viernes, 5 de septiembre de 2014

3 CUADRAS

"A mis 21 años la vida parecía una fiesta a la que no fui invitada, un ritmo que no lograba bailar, una noche donde la luna no me alumbraba, un lugar al que yo no pertenecía... un mar donde no sabía nadar..."


"Ahorita vengo." Dije. Lucía, 21 años, Guadalajara Jalisco.
La música sonaba, los adolescentes hacían lo suyo, a mí me explotaba el mundo en la cabeza. Qué fácil sería no estar interesada en descubrir la vida desde las entrañas. ¡Qué bonito sería ser normal! Me agarré el pelo, me sentía a punto de un ataque cardíaco. Esta fiesta no era para mí.

“Estoy a tres cuadras de mi casa” pensé. No sé con quién iba, no sé quién cumplía años y en realidad no sé por qué estaba ahí. Veía a todos tan felices, pero a mí me hacía falta algo. Necesitaba encontrarme entre tanto escombro, desgraciadamente no soy como los demás que no se cuestionaban nada, parecía que las preguntas que había en el corazón de todos los integrantes de una fiesta promedio en la perla tapatía, se habían incrustando en mi cabeza y con esa tempestad de voces salí del lugar.

Caminé hacia mi casa, era tanto mi pánico que las lágrimas estaban secas, porque sí, cuando lloras es porque de algún modo ya entendiste algo, pero en mí no había la más mínima comprensión, necesitaba ir a mi zona mágica, necesitaba la única cosa que podría calmarme y esa cosa se encontraba en mi casa, lo bueno que a tres cuadras.

¿Qué me pasa? ¿Por qué esta actitud pseudodepresiva? Todos están divirtiéndose, es sábado por la noche ¿No debería hacer eso una niña de mi edad? Más voces como estas se columpiaban en mi mente jugando con ella, revolviéndola toda. Y si mi mente no era mi aliada ¿Quién estaba conmigo?

Odiaba pensar de más, odiaba sentir de más, odiaba ser tan intensa. Eran súper poderes que percibía como maldiciones. 

No había lugar en el mundo para mí y yo sólo quería pertenecer. Así que estaba dispuesta, a esa edad, a dejar mi identidad en un rincón a cambio de ser aceptada, estaba dispuesta a mimetizarme con todos para caber o tener al menos una clasificación. Estaba o estaría dispuesta a hacerlo pero a la hora de la hora sabía que no lo hacía, no me tomaba ese veneno que me igualaría, que sí, sería más fácil todo, pero en mi corazón sabía que yo tenía algo más complicado que hacer, porque no podría no hacer lo que vine a hacer aunque no sabía en ese momento qué era.

Llegué a casa, pensar tanto me había olvidado de lo larga que puede ser una cuadra, porque cuando algo se vuelve eterno termina pronto. Y de tanto pensar y viajar por mi mente me teletransporté, me brinqué la reja porque como siempre no tenía llaves y entré a la casa porque sí, en mi casa nunca pusieron seguro, siempre estaba abierta, y no, nunca nos robaron.

Estaba a aproximadamente seis pasos de mi salvación. El teclado, la computadora, Word. Puse la canción de “By your side” y comencé a llorar. Pensé en hablarle a Mariana. Pero sabía que eso era sólo para desahogarme y sentirme bien y mi misión era escribir con las consecuencias que eso me ocasionara.

“¿Por qué no puedo ser como todos?” Comencé en las primeras líneas. Y redacté treinta páginas y tal vez eran las cinco de la mañana pero escribí mi vida como la veía en ese momento: trágica, sin esperanzas y llena de soledad.

Trágica porque mis caminos eran dos: Ser yo misma y que todo mundo conociera mi locura y la criticara y la señalara y la discriminara, o abandonar lo que me hace ser, hacerme como todos, escuchar su música, bailar y tomar y poder tener un novio normal. Si escogía esto último habría sido infeliz sabiendo que me maté a mi misma y a lo que me hace ser.... sabría que sería la primera que se discriminó, que me eliminé del mundo por no soportar el precio de ser señalada. Pero claro, tendría mi novio como mis amigas y esas cosas de las niñas normales que las hacen tan felices.

Si escogía lo primero estaba condenada a la soledad, a la incomprensión, a volverme loca con tantas voces internas, a deprimirme, a no vivir por estar pensando, a no existir por estar tan metida en mí. A cruzar la barrera de la locura y morir de un corto circuito.

Así que sí, por eso era trágica. Esa vida también tenía la característica de carecer de esperanza. ¿Qué iba a esperar de un camino de opresión o de locura? ¿Qué bueno trae uno u otro? No puedes esperar de una vida donde tú sola atas a tu corazón ni tampoco puedes esperar un final feliz de quien no doma sus sentimientos…

Lloraba, lloraba, lloraba… cuando se es adolescente se llora mucho por tanto cambio hormonal y era algo que me chocaba a esa edad pero hoy en día me quejo de no poder llorar tan a gusto como lloré en esos tiempos… cuando se te pone la cara roja, la almohada se empapa, los ojos se hinchan y vienen suspiritos después del llanto… esos involuntarios que suenan como: “hihihhihi ahhhhh”, que bendición un lavado de alma así.

El caso es que me dormí a las cinco de la mañana pensando en que el caso “Lucía Orozco” no tenía solución.

Años pasaron y en la escala del tiempo ese día está muy, muy atrás de mí. Esos documentos se perdieron en esa computadora que nadie quiso arreglar. Y hoy que me acordé de ese momento y lo traje hasta la silla donde estoy sentada reí por saber hoy en la actualidad, que agradezco el camino que elegí, y los nuevos que tracé, que sí, muchas veces una pasión también duele, una cualidad también te cobra lágrimas y una misión también tiene caminos de espinas… pero ¿Quién querría anularse del mundo mientras tenga vida?

¿Quién aceptaría discriminarse primero para que nadie más lo intente? ¿Quién temerá más a lo que puedan decir que aprisionar lo más valioso de su locura? ¿Por qué valdría más una vida normal que una aventura extraordinaria si es lo que me hace latir más el corazón? ¿Por qué elegir si se puede trazar un camino nuevo que tenga un poco de los dos o de una opción tercera o cuarta? 

¿Por qué sufrir por ser diferente cuando eso es lo que nos hace especiales? ¿Por qué llorar por el desprecio de alguien que no acepta nuestra locura? ¿Por qué callar los fuegos artificiales que sabes producir? ¿Por qué hacerte chiquita?

Mi misión de vida llevó un largo camino de espinas que todavía recuerdo, aceptar mi personalidad una chaqueta mental que todavía me saca de mis casillas… amarme, una soledad que pagué y que duele, duele a mares, pero que me ha dado a cambio ese amor del verbo propio que acompañada de las faldas de mi mamá no hubiera conocido.

            Así que hoy le doy gracias a ese impulso que obedecí que me hizo regresar a casa tres cuadras llenas de ansiedad, que me hicieron sentarme en la computadora a convertirme en escritora y que me dieron las llaves de mi libertad porque una vez que eres libre dejas de ser normal, pero tampoco deseas serlo.


Gracias por leer.


Les comparto la canción que escuché diez veces cuando escribí esas 30 páginas de confusión que ahora agradezco.




miércoles, 27 de agosto de 2014

MI FIESTA DE QUINCE





Llegué a los quince mil lectores en Facebook y sí, mi corazón se alegra mucho. Últimamente anda alegre… pero en específico era una meta que había deseado desde hace mucho… no veinte, no un millón, me había planeado quince mil.

¿Qué significa esto? Créanme, fue un largo recorrido averiguarlo. Esa línea delgada entre comenzar a hacer algo y de pronto no saber por qué haces algo en automático… detenerte y reflexionar para dónde vas para luego avanzar… entender que a veces la gente no me comprenderá y está bien, entender que habrá momentos de luz cuando decaída reciba ánimos y está bien, y también comprender que habrá veces que no reciba ánimos de nadie y aún así tenga que ponerme de pie.

Este camino que he recorrido con muchos de ustedes desde el principio y algunos nuevos que ya quiero de la misma manera, me ha vuelto automáticamente en una mujer agradecida, es lo primero que se me viene a la mente cuando pienso en ustedes, en la gente que le gusta leerme, en las personitas que me recomiendan y me dan mil ternura: “mira “Laurita” léelo te juro que te va a gustar. Si las veo no crean. Y me imagino a Laura pensando “¿Y esto qué?” y así sucesivamente.

Amo que una buena idea se comparta, una gran idea no creada por mí, sino que estaba ahí en el camino y la hice mía como quiero que tú hagas tuyo todo lo que te de plenitud.

He dejado de tener miedo, esa es una buena noticia que quería darles. Y esa libertad que ahora poseo sé que me va a llevar por escritos que no he hecho pero habitan dentro de mí y que tendrán que salir en el momento que tengan que hacerlo… al ser una mujer más libre les estoy al menos abriendo la puerta. Me falta más constancia, tiempo de relajación para que salgan y un toque de inspiración pero todo está ahí.

Estar para ustedes ha sido una manera de agradecerles estar conmigo también. Aunque a veces de ambos lados es de un modo más espiritual que un contacto en sí, de todas formas se siente… ¿No creen?

Y bueno, en cuanto a la Lucía que veía como de 14 mil se acercaba a 15, lo que me había propuesto, sentí la necesidad de regresarme a preguntarme por qué me había planeado esa meta y hoy quiero compartírselas.

