailan los demás…

Eso he pensado de mi persona y de la razón por la que a veces no tengo novio. Ando ocupada bailando que de pronto probablemente no pongo atención al tema porque pasé mucho tiempo sentada esperando que me sacaran a bailar y descubrí que podía hacerlo sola.



No, no quiero estar sola… quiero que me saquen a bailar ¿Pero tengo que esperar sentada para que alguien lo haga? Esa línea delgada entre parecer “Modosita” y “en espera” para darle la seguridad a un hombre que se me acerque nunca ha sido lo mío y mi mamá lo sabía siempre. 

Yo soy una mujer de acción, de buscar metas, de viajar, de hacer amigo a quien toque a mi puerta pero no preocuparme por buscar aceptación. Hago, deshago y en este contexto probablemente se desvanecen las posibilidades.





Y es aquí cuando entiendo a Bibi la de la familia peluche y a su papá diciéndole ¿Por qué no eres una niña normal? Y es aquí cuando me siento Mérida la de Valiente y greñuda me salgo a comerme la vida y regreso a casa y no, no ligué con nadie pero cómo me divertí.

Y de pronto asistes a tantas bodas y haces un recuento como “actualización de iphone” pero de tu vida y te das cuenta que… según la sociedad y mi reloj biológico… se me está yendo el tren de la maternidad y la vida en pareja… Ouch. #posmerio

¿Pero querías salir de fiesta verdad? Ja. Me dice eso mi mente a veces. Y entre hacerle caso a la sociedad o porque yo realmente sí lo deseo me viene un bajón al pensar si voy bien en la vida o no.

-       ¡Mamá “pos” si estoy bailando! ¿Qué salió mal? – Le digo en secretito en las noches.

La vida es eso, ser tú y hacer lo que te gusta. Claro que me preocupo por hacerle “canchita” a un hombre en mi vida, claro que lo deseo, mi meta no es ese típico “no necesitarlos” ¡LOS HOMBRES SON HERMOSOS! ¡Y YO LOS NECESITO COMO NUNCA! 



La cosa es que a veces se confunde una mujer independiente con una mujer que desea estar sola.

Pensamos que una persona que puede mantenerse de pie psicológica y económicamente, probablemente no tenga espacio en su corazón para un hombre porque su vida es muy ajetreada… completa… feliz.

¡Claro que es todo eso! Pero una madre sabe perfectamente la felicidad diferente que sintieron al tener un hijo en sus manos y una mujer casada con un hombre noble y sencillo también sabe lo feliz que es compartir la vida con alguien a pesar de los esfuerzos que impliquen.

Y yo quiero todo eso claro, y lo decreto y esas cosas del mundo mundial, pero creo que jamás me verás sentada. Estoy bailando y si alguien quiere conocerme tendrá que mover el bote también. 



Yo no nací para estar sentada o en una sala de espera. El presente siempre me va a satisfacer y el día de mañana quiero voltear a ver mi vida sobre una montaña como lo hago ahora con los recuerdos de Melaque y me reiré de todos los viajes que he logrado, las veces que he reído hasta la lágrima con mis amigas por una estupidez y todas las locuras a las que les di permiso existir.


Hace dos años en la presentación de mi libro. 
Lo impulsiva que fui cuando abracé a mi papá y le di un beso gigantesco, cuando saludé a un extraño porque me dio la gana y en una de esas, cuando le dije “sí” a ese sexto sentido de desear conocer a aquel hombre que está enfrente y me causa curiosidad.



Creo que las almas gemelas coinciden, así que no tienes que estar en el ruedo para ser vista. En el camino que estés, el que sea, verás vidas paralelas que vienen a coincidir contigo para amar la vida más. Eso creo…

Y en cuanto a la frase de “llega cuando menos te lo esperas” (que por cierto me choca), mi filosofía más bien es: Casi todo lo que deseas puede llegar a ti, todo lo que depende de ti puedes lograrlo si te lo propones… la vida quiere llenarnos de regalos… tal vez el “cuando menos te lo esperas” se refiere a que estás tan distraída por estar feliz con lo que tienes que no esperabas algo más padre…

Como cuando estaba jugando con mis barbies y mi papá llegaba de la oficina con mi guitarrita nueva que ya estaba arreglada (se descomponía cada semana, se me hace que mis hermanos lo hacían adrede para que no la tocara) y mi papá llegaba tocándola y bajaba corriendo por ella descubriendo que se podía ser más feliz de lo que ya era. Eso es lo que espero… sin esperarlo.

Creo en los milagros y la magia, creo en las sorpresas, pero en lo que más creo es en que la felicidad sólo existe en lo que tienes ahora, en este segundo, en este micromomento donde más allá de fijarte en lo que te “falta” por vivir, la magia ocurre cuando te fijas en lo que “tienes” por vivir. Bueno, eso digo yo.



martes, 14 de octubre de 2014

DÍA DIEZ.




He salido de cosas peores… pensé y enseguida me destapé de mi cobijita rosa deliciosa y puse el pie frío en el suelo. 