Hace poco escuché una conferencia de una mujer que admiro mucho: Elizabet Gilbert. Una escritora que me gusta. Ella decía que la inspiración llegaba de pronto a grandes pensadores y era como una hadita que aventaba polvos y tenías que cacharlos y tenías que correr con ellos sin que se te cayeran para escribir, para crear… tenías que anotar lo que la hadita te dictaba a la hora que te lo dictaba porque cuando el momento mágico se acababa entonces todo se olvidaba…

Y que por lo tanto los escritores no son sino personas a las que las haditas deciden hablarle. Me gustó esa idea porque me hizo pensar que nada me pertenece y eso está bien. He aprendido mucho del desapego este año y también me ha hecho una mujer más libre. “Tengo poco y lo poco que tengo lo necesito poco” decía una hermosa mujer. Y sí, eso me ha pasado a mí y ligera de equipaje no he creado más escritos que haya compartido con ustedes, sino que me considero en mi etapa de siembra para ver qué crece, para ver qué hada va a venir esta vez…

Y si nada me pertenece, y si todo es algo que llega a mi vida por una gran bendición, entonces no me queda mas que pasar el mensaje, no me queda mas que compartir lo que recibo y quedarme sin nada porque de un principio nada era mío.

Vacía es como me he sentido más llena. Mi esencia es sólo el medio de transporte de un polvo de hadas mágicas. Y entendido todo de esta manera: sí, mientras más personas lo lean mejor para mí. Y sí, mientras más personas lo compartan también.

Entonces dejo de tener miedo, miedo al error, miedo a actuar, porque sé muy bien a dónde voy, estoy aquí para compartir, para expresar lo que de mi ronco pecho quiere salir, lo que experimenté y no puedo no decir “miraaaa”.

Es algo así como el cine, es inevitable darle un codazo a la persona que tienes al lado cuando una escena está de mucha risa o de mucho miedo. Nos ponemos en contacto con las personas para pasar lo que la vida nos ha dado.

Todas esas ideas, toda esa filosofía de ser pleno, de salir de la zona de confort, de ver a los problemas más pequeños que nosotros, de recuperar nuestro poder, de vencer el orgullo, del milagro de ser tú mismo y todo eso no es algo que no se haya dicho ya. Pero, sentirlo y vivirlo me provoca querer contagiar mi amor por la vida y que más personas se sientan y sepan libres y que más personas amen su misión de vida y mueran por ella.

Por eso hoy doy gracias por poder tener un espacio donde puedo compartir. Les doy el crédito de su paciencia, de su tiempo y de su cariño que recibo de vuelta y con él adquiero fuerzas y le sigo y así sucesivamente. Les doy gracias por darme la oportunidad de leerme y realizar mi palabra favorita con ustedes: coincidir.

Mis lectores me han cambiado la vida. Me han regalado momentos inolvidables y me han hecho crecer como persona. Me han dado muchos polvos mágicos que también han recibido en el camino y me da gusto estar rodeada de una energía tan positiva, tan pura, una luz que probablemente nació del dolor de sus historias personales y ahora es transformada en la bandera que alzan. Así los veo. Así me gusta coincidir con ustedes de esa manera y aunque en específico no conozcamos nuestras historias… en el cachito en el que nos identificamos me basta.

Mi siguiente meta es ponerme en contacto con ustedes, es un compromiso que tengo desde hace tanto pero no me importa no haberlo hecho, sé que todo viene a su tiempo y antes no estaba lista. Daré más conferencias. Ese es mi siguiente compromiso. Volveremos a vernos las caras o a verlas por primera vez. Y que vengan más días como este, que me desperté y pensé: Dios, que agradecida estoy con el mundo.

Gracias y sí, que cursi escrito, pero al referirme a ustedes no puedo no serlo. ¡JA!

Y saben algo, veo esto como mi fiesta de quince, esa que no tuve... hoy es mi fiesta de quince mil lectores, un día que parece normal pero no señor... sabemos que no lo es. 

Los quiere…
Lucía.


martes, 26 de agosto de 2014

MARATÓN DEL DESAMOR full version



KILÓMETRO UNO: ACEPTAR EL FIN 

Porque todos caemos, pero no todos nos levantamos.




Todavía me acuerdo cuando mi cuñado cada día estaba más grave y no le quedaban esperanzas de vida. Desesperada fui a comer con una hermosa mujer y le dije llorando “Se va a morir, no hay nada que se pueda hacer y no es porque yo lo quiera, me duele decirlo, pero se va a morir…”

Con esa misma sensibilidad de reconocer cuando algo ya está por terminar es con la que nos damos cuenta cuando el amor se está cayendo de las manos. No es que no lo veamos porque sea un proceso invisible, las pruebas están enfrente de nosotros, pero no queremos ver. Nos autoatrapamos en la etapa de la negación e intentamos por todos los medios prolongar lo improlongable.

Nadie entiende ese nivel de desesperación si no lo está viviendo, cuando el corazón anuncia el final de algo, cuando nuestra pareja es indiferente… porque cuando a alguien le interesas se nota, pero cuando no le interesas se nota más. En esta etapa nos aferramos al “pero un día me quiso” y luchamos por regresar al pasado, que jamás, jamás llega porque está atrás y no adelante.

Invertimos unos días que se convierten en meses y peor aún, en algunos casos en años. Luchamos día y noche por recuperar lo que era nuestro y tomamos una tarea que es para dos y la resolvemos solas. Sentimos que se nos acaba el aire y creemos que él o ella es nuestro único proveedor de oxígeno. Creemos que él o ella son los responsables de que estemos de pie o nos sintamos felices y peor aún, aceptamos mantener la relación a cambio de que esa persona no se aleje, aceptamos nuevas reglas y convivimos con la agonía que hace que nuestra personalidad se transforme por el miedo y cambiamos de ser esa simpática niña a una histérica celosa y sucede lo peor que podría pasarnos que es aún peor que perder a nuestra pareja: Nos perdemos a nosotros mismos.

Ahí perdemos nuestra fuerza y es cuando codependemos bien y bonito de la persona y si gráficamente hubiera una imagen de lo que está pasando, estaríamos en el suelo agarradndole la pierna diciéndole “pégame pero no me dejes” en su versión más literal. Olvidándonos que la violencia psicológica es la peor de todas, olvidándonos de que no existe un agresor sin una víctima.

Desesperados armamos la rueda de prensa y escuchamos a nuestras amigas que ven las cosas de fuera pero no entendemos lo que quieren decirnos y es que ¿Cómo poder comprender lo que está pasando si ya perdimos el juicio?

Aquí es cuando el camino se divide en dos. Las víctimas y los dueños de su vida. Los primeros se arrastran lo más que pueden, culpan a Dios por lo que pasa, culpan a su pareja, y la aman-odian y se alejan de cualquier amigo que diga “siento que tu relación no va bien”. Los segundos se echan en llanto un día, escuchan a Paquita y se echan unas chelas con ese amigo que odiosamente les dice “te lo dije” y aceptan la crítica ¡Escuchan! Deciden de algún modo cambiar y le preguntan a ese amigo ¿Dime qué me pasó? Intentan buscarse y se pondrán de pie y dirán “Hasta aquí”.

Con suspiritos post lloratorios comienzan a ver con los ojos de la realidad: objetivamente. Descubren en qué momento comenzaron a perderse y la poca autoestima que les queda les hace sentir desprecio por aquella situación.

-       No merezco esto. – Dirá tu amor propio.

Reconoceremos entonces que no volteamos a vernos a nosotros mismos por creer que aquella persona era la proveedora de la felicidad. Y entendemos que estamos gastando nuestras energías en un proyecto que ya murió y que además, por primera vez, estamos agradecidos de que así sea. Porque no se trata de dejar a alguien porque ya no pudimos retenerlo, se trata de dejarlo porque ya no nos quiere.

Yo sé, es horrible saber que alguien con quien imaginaste un futuro ya no tienes ni un presente. Es horrible tener que borrar sus rasgos físicos y tener que alejarnos, y como si fuera una tortura del destino, justamente es cuando más maximizamos las cualidades y los detalles y recuerdos agradables, tratando de justificar los malos y vendándonos los ojos ante aquellas cosas que no se van a ir sólo porque intentamos olvidarlas.

Pero la verdad es que ¡NADA JUSTIFICA QUE NOS HAGAN DAÑO! Así que aquí, ponte de pie conmigo y di: No acepto. (En un altar imaginario vestida de blanco).

¿Por qué vas a aceptar? Es obvio que en la pareja hay que ser tolerantes y que  no todo es perfecto y que la la la, pero en el fondo no nos hagamos tontas, en el fondo sabes si la otra persona, con todas sus áreas de oportunidad sigue apostándole a la relación todos los días o no. En el fondo de tu corazón sabes que si tú fueras la bella durmiente y él te besa, despertarías porque fue amor verdadero o no. ¿Lo haría?

Cuando una persona está ahí, va a los entrenamientos, asiste a las clases, está presente, quiere estar. Si no quiere todo se viene abajo a menos que empieces a hacer sus deberes que me parece un poco mágico ¿Cómo vas a jugar el papel de las dos parejas? Sería el desgaste de energía más absurdo que he conocido. Además la física lo dice, la materia tiene que estar en algún lado, ocupar un lugar en el espacio y si él no está contigo, está en otro lado, en algún “submundo” llámese otra persona, un sueño que no tiene nada que ver contigo, pero algún lugar está habitando.

Pero más allá de que esa persona haya decidido dejarte ¿No crees que tú también puedes tomar la iniciativa y pensar que esto no es lo que quieres? Porque esa relación se vuelve una droga y tú eres la que tienes que desintoxicarte. No estoy diciendo que sea una relación tóxica, pueden existir relaciones increíbles pero hay que reconocer cuando se está viviendo del pasado y en el presente no hay nada. Cuando algo ya se terminó se siente.


Lo importante en toda esta historia no es que te hayan roto el corazón sino que recojas los pedacitos. La cosa aquí es aprender que de esta última humillación de un corazón roto puedas transformarte en la mujer que dice: ¡No acepto! Y la próxima vez que veas esta posibilidad de autodestrucción a la vista te salgas antes de que te puedas lastimar. Lo importante al recoger los pedacitos, es que recuperes tu poder y hayas aprendido la lección, porque si no estás condenada a repetirla.

Así que si estás en esta situación el primer paso es tomar conciencia de que el amor tiene la característica de no sentirse forzado y que las relaciones son de dos y en ningún momento se deben anular alguno de los personajes.



KILÓMETRO DOS: Volverte Funcional




Terminar, la mejor palabra para un maratonista, la peor para una novia enamorada. ¿Por qué se acabó la función? Dirá desesperada y no es que me esté acordando de mí pero obvy sí. Si de por sí terminar cuando lo decidiste es horrible peor ha de ser cuando ni siquiera lo deseabas. Así que en este episodio entendería perfectamente que los nervios se colaran por tus venas y no te dejaran ni ponerte de pie y la desesperación te convirtiera en una persona que ni tú conocías.

El miedo es ese polvito que se cuela por el cuerpo, calienta y enfría, paralizando lo que nació para moverse, llenando de pánico lo que nació para amar, atrofiando cada músculo y cerrando la garganta, esa que nació para hablar. Y no, nosotros no somos unos seres humanos creados para ser vencidos por el miedo y para que nuestros días dominen lo que nosotros tenemos que dominar: nuestro destino.

¿Dónde quedó el personaje principal? ¿Será derrotado? Les voy a decir algo, yo sé, seguro pensarán que esa persona fue el amor de su vida pero yo soy de la teoría que si no está al lado tuyo no es tu alma gemela, la primera característica para distinguir al amor de tu vida es porque está amándote, a tu ladito. Punto final. (Me duele decirlo, porque eso me hace pensar que no lo conozco, pero en esta vida no estamos para andar suspirando por quien no está queriéndome.) ¿Estamos en el mismo canal?

¿Qué necesitas? Recuperar tu poder interior, tu fuerza y si es posible un poquito de orgullo y arrogancia (no arrogancia fea, me refiero a que te veas al espejo y digas “pero si estoy preciosa”). Pasa mucho que cedemos el micrófono al novio y él decide si somos bonitas y si no nos lo dice sufrimos. Pero bueno, estamos para volver al camino, para empezar por el comienzo: VOLVERNOS FUNCIONALES.

¿Qué se hace en estos casos? Ja, recuerdo el día que terminé y la rueda de prensa que hubo en mi departamento. Yo más que nada me sentía en shock, creo que ni sabía lo que me había pasado y una angustia nació en mi estómago cerrándome la posibilidad de comer en esos días… esos días que parecieron más eternos que lo que tardó en pedirme que fuera su novia.

Lo primero que tienes que hacer como buen ser humano que eres es volverte funcional. ¿Vas a dejar que esto te traiga problemas en tu trabajo? ¿Te haga pelearte con alguien? ¿Te vuelva una persona inútil porque no puedes hacer otra cosa más que pensar en él y en cómo recuperarlo? Si es así creo que estás leyendo el artículo equivocado. Mi propuesta es que aprendas a caminar con dos pies ¿No lo has hecho antes? Y que descubras que sí, es necesario llorar, es un duelo, no te digo que no, pero que decidas con todas tus fuerzas volver a ser funcional para poder lograr algo más hermoso y de lo que más amo en la vida: volver a reír.

Si estás pasando por esto entiendo que no puedas reír a carcajadas y que la angustia te evite ver lo bonita que es la vida pero ¿Cuánto tiempo vas a pasar así? Distraída, mal comida, sin ganas, fachosa, negativa, desesperanzada, desesperada… repito: Realmente ¿Cuánto tiempo estando “no funcional” necesitas? Entrevisté a personas en su etapa de duelo y ruptura y cuando les pregunté de qué se arrepentían más me decían que del tiempo que perdieron estúpidamente pensando en él o ella. De nada.

Nomás porque los días no hablan porque si hablaran te dirían “Óigame no señorita, aquí estoy en friega haciendo que el sol salga, que llueva un ratito para que te refresques, te pongo un arco iris increíble y una puesta de sol rosada como para que estés en cama sin observar todo lo que tengo para ti”. Ja. Es cierto, si los días hablaran dirían eso.

No te pido que brinques y te llenes de contentismo porque cortaste pero sí te digo que necesitas volver a ser funcional, a comer, a echarle ganas en el trabajo, a arreglarte bonita sin razón aparente más que la de pavonearte un rato aunque sea y por su puesto, ponerte a hacer cosas que amas. ¿Acaso eras infeliz cuando todavía no lo conocías? Piensa eso, piensa en lo increíblemente bien que la has pasado antes de que él existiera en tu vida.

Estamos a prueba y error, estamos encontrándonos con almas y chocando para crear explosiones increíbles que nos generen recuerdos y aprendizajes, no pasa nada si esta estrella que tenías ya se fue… la galaxia está a tus merced si decides empezar por el principio: Volverte funcional.

El desamor no es tan malo como parece, yo agradezco al menos que mis relaciones hayan terminado porque duraron lo necesario. Cuando algo que no debía se prolonga genera una agonía marca siento angustia más que amor. Y es verdad, muchas veces duele más cuando todavía está contigo y no están las bases sólidas de una relación que cuando lo dejas ir. Si te fijas, sólo es cuestión de que des un paso atrás para que veas que él no da uno para adelante. Al menos así me pasó, es como cuando a veces estás cargando una mesa entre dos personas pero tú sabes que tú estás cargando todo y que si la otra persona suelta los brazos la mesa seguiría estando cargada por ti.

Así me pasó creo… solté la mesa y vi que yo era la que la estaba cargando y por más que me doliera que cayera al suelo, agradecida sentí mis brazos en libertad, todos entumidos que estaban y ni me había dado cuenta.

Estamos acostumbrados a apegarnos a lo que sea pero estar agarrados de algo… no sé por qué esa costumbre. No sé por qué el miedo a tener las manos desocupadas. Pero si de algo estoy segura es de que si la vida te desocupa las manos aprecies el momento en el que por fin estás libre, aunque sea a la fuerza, aunque fuera en contra de tu voluntad.

Y con esto me despido, diciéndote que tras un duelo, el primer paso es ponernos de pie, no te digo que caminar, sólo que te pares, que intentes ser funcional.

 Y para que te lleves tarea te dejo con esta pregunta ¿Realmente la situación es más poderosa que tú? 


Kilómetro tres: Repite conmigo: sí creo




A ver, a ver, a ver, cortaste con tu novio lo sé y sientes que no hay nada peor pero no se trata de compararnos con nada ni con nadie, se trata de ver el escenario real de tu situación. Dios, que insensible me vi. OK comencemos de nuevo: entiendo lo que es que te arranquen el futuro de las manos y que los días a su lado no vuelvan a existir pero lo que te arrancaron fue la posibilidad de un futuro con él, no el futuro en sí, y esa falsa creencia es nuestro problema. Además:

1.- Si es para ti va a volver así que deja de preocuparte y aprovéchate del reajuste con un buen spa del alma.
2.- Si no es para ti ¡Excelente! Ahora ya lo sabes.

Sé que es muy difícil entender algo tan simple cuando estás con el corazón hecho pedazos pero con el corazón roto o no, te digo y te repito que ¡Es algo muy simple! Lo es aunque tengas lágrimas en los ojos, créeme pequeña. La vida es eso que pasa cuando sufres por alguien que no te pela, cuando alguien te deja y te tiras al drama.

¿Qué toca en este espacio del maratón del desamor? Mirarte a ti. Dejarle de dar una oportunidad a él para dártela a ti mamacita. (Ja me imaginé mascando chicle diciéndote esto, nunca digo mamacita pero se me ocurrió).

¿Qué significa esto? Recordar que eres el personaje principal en tu historia y él se quiso salir en este capítulo, o lo corriste no sé, el caso es que ya no está y la pluma sigue escribiendo páginas… Quisiera decirte algo que he pensado últimamente… me pasa que cuando creces te caen todos los veintes y ya no se te complica cuando alguien te rechaza, no lo tomas a personal, ya no te importa si no te marca, bueno sí, pero tampoco se acaba el mundo, te compras una nieve y ya… aprendes que la vida es como tú la quieras y no como viene. O una mezcla de ambas… y cuando escucho lo que me dicen o leo sus inbox me acuerdo de la Lucía de 20 años hundiéndose en sus lágrimas y no puedo soportar que eso le pase a alguien más.

No soy mamá y no tengo idea del milagro que es serlo pero en mi pequeño y minusculísimo porcentaje, me siento una mamá que no quiere que pasen por lo que yo pasé, una mujer que escribe para evitar que te evites la vida. Soy un fantasmita que escribe cosas para que reacciones más rápido de lo que esperabas y veas que eres ¡lo mejor que te pudo haber pasado! Siento una necesidad de hacerlo en honor a los días en los que yo pasé hecha pedazos. Si puedo honrar todo el dolor que he pasado por muertes, desamores y tragedias, sería de esta forma, diciéndote que no vale la pena pasar mucho tiempo creyendo que tu vida se arruinó. Cuando escucho a alguien que dice eso o que lo piensa y lo proyecta sólo pienso: Si supieras la obra de arte que eres. Pero descubrir nuestra belleza es una tarea personal.


En fin, volviendo al tema, no vale la pena no levantarse de la cama, es una mentira garrafal creer que la muerte termina con una relación, mi mamá y yo somos más compas que nunca. No vale la pena caer en la depresión y ver el túnel por el que te quieres desbordar porque no vale la pena morir en vida. Por el novio, por el amigo que murió, por el abuelo, no creo que ninguno de nuestros seres queridos quisieran vernos así. Al contrario, podemos honrar la vida de los que queremos y murieron, teniendo una vida espectacular…

Pero en cuanto al tema del novio… porque ya me fui con temas más profundos aunque los comparo con la muerte porque he vivido las dos cosas y se sufre de diferente manera pero en las dos hay dolor, ahí, llena de esa sensibilidad es cuando puedes encontrarte… mira, piensa en ti como en una persona mayor, tu “yo del futuro” más madura y habiendo superado lo que hoy no puedes, ¿Qué te diría? ¿Qué te aconsejaría? Imagina que te toma de las manos de tu cama y te dice “ya no llores”. Hazte un favor, y tómate de la mano en honor al aprendizaje que llegará a tu vida si lo intentas.