¿Quería empezar el día? Fue raro porque de querer… lo que se llama querer, no. 

Pero la esperanza en el futuro me hizo hasta ponerme un vestido. 

Justo eso pensaba ayer, en qué percepción tiene la gente del futuro. ¿Qué pienso yo del futuro? ¿Me da confianza? ¿Me asusta? ¿Me intriga?¿Me da miedo? 

No, no puedo temerle al futuro, he luchado para llegar a él desde toda la vida. Desde que me sentaba en la parte de atrás de la camioneta café de mi mamá y de cuando en cuando me veía por el retrovisor con esos ojos azules que jamás olvidaré. 

Se reía, cantábamos y yo le daba chupetazos a mi paleta. En ese entonces ella tenía el volante y yo sólo sentía los rayos del sol por la ventana y mi futuro estaba asegurado. No supe en qué momento el volante fue mío y de mi mamá sólo quedaron señales como las de tránsito: Ahí viene una curva, estás en alto, estás en siga… pero no puedo adivinar exactamente para dónde quiere ella que yo vaya… 

Tal vez esté haciendo las cosas mal… tal vez no, tal vez quiere que me equivoque, tal vez quiere que deje de aferrarme a adivinar lo que ella quiere de mí y me ponga a pensar lo que yo quiero de mí. 

Pero lo que sí estoy segura es que no quiere que esté con las rodillas temblando como cuando sales de la alberca y no te han traído la toalla. 

No, no debemos temblar ante el futuro, debemos ser el temblor. Retumbar con pasos seguros pero que sean fuertes no porque estén llenos de orgullo, coraje o ira, sino porque son llenos de amor y el amor grita más que cualquier otra palabra. 

Mi mamá quiere que avance, que me deje sentir, que sea introspectiva para esculcar y sacar mi basura espiritual de todos los días pero no tan introvertida como para olvidarme del mundo. 

Mi mamá quiere que no olvide lo que me hizo y deje atrás lo que me causa ansiedad.
Que tome mi espada y que me lance a los dragones debajo de la cama yo sola. 

Que si tengo miedo me acurruque sola en mi cama con las manos en las piernas y me repita a mí misma que todo va a estar mejor… sí, mi mamá quiere que exista como individuo y me salga de sus enaguas y me abrigue bien. 

Mi mamá quiere que me rompan el corazón para que entienda el valor de la fuerza del amor, pero que después de ese duro golpe tenga una mejor capacidad de amar. Mi mamá quiere que me ría sola, que me haga de cenar rico y que cuide de mí… mi mamá quiere que el amor que me tuvo lo tenga para conmigo. 

Si es así, con ese amor interno mi perspectiva del futuro cambia… no se me ha quitado el dolor de estómago de la ansiedad que producen los cambios y temblores de días pasados pero intento al menos, llenar todos esos vacíos con amor… propio. 

Porque si bien lo dijo Miguel Ruiz, somos una fuente inagotable interna de amor, y a eso me aferro para que el futuro tenga el color que… ¡que yo quiera! ¿Tú cómo amaneciste? ¿Parecido a mí? Los amo lectores.

lunes, 13 de octubre de 2014

DÍA NUEVE.




Amanecí pensando en la palabra anular, curiosamente lleva el mismo nombre del dedo donde nos ponemos el anillo cuando nos casamos: Dedo anular. ¿Coincidencia? No lo creo… del todo. Los matrimonios funcionan de dinámicas tan personales que dudo sea el caso general… pero sí pasa. 

Llámese, noviazgo, viven juntos o son marido y mujer, al compenetrarnos con otra persona hay un choque de dos almas q
ue han sabido arreglárselas por la vida con herramientas que tal vez al otro no le gusten o le hagan daño. 

Pero tranquiqui, nos estamos fusionando y evidentemente va a haber choques culturales, de sexo y personalidad pero ¿Por qué chocamos? ¡Porque nos estamos uniendo! Come on! Es natural… 

¿Qué pasa en esa unión? Quiero seguir siendo yo pero te quiero y cedo, pero ¿hasta qué punto desaparecemos? Me queda claro que el amor te hace desprenderte de todo, de entregarte como gordita en tobogán pero tenemos la responzabilidad con z de zazcalez, de no anularnos… como el dedo del anillo.

¿Qué nos queda? Vivir esa experiencia de autoconocimiento, hacerle caso a las intuiciones y trabajar en equipo. Entender que la otra persona está viviendo lo mismo y necesitará una fuente inagotable de empatía. 

El objetivo final será conocerse tan bien que sepan las mil y un combinaciones que tienen para acurrucarse, poner un colchoncito en las esquinas donde se lastiman y disfrutar la explosión mágica que pasa con los elementos químicos que cada uno tiene. Ninguno tiene que asimilarse al otro y esa es tarea de los dos pero de primera instancia es una responsabilidad personal. Si todo esto pasa, estoy segura que un día el dedo del anillo se llamará de otra forma...