¿No fue suficiente ya? ¿No quieres volver a reír a carcajadas? ¿No quieres encontrarle más placer a la vida? En este escrito número tres del maratón del amor te invito a que vivas esos suspiritos post lloratorios cuando ya sabes que ya acabó el berrinche. ¿Se acuerdan cuando lloraban por horas y después les dolía la cabeza les daba sueño y les daban unos suspiritos como si fueran hipo pero de suspiros? Digan que sí saben de que hablo por favor. Ja. Esta etapa es esa. Y como fantasmita que soy te sobo la cabecita y te digo “yaaaa, yaaa…. Ya pasó chiquita, yaaa yaaa…” Y de pronto desaparezco y te encuentras sola y te das cuenta que así llegaste y así te vas a ir pero que lo que hagas mientras estés viva depende de tu mágica creatividad.

No te pido que se retire la tristeza de tu vida, no soy enemiga de la tristeza o la nostalgia, son colores para nuestra paleta de pintores, tampoco te pido que ya no llores otra vez, te pido que creas en tu final feliz, que tengas esperanza en los días felices, que creas en el futuro, que creas que tu presente es lo que te ayudará para construir tu castillo mágico. Que cursi, pero amo lo cursi y soy cursi y si mi papá y mi mamá no hubieran sido cursis no estaría en este mundo así que empalágate de estas palabras que quieren hacerte sentir mejor.

En este paso sólo quiero que creas. Que creas, escucha como se escucha la palabra, dilo… “sí creo”. A que no te atreves a decirlo en voz alta… jajaja anda dilo. ¡Sí eso! Di, yo creo. Eso es todo. Esa es toda la tarea que tienes hoy, imaginarte unos días felices tal y como tú los quieres, no pongas a tantos personajes, más bien pon sentimientos: Yo (agrega tu nombre) quiero sentir paz, quiero reír, quiero sentir amor. No integres a nadie, ni a tu ex, ni a tus papás, a nadie, imagínate un camino lleno de esos sentimientos, como los obtengas será otra historia, ahorita sólo quiero que los traigas a tu vida, que traigas la posibilidad de ser feliz a tu corazoncito que está todo roto pero… ¿Si no se rompe cómo puede abrirse el corazón? No tengas miedo, que bonito si lo sientes así, rotito, quiere decir que sabes amar y que volverás a hacerlo y de mejor manera.

Así que levántate de tu cama porque si crees en lo que acabo de decirte, estás en el primer paso de obtenerlo. Me siento feliz que de algún modo siento que en este renglón te sientes mejor. ¡Dime que sí! Y de verdad lo digo con el corazón en la mano que todo lo que yo viví vale la pena porque sólo así puedo entenderte y explicarte que ¡La vida te va a hacer reír otra vez! ¡La vida te va a sorprender con alguien otra vez! ¡La vida te va a regalar viajes! ¡La vida te va a regalar más abrazos! ¡La vida te va a acercar con los que más quieres! ¡La vida va a explotar tus cualidades! ¡La vida te va a llenar de amor! Y la vida… eres tú.



Kilómetro cuatro: Todo en su lugar.




Me acuerdo los festivales cuando estaba niña… la cola de caballo restirada con mucha goma – o en el caso de mi mamá limón – mi leotardo rosa, las zapatillas rositas también, iba a bailar de flor. Las dividieron en holandesas y flores y a mi me había tocado flor… estaba en el Teresiano en preescolar. El nervio en el estómago ¿Me habré aprendido bien el baile? La emoción de ver a mi mamá en el auditorio… la vida en todo su esplendor. El espectáculo me llenaba de ese éxtasis de niña que no se compara con nada y pocas veces lo volvemos a sentir pero cuando lo hacemos nos trae tantos recuerdos. Y de pronto la maestra dice ¡Todas a sus lugares! Es algo así como: porque la vida va a empezar. 

Una nueva etapa, un nuevo día. Un lo que sea. Estando en posición de entrada pensando “estoy a punto de empezar” recuerdas el pasado, lo que dejas atrás, recuerdas esos momentos tristes porque estaba abajo el telón, porque no podías bailar. Y ahora, al mundo le toca ver un poco más de ti y lista o no comienzas, como lista o no se es mamá, se nace, se muere. Dicen por ahí que la vida no viene con instructivo, todos estamos improvisando y bien y mal lo hicimos y bien o mal seguimos intentando. Y así fue como viviste tu relación, como pudiste, con lo que tuviste, como te salió. Así son las obras de arte más bonitas a mi parecer, esas que no tienen que ser perfectas para ser perfectas ni tan planeadas para ser insuperables. 

Así que en este paso, fuera culpas y no trates de cambiar nada, el pasado ya está escrito. Antes bien, sé consciente de que el presente será pasado y toma la herramienta que tienes hoy que se llama así "presente" y úsalo para poner al pasado en su lugar para poder estar preparado para el futuro. Esto te toca hacer en el escrito número cuatro del fabuloso maratón del desamor. ;) Bien, este es un paso difícil porque muchas personas carecen de voluntad para hacerlo o más bien creen carecer y me refiero a que es difícil porque este es el momento en el que te despides del ayer de la forma más bonita que conozco: El Hooponopono. 

Una vez lo expliqué, son seis palabras mágicas que hacen que todo se armonice: Lo siento, perdón, te amo gracias. Yo las uso mucho antes de salir al aire en el radio, digo "Lo siento" porque quiero sentir a todo pulmón cada cosa que diga, tener empatía... sentir. Perdón, porque de ante mano no soy perfecta y errores vendrán en aquella hora que por más que prepare el error es inminente, "Te amo" porque sí, amo el motivo por el que hago esto y amo las razones que me hacen saber que todo este esfuerzo vale la pena... y finalmente digo "Gracias" y PUM, ser agradecida es sinónimo de ser positiva, de ver el lado bueno, de ver el lado malo como algo bueno por el hecho de no querere tomar el papel de víctima, ese que nos hace salirnos de la jugada y pasarle las riendas al clima, al destino, a la situación no favorable, al otro. Eso pienso antes o después de que voy al radio y se me quitan las culpas y le doy con todo y de algún modo sale mejor.

Igual con tu relación, tómala del principio del hilo al fin y dile "Lo siento", sentí y siento cada beso, cada todo, "Perdón" jamás mi intención fue herirte o causarte algún mal... "Te amo", el amor significa todos esos buenos deseos, reconocer que hubo amor significa reconocer la existencia de lo que hubo aunque ya no sea y un "gracias" incluso por las lágrimas, porque al cruzar por el dolor me di cuenta de lo grande que tengo el corazón, o cualquier aprendizaje que sólo tú sabes. Haciendo este ritual a modo muy personal habrás cumplido con el cuarto kilómetro del maratón, y aquí sentirás como tus músculos se calientan al correr pero no estás cansada, sudas pero quieres seguir, tu corazón se acelera pero sabes que puedes seguir hasta el final... 

Nos vemos mañana. ¿Qué toca mañana? Es el festival, cuando se levanta el telón, cuando la maestra se te queda viendo esperando que te acuerdes de los pasos, cuando empieza el baile... ese baile sin pareja que te recuerda que cuando estabas niño, o niña, lo último que te hacía falta era estar enamorado de alguien, porque estabas enamorado de todo en general... 
Y es que sólo teniendo todo en tu lugar y estando en posición es como un nuevo camino se puede comenzar. Tener ordenadas las capas tectónicas de tu pasado te evita temblores en el futuro.




BONUS TRACK: ¿Cómo desenamorarte en cinco pasos?




KILÓMETRO CINCO: Ve por ti





Del maratón del desamor, en el kilómetro cinco nos encontramos con nosotros mismos, el novio qué. Hay que voltear a ver lo que verdaderamente importa y lo que sí tenemos y no lo que se fue... con todo mi amor y valiéndome que me digan cursi porque lo tomo como un cumplido, les dejo este escrito que hice ayer bajo la lluviecita, pensando en todos ustedes, los quiero.


Dios, el amor, eso que a todos nos vuelve locos, alguna vez, o si no, no tiene caso. Hace que nada parezca absurdo, que todo sea una entrega y que aunque el final duela, la experiencia haya valido la alegría y no la pena.
Esa es la idea que tengo del amor, ese que no me dejaba dormir, ese que me hizo mejor persona, que me hizo reír... que me hizo ver el mundo diferente... Dios, el amor, ¿Qué poder más grande existe? Una pizca de él lo es todo y un todo que se vuelve infinito en ese pequeño universo que se pudo llamar seis meses, un mes, una vida. ¿Qué pasa cuando te arrancan de las manos la magia del amor? 
Aquí viene la parte difícil... cuando tienes que entender que incluso eso no es más fuerte que la vida, porque la vida es la primera condición para amar y al estar vivos sigues teniendo el pase para hacerlo, sólo que de pronto no conoces ninguna otra manera... Siento en mi teoría muy personal que todos los seres humanos estamos heridos, ninguno nos salvamos, o nos tocó vivir una muerte, o nuestros padres se divorciaron o nos faltó atención o nos sobró, el caso es que cortadas de la infancia se clavan en la adolescencia agregando los problemas típicos del puberto y terminando por ser unos niños pequeños que quieren correr a los brazos de su mamá porque se sienten tristes y quieren llorar. 
En pocas palabras, las heridas de la vida nos traen actitudes consecuentes, ya sea que recibimos poca atención y nos hicimos introvertidos y agresivos o tal vez nuestro papá nos dejó y no sabemos tanto de confianza o un y mil millones de combinaciones de historias personales con una huella de dolor.
Sumado la situación de personas heridas se nos atraviesa un hombre y queremos que cure todo, que haga las veces de los brazos de una mamá o en nuestra carencia de amor paternal, juramos que él va a suplir un papel tan sagrado como él. Eso o mil cosas revueltas en una licuadora sentimental. El caso es que, y lo digo porque yo también siento que era parte del club, creemos que el amor de pareja resolverá nuestras heridas del alma. 
El amor, siento, es el primer paso para curarlas, claro, que bonito, a veces una pareja nos hace ver cosas que no veíamos y nos destapan mil y un mermeladas de traumas pequeños y grandes porque cuando dos almas se juntan y se exploran, encuentran muchas cosas. La cosa aquí es que malamente abrazamos a la pareja como la única salida a nuestros problemas o el único antídoto evasivo a los mismos. No, la vida no va por ahí.  Me pasó una vez, me tiré como gorda en tobogán a una relación creyendo que de algún modo era "mi salvador" y al nombrarlo así, uno se hace pequeñita y al sentir que él es la única fuente inagotable de bienestar, aceptamos cualquier condición con tal de beber de sus mágicas aguas... Creo que muy pocos se han salvado de caer en este juego. 
Enamorarse no significa que nuestros problemas están resueltos y es por eso que cuando llega el desamor nos sentimos morir, sin aire, sin aliento alguno, sin ganas de vivir. Es sumamente vital entender este punto porque si no lo hacemos no tiene caso nada. No hice el maratón del desamor para que puedan olvidarse de su ex y volver a enamorarse como solución a su vida. 
El objetivo de mis letras es dejar en claro que la primera relación que debes mantener es la que tienes contigo mismo, tu historia personal es tu responsabilidad y nada ni nadie te va a tratar esos problemas que hay en tu corazón y esas heridas que no has podido y tal vez ni querido enfrentar y pasas de un placebo a otro intentando no interiorizar y mejor dádole el poder a alguien más de hacernos sentir en bienestar. 
No lo digo en plan de regañar, estoy hablando lo que me gustaría haber escuchado cuando estuve ahí. Y estoy hablando de que necesitamos atendernos, porque es una crueldad depositar esa responsabilidad en nuestra pareja, es una crueldad con nosotros mismos porque de nadie es la responsabilidad de que seas feliz. Ni de tus papás que intentaron amarte con locura, ni de tu creador y muchos menos de tu novio. 
Volviendo al tema de las heridas personales, pasa mucho que transitamos la vida sin atenderlas, no hacemos pausa y seguimos manejando por donde nos lleve sin detenernos a limpiarnos la sangre que cae de nuestro corazón al suelo. Basta que cierres los ojos o sigas aquí leyendo conmigo para que traigas las tuyas, esa etapa que no has olvidado, ese momento que te marcó para siempre, esa pérdida que todavía duele, ese todo que te convirtió en nada, dejándote vacía, buscando llenarte con cualquier cosa para no sentir ese dolor que quema. 
entiendo que utilicemos el método del enamoramiento como una cura inmediata a nuestros males pero después ¿Qué nos queda? ¿Suplicarle a la persona que está con nosotros que no nos deje nunca más? Lo único que está pegado a ti es tu cuerpo al alma y no será para siempre, todo nació para andar en libertad, pero eso al ser humano le aterra. 
 Nos gusta codepender, tener amigas que sabes que te necesitan, todo es como una estrategia de supervivencia porque al no ser unos sabios iluminados que no necesitan de nada y que dicen que la felicidad está dentro de nosotros, mandamos a la goma esa teoría y hacemos nuestros lazos de supervivencia. 
Recuerdo cuando terminé con mi novio y me sentía fatal y comencé a ir a terapia. Me platicaban de desprenderme, del desapego, de la libertad, de que estamos solos y está bien, de muchas cosas de las que yo me burlaba y le decía a mis primas "Estoy en terapia para superar a mi ex pero no quiero y nunca seré un ser iluminado como Jesús o Buda". No me hacía "click" el mundo de libertad y de amor incondicional hacia mi persona que me decía mi terapeuta, yo en cambio, sólo quería que no me importara verlo con otra o que si me lo topaba no me diera un ataque de pánico. Estaba concentrada en una cosa tan pequeñita. 
Ahora entiendo el dicho de la tormenta en el vaso de agua. En vez de concentrarme en la alegría de que mis pulmones están sanos, que mi cuerpo es fuerte, que tengo todo un camino por delante, que me gusta vivir… en vez de pensar eso mi ser vivía amarrado a la idea de volverlo a ver, de desear retroceder el tiempo y cien mil soluciones que intenté armar en mi cabeza. Lo único que estaba haciendo es intentar volver al antídoto de pseudofelicidad que el mundo a veces nos ofrece como "bonus track" en un CD. Pero, la realidad es que el platillo principal sólo soy yo y mis días. 
Cuando entendí esa soledad me hizo más click la teoría de desear ser un ser más iluminado y dejarme de tanta porquería que sólo me hace fruncir el estómago. Pero para lograr esto, tú y yo sabemos que necesitamos hacer nuestra tarea y poner nuestra vida en su lugar. Así que en este paso de eso se trata, más allá de tu ex, de ti. Se trata de traer tu herida y que la veas, que la cargues como a un bebé y te hagas cargo de ella. Que entiendas que todos tus miedos vienen de esas experiencias que te invitaron a desconfiar de la vida, que si te reconcilias con ellas verás que no hay por qué tenerle miedo a la vida. 
Pero a veces pasa que cuando entiendes que el camino a ser feliz no es el más fácil me dirás que tal vez es mejor volverse a enamorar, que las heridas se curan solas, o peor aún, que tus heridas estén en un sótano tan lleno de mugre que no podamos ni sacarlas de ahí ni con grúa – créeme, he estado así en mi propia vida-. Cada quién sabe qué tarea tiene que vivir para reconciliarse con la vida, pero la verdad es que mientras no lo hagamos seguirá la sombra del pánico de vivir y esa hace que todo se venga abajo, que tengamos que sacrificar incluso nuestro amor propio por pensar que otra persona sabe más que uno y que a su lado es el lugar más seguro en el que tu alma o la mía pueden estar. 
Esa mentira vive en los corazones de muchos porque cuando entienden que tienen que ordenar su vida para que la vida esté en orden, preferimos buscarnos algo más de qué engancharnos. Todo menos la prueba de viajar por mi interior, ese viaje, que es el más hermoso, todo mundo le huye porque piensan que estará tenebroso y lleno de dolor, lo cual tal vez no se equivoquen, pero, si tú fueras una mamá o un papá y tu hijo estuviera perdido en ese bosque ¿No irías a buscarlo? Al menos a mí me pasó que mi niña interior estaba llorando en medio de todas esas ramas, "murciégalos" y falsas creencias que hacían ver todo más obscuro... y si estoy escribiendo esto que les digo es porque nunca he sido tan feliz como cuando fui por ella y la tuve en mis manos. Cuando pasa eso te sientes tu propio novio, te sabes proveedora de tu felicidad y cuando esto pasa no quiere decir que ya no necesitas de nadie, quiere decir que estás lista para una relación sana. (O listo para los hombres guapos que me leen).
Nadie más debe cargarnos. Mal o bien nuestros padres nos enseñan a cuidarnos pero llega un punto en el que el cuidado es personal y el amor es propio. Casi todos venimos de una historia de dolor que "sin querer queriendo" nos pasó pero que si ponemos poquita atención ahí están todos los códices de la felicidad, de La Paz, de la libertad... y dentro de esos códices - para los que se desafían a descubrirlos en ese viaje interior que se chutan - se reirán de lo que antes llamaban problemas y vivirán para no crear más.
Serás el custodio de tu propia magia, serás tu zona de bienestar, serás tu paz, será todo tuyo y al descubrirlo no lo venderás por dos o tres monedas, porque, una vez que experimentas esa sensación, la conviertes en tu Duvalín y no puedes cambiarla por nada. Si eso te llegara a ocurrir ¿Te dará pánico el desamor? Para nada, entenderás que todo en la vida tiene ciclos y que si esa persona decide que se termina o tú lo haces, no hay por qué sentir que se nos acaba el aire. 
Entenderás al fin que la vida es eso que pasa mientras piensas que la felicidad está en exterior y no adentro de tu cuerpo. Es algo así como pasarse la vida excavando por el mundo en busca de un tesoro que está escondido en tu propia casa. Entenderás que el tema no es "corté" el tema es "le di el poder de pensar que él o ella eran mi tanque de oxígeno". Te consolarás que lo que se llevó lo puedes producir de nuevo.
Porque para los que saben que el amor sale de adentro con ingredientes infinitos, lo fabrican y reparten generosamente. Te vas a regenerar como las células de tu piel y darás gracias porque sabrás que para amar no precisas de una pareja, sólo de tu cocina interior. (Lean La Maestría del Amor) Y entenderás y te gustará recibir amor de vuelta, porque eso es maravilloso, pero sabrás que ese amor no se llama "sin él no soy nada", sino que se llama “Amarnos”. Punto se acabó. ¿Qué nos queda? No ser tan crueles con nosotros mismos pensando que estamos hechos por dentro una basura, o algo tan oscuro que nos da miedo conocer. 
En este maratón he estado introspectiva escuchando las opiniones de los demás y descubrí y por eso lo digo hoy, que todo mundo tenemos miedo de conocernos, que cuando les hablaba del viaje al interior me decían "y eso que tiene que ver con el desamor" o cualquier cosa que evadiera el tomar el avión adentro del alma. Sí, hay heridas, sí, no somos perfectos, habrá zonas feas de ver, pero al final de cuentas mi conclusión se simple: La vida se divide entre los que supieron quienes eran y los que se definieron por los demás. Entre los que se atrevieron a acomodar las capas tectónicas de su vida y los que asesinaron su identidad con el primer temblor, los que amaron porque amar es lindo o los que amaron por necesidad de aceptación, los que se cayeron y se pusieron de pie y los que no volvieron a caminar... los que vivieron y los que existieron, los que subieron el volumen de su voz interior y los que la bajaron. Los que tuvieron la valentía de poner todo en orden y los que se escondieron entre el mundo por miedo de ser vistos. Los que escribieron la historia de su vida sin pasar la pluma y los que se dejaron escribir por los demás. Los que gritaron su nombre y los que en el viento se desvanecieron...
Y yo le apuesto a la vida que ninguno de mis lectores se desvanecerá. ¡No señor! Mis lectores sacan la casa, mis lectores se ponen de pie, mis lectores me leen porque en el fondo saben que están agarrando fuerzas para poner en acción todas esas frases que les hicieron vibrar, mis lectores superan sus desamores, mis lectores viven. ¡Los amo! Amo haberme topado a algunos de ellos este fin de semana y abrazarnos y amo saber que están en el camino correcto, llenos de dudas, como yo, como cualquiera, pero decididos a buscar su tesoro al final del arco iris, nos vemos mañana preciosos, chulos, hermosos… no les tengan miedo a su historia personal, antes bien descubran que eso es lo que los define.
Un día llorando le dije a una mujer que ha jugado el papel de madre espiritual en mi vida y después de unos meses de no vernos me dice ¿Cómo estás? Y le digo:  ¿Te acuerdas de cómo estaba? (Ella estuvo presente en un momento de mi vida que literal estaba tiranda en el suelo)
-    Sí, me contestó.
-    Pues hermosa, si hoy estoy bien es por aquel viaje que me aventé a ordenar mi vida, si ahorita tengo herramientas para ver todo de color de rosa es porque ahí las encontré. Y si hoy estoy feliz es porque fui por mí.
Que onda ¿Te avientas a ir por ti? Di que sí… di que sí. Sé tu propio súper héroe y demuéstrate cuanto te quieres, declárate tu amor y descubre como la vida te ama de vuelta, o siempre te ha amado y no lo veías.
KILÓMETRO SEIS: ¡QUE VIVAN LOS SOLTEROS!


Arranca el kilómetro seis de el #MaratonDelDesamor y con él viene mucha risa y diversión… OK ya cortaste ya sentiste las desventajas ¿Y ahora? Ahora hay que conocer las ventajas de nuestra situación ¡Cómo no! Listo, nos encontramos solteros, sin nadie que nos hable y peor aún, con el corazón hecho polvo (y no se diga del autoestima).
Y sumándole a nuestra desgracia, la decepción del fracaso que nos hunde más y no nos permite ver la luz en el camino, nos bloqueamos y no logramos apreciar el maravilloso momento en el que podemos ser lo más egoístas posible y descubrir el mundo con nuestros propios ojos… y lo más importante, a nuestro ritmo. (Que en pareja debería ser igual pero luego nos confundimos).
A ese estado yo llamo con gran orgullo: la soltería. La oportunidad para descubrir que, a pesar del nombre –solteros del verbo nadie me pela- jamás estaremos solos si nos consideramos nuestros mejores amigos.
Y lean bien esto: Esta es la etapa a la que muchos sólo ven como un período de transición de pareja en vez de tener la capacidad de darse cuenta que poseen el poder de hacer y deshacer cuanto les venga en gana. En pocas palabras, la magia de gritar como lo hizo un día el buen Mel Gibson: “¡Freeeedom!”
Pero no cualquiera puede con esta profesión, ¡No señor! Ser soltero significa hacerte responsable de ti mismo y de tu felicidad y decidir que sólo cambiarás ese estilo de vida si es que encuentras una vida en pareja que supere la gran alegría y felicidad que ahonda en la capacidad de poder  estar completo cuando se está solo. (Que media naranja ni que ocho cuartos yo soy un apio salvaje).
Y todo esto no lo estoy diciendo “por decir”… ¡No señor! El kilómetro seis es sagrado y si mi mente pone estas palabras en mi cerebro para que pasen directo al teclado es porque mi experiencia como soltera me avala de tal manera en la que sin modestia alguna me llamo una soltera profesional.
Y es por eso que este maratón del desamor está avalado por la experimentación personal: Todo comenzó cuando corté. (Obviamente). Mi mundo se desmoronaba y el amor de mi vida era el único celular al que ahora tenía prohibido marcar. ¿Qué es esto? Me preguntó mi inocente y tiernito corazón que no tenía ni idea de qué hacer. En esos momentos no tuve respuesta para ese musculito que sufre tanto. Sólo sabía que el curso de mi existencia había cambiado drástica y dramáticamente y que no había nada que pudiera hacer al respecto.
Pero es justo cuando no tienes nada y no hay salida que tu persona “saca la casta” – como decía mi abuela – y la vida se pinta del color que tú quieras: negro como los recuerdos, gris como la amargura o blanco como una hoja donde puedes escribir lo que sea. Yo escogí la hoja en blanco. (Las otras dos me parecían demasiado patéticas, mi autoestima definitivamente no estaba tan baja).
¡Un viaje! Pensé y mi corazón latió más rápido; a diferencia de los días anteriores en los que sólo latía al ritmo de los recuerdos del ser amado. Y es que verdaderamente es impresionante cómo actuamos con impulsividad y aventura cuando nos damos cuenta de que estamos solteros. Esa es la primera ventaja: La actitud aventurera comienza a correr por tus venas. ¡No hay espíritu más dispuesto que el de la comunidad “single”! Cualquier opción es válida. Pero ojo, también están las decisiones erróneas, hay que filtrar. (Calmantes montes).
Nueva York fue la cuna donde decidí depositar mis amarguras, pero una ciudad tan imponente me gritó que no podía vivir del pasado, y su grito fue tan fuerte que me olvidé del ayer y me concentré en el regalo más impactante que tiene la vida: el presente.
Porque un soltero no deja de lado eso nunca, vive el día a día y disfruta de sus 24 horas completitas. La simpleza de dejar que el mundo te sorprenda (ojo, no dejar que te “lleve la corriente”), porque corrientes nunca fuimos y nunca seremos.
Comienza la función, nuestros sentidos se agudizan, nos adentramos en nuevas emociones y aunque no tenemos a quien “darle un codazo” para que vea lo que estamos presenciando, solos nos reímos del chiste o del hermoso paisaje que no tenemos con quien disfrutar. Pero nos damos cuenta que de todas formas lo disfrutamos. ¡No pasa nada!
Aquí viene la sensación de libertad. Captamos que no necesariamente tenemos que tener un “ente” al lado para admirar una puesta de sol, una buena canción en la radio o una noticia que queríamos escuchar. Abrimos los libros que antes nos estorbaban y le hablamos a aquellos amigos que habíamos desatendido, y aquí otra bella enseñanza: nos damos cuenta que una llamada basta para que notemos que los amigos nunca realmente se fueron de nuestro lado, nos fuimos nosotros. Pusimos “todos los huevos en la misma canasta”, diría mi mamá. Pero con ellos, una disculpa basta y volvemos a “las andadas”.
OK recuperaste tu asombro por la vida, tus amigos, tu tiempo. ¿Y ahora qué? Yo sé, entra una desesperación por volver a las canchas. ¡Pero espérate! Todavía queda más por aprender. Que quede muy claro que esto no implica que estamos listos para conocer a alguien nuevo. Son a penas los primeros pasos hacia la independencia emocional. ¡Que rico! Ustedes pensarán que es patético pero yo lo disfruto como amo asolearme en la playa con michelada en mano. ¡Estoy sola y está bien! Uff, no hay placer más grande que la paz interior. En este paso del proceso ya deberías de estarla sintiendo, si no, regresa y vuelve a leer los párrafos anteriores. Los que ya están listos, continúen con el siguiente renglón y permítanme felicitarlos.
Ready? Somos menos integrantes los que han llegado a leer hasta aquí, pero como dije antes,la soltería no es para todos, es una profesión, no una vocación, puesto que aunque nuestro destino es estar con alguien, tenemos que dominar primero el arte de la soltería si queremos una sana compaía.
Si queremos reunirnos con alguien para toda la vida -por los siglos de los siglos-, tenemos que experimentar primero lo que se siente estar solos o no sabremos lo que queremos, o peor aún, nos reuniremos con nuestro “peor es nada” con tal de no quedarnos bailando solos. ¡Ewwwww! Qué fuerte. En fin, continuamos.
Solteros, sin rumbo, viendo como se casan los amigos. Lo sé, es terrible verlos bailar el vals cuando no estás del todo contento con tu soltería. ¿Cuándo me tocará pasar al pizarrón? Nos preguntamos una y otra vez. “Diocito ¿qué onda?” diremos algunas. Pero paciencia mis reinas que esto, como dije, apenas empieza.
¡Focus! Mientras encontramos al prince charming o a la niña de la mochila azul tenemos que pasarla bien, incluso, cometer algunos deslices como parte del snack del soltero moderno, así que ¡Que empiece la diversión! 
En fin, luego de contarles mi historia como Lucía su soltera de cabecera fue que llegó la inspiración para compartirles en el sexto kilómetro del #MaratonDelDesamor la corregida y aumentada CONSTITUCIÓN DEL SOLTERO MODERNO. Porque todo soltero merece conocer sus derechos. Y es que si ya están en esta situación quiero que la amen, porque a la vida hay que amarla siempre. Y  porque estamos acostumbrados a no amar el presente, a querer estar solteros cuando tenemos novio y a querer tener novio cuando estamos solteros ¿Por qué no amamos lo que tenemos?
Los dejo con el sexto kilómetro, tus derechos, las ventajas de tu situación, tu:
MANUAL DEL SOLTERO MODERNO.
NOTA IMPORTANTE:
Está un poco chistoso lo que van a leer, lo escribí entre mil gente y todos opinamos y nos botamos de la risa y claro que algunos puntos nos invitan a discutirlos (incluso yo no estoy de acuerdo, pero es a veces como que el rol general) y por eso los puse por diversión, en este paso se trata de relajarnos, ya fue mucho dolor y chaquetas mentales y ya jugamos con nuestra mente demasiado, ahora se trata de leer y botarte de la risa más que de tomar a pecho los puntos ¿OK? ¡Los amo pues! ¡Ahí les van!
1.- Un soltero siempre será honesto, no tiene que mentirle a nadie sobre el lugar al que va, por lo que podrá ponerse una estrellita en la frente todos los días por ser la persona más transparente del universo.
2.- Un soltero odia y odiará el dicho de “estar a dieta no impide ver el menú”. ¡Ach! ¡Qué chafa dicho para los que tienen novi@! La frase de un soltero será: “Yo poseo un buffet infinito. (Abierto 24 horas los 365 días del año).” Como por ejemplo esa emocioncilla de ver quién te toca en el asiento del avión. (Yo siempre he jurado que ahí conoceré el amor de mi vida, pero bueno esa es idea mía).
 3.- ¿Explicaciones? Se las daré a Hacienda pero a nadie más. #CONPER
 4.- Un soltero es la persona más auténtica que puedes encontrarte: No pretende quedar bien con nadie ni tampoco fingir ser una persona que no es. Si no te caigo bien… sorry my friend.
 5.- ¿Suuuuuuuuuuegros? ¿Qué es eso? (Aunque yo debo decir en este punto que yo he tenido los mejores pero es sabido que todo mundo odia a los suegros y esas cosas).
 6.- La única prohibición que un soltero puede tener es la de no estacionarse y no fumar en los restaurantes, de ahí en más…. the sky is the limit.
 7.- ¡Sombra aquí y sombra allá maquíllate maquíllate! Eso y escotes y chiquifaldas, todo es bienvenido. No hay policías que vigilen los centímetros de la mini.
 8.- ¿Crudas morales? ¡De qué me hablas! Mientras más mal te portes, mejor amaneces.
 9.- Jamás te pondrán el cuerno… libérate de sospechas. Y mejor aún, tampoco lo pondrás.
 10.- ¡Libertad en las redes sociales! Todos escríbanme en mi muro, twitter y taggeen la mayor cantidad de fotos posible… im cool with that.
11.- ¿Contraseñas en el iphone? Come on! Lo puedo dejar en la mesa e ir al baño con singular alegría.
12.- Capacidad para automedicarse salidas de fiesta de lunes a domingo. El doctor “es uno”, uno sabe lo que necesita el cuerpo.
13.- A diferencia de alguien con novio, un friday night tiene MUCHO MÁS EXPECTATIVAS que un viernes enganchado a la pareja. ¿Si o no? Pues aunque nos haya ido de la patada, al menos nuestra ilusión duró hasta que de plano ya estábamos en los tacos y pensamos “ya valió”. Mientras tanto, ¡Todo pudo haber pasado!
14.- Gente con memoria de teflón, no se preocupen, no hay ninguna fecha que tengan que recordar.
15.- Una persona soltera jamás vive el drama, sino pura comedia.
16.- El coqueteo es el pan de cada día.
17.- No tienes que inventar “amigos gays” o “ella es mi prima”. Ultimadamente, es mi ex novio o mi free y la saludé, ¿A los demás qué?
18.- Disfrutas más que nadie los viajes de despedida de soltero. “El que se casa se tiene que portar bien y los casados ni se diga”. Pero “una” ¡A pecar!
19.- ¿Con cilantro y cebolla? ¡Clarooooo! ¡Viva la cebolla!
20.- Cambiar de planes como deporte del día cuando se es soltero es delicioso. Siempre sí, siempre no, o tener cinco planes el mismo día e ir a todos.
21.- No se disfrutan más a las amistades que cuando estás solter@. He dicho.
22.- Olvídate de tener un alcoholímetro privado con vigilancia las 24 horas del día. ¡Que tic!
23.- Nunca en tu vida cantarás con más enjundia las canciones ardidas como cuando se está soltero. Guilty pleasure del top.
24.- ¡Di NO a los eventos familiares ajenos! ¿Bautizos en sábado a las nueve de la mañana? ¡Jamás!
25.- ¿Que está una niña guapísima en el antro y curiosamente al lado de tu mesa? ¡Bien por ella! (Si en esos momentos yo tuviera novio sería una pesadilla pero hasta te cae bien la jovencita cuando se está soltera).
26.- Se me antojó no bañarme hoy… y simplemente no me bañé.
27.- ¿Halagos? Bienvenidos y de quien sean, un soltero siempre los recibirá con gratitud.
28.- Cara lavada como estilo de vida de domingo: Sí.
29.- Derecho total al sabroseo. (Entiéndase por saludar a un ex novi@ o galán(@) en turno con mucho afán, moviendo los brazos de arriba a abajo mientras estrechamos nuestros cuerpos en un saludable abrazo de encuentro casual).
30.- Las after partys, el segundo hogar del solter@ moderno. ¡Sí a seguir la fiesta! No tenemos que llevar a nadie a su casa ni tenemos hora de llegada.
  
31.- Compensar nuestras llegadas tarde a casa con un: ¨Papás, no me juzguen estoy en busca del amor”.
32.- Sol, arena y mar sin ser juzgada. Yo me tiendo en la arena a mis “anchas” LITERAL. ¡Mesero! Otra piña colada por favor.
33.- Estando solter@ no sé que pasa pero ¡Tod@s están guap@s!
34.- No hay mejor ACTITUD que la de un soltero. Ésta ni me la discutan.
35.- Las mariposas van y vienen, nos podemos pseudoenamorar cada fin de semana.
  
36.- Se vale besar sapos… Es meramente research.
37.- Tú, tú, tú y sólamente tú, eres tu propia conciencia. Nadie más.
Times
38.- La mejor manera de encontrar a alguien es cuando estás al 100% y sólo puedes estar enterito y feliz si has podido decir que eres o fuiste un verdadero soltero moderno.
Que conste que estos puntos o apartados no salieron de mi cabecita, sino de una ardua recolección de opiniones donde solteros y no solteros expresaron su sentir. Nos vemos en el kilómetro 7 donde volveremos a estar un poco más profundos…
Yo, por mi parte, les acepto que sí busco el amor y que la soltería es una etapa (muy padre pero no el destino de mi velero). Ya llegará alguien por el que valga la pena romper estos puntos que un día fueron fascinantes y que recordaré con mucho cariño. En fin, esa es mi conclusión, eso y que siempre disfruten la etapa en la que están… estamos chiquitos y queremos crecer, estamos grandotes y queremos ser niños… ¿Por qué no amar lo que viene y lo que está? Los quiero.
KILÓMETRO SIETE: Tu verdadero amor

Atención, cuidados, seguridad, compañía y amor. Desde que gateamos deseamos y necesitamos de estos ingredientes para poder vivir. Y tal vez esos atributos se los adherimos a un príncipe azul porque nos enseñó Disney que nuestras necesidades básicas se cubrían con un hombre con espada y corcel.
Y es que también de pronto nuestros papás cooperan con la causa de pensar eso porque nos aman tanto que en vez de enseñarnos a que nos cuesten las cosas se convierten en nuestros proveedores para que al estar llenos de todo salgamos a la nada a ser felices. No sé qué dije pero estoy sensible y prometo a llegar al punto, pero no quiero editar.
Cuando yo sea mamá entenderé de lo que digo pero es una verdad que los papás no quieren vernos sufrir; a veces nos levantan castigos por compasión, nos compran el coche aunque no sacamos las notas que querían y salimos a la universidad sin saber lo que cuestan las cosas. (No en todos los casos estoy ubicando una caricaturesca realidad) La cosa aquí está en que¿Quién de nosotros sabe ser auto proveedor de atención, cuidados, seguridad, compañía y amor? Si hay alguno que esté leyendo esto quiero decirle que lo admiro.
Para los que no, incluyéndome pero intentando que sea diferente, les digo que somos unos coches sin gasolina. ¿Hacia dónde ir cuando no tienes ni con qué arrancar? Y la cosa aquí es que la vida pareciera que nos entrega unas monedas y luego nos pide que las reproduzcamos y que seamos un negocio que siempre de frutos. Que reproduzcamos el mucho o poco amor que nos dieron, que creamos en nosotros mismos con lo poco o mucho que creyó mi papá o el tuyo en ti o en mí y que ofrezcamos a la vida un ejemplo de la misma.
Está difícil lo sé… no podemos ni ponernos de pie en la mañana y la vida ya nos demanda todos estos requisitos. “Yo te di las monedas” Nos dice. ¿Cómo es que se echa a andar nuestra máquina de amor? Sigo sin saberlo del todo si lo sé les digo qué botón es…  el punto es que, necesitamos dejar nuestra actitud de levantar la mano pidiendo algo y comenzar a preocuparnos por nuestra fábrica de amor y ser nuestros propios proveedores. (Y ponernos el letrero de “somos fabricantes”).
Un día – hace más de cinco años -  estaba en Plaza Pabellón (cuando era cool) afuera del cine con una amiga que adoro: Chani. Nuestras pláticas son siempre intensas y yo estaba sensible como cualquiera en un domingo donde los vacíos te carcomen. 
Me quejaba de la vida, le decía que yo no había tenido tantas monedas y que estaba enojada de tener que reproducir a manos llenas algo tan pequeño, que odiaba algunos episodios de mi vida y que no merecía algunos otros…
Le dije que la vida había sido algo injusta, que me había jugado chueco, que yo daba amor y era buena y no merecía ciertas circunstancias a cambio… ella me escuchaba sin opinar, me dejó desahogarme, sabía tal vez que no todo lo decía en serio, sus ojos negros se me quedaban viendo… asentía y me dejaba continuar y en eso, cuando todo se calmó, intervino, intervino de una manera que no he olvidado después de tantos años y me ha servido como herramienta para recordar lo que verdaderamente importa:
Lucía, llega un momento en la vida en que ya recibiste los “te quiero” de tu papá, muchos o pocos pero ya los tienes, ya te tocó que cuidaran de ti, mal o bien pero que cuidaran, ya te tocó ser niña, ahora te toca ser mujer. ¿Qué vas a hacer con lo que sí tienes? No te estoy preguntando por lo que te faltó, eso ya no lo tuviste y el tiempo no volverá. ¿Qué vas a hacer con los “te quiero” que tienes de tu papá? ¿Qué vas a hacer con los recuerdos de tu mamá? Con los días que sí la tuviste. ¿Qué vas a hacer con el amor que se te dio?
Esa era la pregunta ¿Qué vas a hacer? Me lo dijo tan consciente de que eso necesitaba escuchar… no necesitaba que me compadecieran sino que me ayudaran a echarme a andar… los engranes de mi fábrica de amor, sin usar, le aplaudieron a Chani en ese momento… (y en este le aplaudo yo, gracias amiga).
Me tocaba actuar. Me tocaba ponerme de pie, me tocaba vivir mi misión de vida. La mía, la tuya, cada quién tiene una.
Nos concentramos tanto en tener un proveedor de amor, seguridad, comprensión, compañía, que se nos olvida que somos una fábrica de todo eso. Nuestros padres a veces no nos enseñan a usarla, es muy delicada, cada una funciona diferente y los resultados son distintos. A veces puede pasar que los papás nos enseñan como usaron la suya pero cada una es diferente, cada quién tiene su sagrada historia de vida y su sagrada misión de la misma… yo me olvidé de la mía buscando un príncipe con capa y espada y de rodillas al suelo les digo arrepentida que nunca pensé que yo tenía todo lo que estaba buscando adentro, en mi alma, esa que creo que se esconde entre los pulmones.
Y al escuchar a Chani, y al vivir lo que he vivido y al saber que ahí estaba lo que he buscado tanto tiempo es que me inspiré a hacer este #MaratónDelDesamor como parte de mi misión de vida. Porque una vez echada a andar la fábrica del amor y experimentar todo lo que hay dentro de ti para dar, no puedes detenerte, nada es más fuerte y nunca se detiene. El amor es lo más infinito que conozco y alguien que yo conozco y probablemente está leyendo esto sabe de lo que hablo… (ojalá sepas que eres tú).
Una vez que echas a andar tu fábrica del amor, todo es coherente, no buscas a nadie que la hiera, te limitas a dar sin esperar nada, pero no permites que nadie te robe tus piezas principales, solo compartes el producto de lo que sale de ti, no a tus engranes.
No te desangras de amor porque no entregas el corazón, antes bien lo abrazas y le dices… “Mira lo que sale de aquí, eso sí es para ti.” Permites que los demás te toquen pero no te arrebaten tu ser, que te respiren pero no te quiten el aire, que te sientan pero no te violenten, que vean que bonita estás, pero no que se crean dueños de tu belleza y presidentes y directores de tu fábrica de amor, que es tu empresa.
De eso quiero hablarte hoy ¿Cuál es tu misión de vida? ¿Quieres ser bailarina? ¿Te gusta diseñar? ¿Estás llena de cualidades y no sabes cómo explotar? ¿Tienes ganas de hacer grandes cosas pero no sabes cómo empezar? Bien, si tienes todas esas preguntas ya estás aquí empezando conmigo, escuchándome como yo escuché a Chani un día y me volví dueña de mi fábrica… o más bien y ojo con esto: ME DÍ CUENTA QUE SIEMPRE FUE MÍA.
Cuando estés en este punto y sientas esto que te digo sé la sensación que te provocará intentar poner manos a la obra y voltear a ver a esos hermosos engranes que son tan tuyos, que se construyeron con dolor, con lágrimas, con risas, con historias, tuyas, de nadie más. ¡Sé la inspiración y la urgencia por empezar te invadirá! ¡Siéntela! Se llama contentismo.
Cuando hagas consciencia de que en esta vida venimos a realizar una misión súper sagrada (con permiso James Bond) y comiences a sentir lo que te hace vibrar y eso hacer, vas a entender que una pareja no es más que tu más grande fan. Ese hombre o esa mujer que llegará a ver tu fábrica y dirá “Wow” y no se atreverá jamás a tocarla de mala manera, o mejor aún, no lo permitirás nunca. ¿Te fijas que sagrado eres?
Verá cómo custodias tus pertenencias y cómo te desvelas por tus objetivos y se le caerá la baba y querrá estar contigo y cooperar con la causa. Y de pronto te enseñará que él o ella también tiene una misión y si te gusta su fábrica, se asociarán y harán grandes cosas.
Soy de las que pienso que las personas no se enamoran unas de otras, se enamoran de la misión de vida de unas o de otras… esa misión que se descuida cuando tenemos pareja porque como nuestra fábrica “no sirve” o eso pensamos, entonces vemos en el otro una fábrica para asaltarle amor. No, no vuelvas a caer en eso, tú eres mucho más fuerte, tu fábrica quiere echarse a andar y dejarte ver lo poderosa o poderoso que eres. Llamando el poder no como algo que puede usarse en contra de nadie sino a favor de todos.
Mi poder son las palabras, me gusta compartirlas, si a alguien se le ilumina su fábrica con ellas y la ve y la puede usar, puedo morir en paz. Moriré feliz, no porque tuve uno o dos novios, sino porque mi misión de vida fue mi verdadero amor…
Si yo muero escribiendo, moriría sonriendo. Si yo desgasto mis calorías en crear más cosas que contagien mi amor por la vida, estaré satisfecha. Si yo no encuentro el amor de pareja nuevamente, no pasó y ya está, y si pasa que padre porque tengo muchas cosas que compartir en pareja, pero de todas formas mi misión de vida puede incluir estar sola y de todas formas se cumplirá.
Si mi corazón se acaba haciendo lo que ahora hago… ¡QUÉ IMPORTA SI EL PRINCE ERICK SE CASA CON OTRA! Dios, es liberador saber que nada interrumpe tu misión de vida cuando estás segura de lo que quieres. ¿Qué deseo estar sola? No, no lo deseo, quiero encontrar esos amores que ya saben cómo se siente… que estallas, que te impulsan, que te decoran la vida, que te hacen hacerle todos los detalles que te imagines y explotes en ocurrencias, sí, sí lo deseo, pero antes que eso deseo que mi fábrica estalle aquí contigo… más allá de la vida… deseo ser una escritora que se conecte con sus lectores, si eso logro, estallaré de igual manera.
Estoy viviendo por lo que estaría dispuesta a morir… así que… estando así y sintiéndome así, si el amor en pareja llega o no llega es cuestión de averiguarlo… Los quiero. ----- Dios, que una actriz que admiras te diga que te leyó y que le cayó como anillo al dedo... motivo para regresarme de la oficina a mi casa bailando... pero traigo coche. ¿Cómo bailo en el coche? #contentismo #amoaXimena#maratondeldesamor



KILÓMETRO OCHO: La Abundancia




¿Cómo es posible que no podamos 
sentirnos merecedores de lo más
 bonito que podamos imaginar?
A veces me pongo nerviosa cuando voy a contar algo muy personal y es que lo traigo así como tan a flor de piel que todavía ni lo digo y me siento ¿Cómo se dirá? ¿Nostálgica? A veces cuando escribo hago una catársis y descubrimientos mientras lo plasmo y no sé que vaya a salir de esto que hay adentrito pero no por mucho tiempo: Exteriorizando en cinco, cuatro, tres…
Les había dicho que mi viaje a Europa había sido muy revelador, en varias ocasiones les contaba que tenía escritos atorados en la garganta (misma que ya me quitaron ¡ja!) y no sabía como traducir los sentimientos así que tenía que procesarlos. La vida me estaba llenando de inspiración y sentía que se me escapaba de las manos pero no fue así, todo lo que viví es mío y ahora tuyo…
Al estar entre las callecitas de Edimburgo, caminando por el palacio de Versalles, entendí que el mundo estaba ahí para mí, descubrí que sólo era cuestión de que le abriera las puertas a la abundancia (y no niego agregar el montón de suerte que he tenido en el camino). En fin, veía como todo estaba de algún modo a mis pies y caminaba por lugares que tanta gente importante del pasado y del presente había recorrido. Y me comencé a sentir como cuando vivía en Nueva York: pequeñita e inmensa.
-       ¡Margaret! – Estaba con ella en el Palacio de Versalles y le dije - ¿No estás emocionada sintiendo todo lo que María Antonieta sintió? Seguro venía aquí con las cortesanas a platicar, seguro por aquí veía llegar a su esposo, seguro que todo… ¿No te das cuenta? ¡Esto es como un viaje en el tiempo! ¡Oigan! – Le hablé a los demás – Les quiero contar… - Y entonces el grupo se integró con Jacqueline y Jorge y volví a repetirlo emocionada, con todo el contentismo que no sentí nunca jamás. – Pobres, siempre tenían que oírme diez veces mientras yo platicaba como cuando una niña chiquita describe sus regalos de navidad. Y así fue que les conté la historia del huevo. (léela aquí).
Y mientras llegaron doscientos escritos a mi cabeza que no supe procesar… todavía. Recuerdo la vez que cenamos en la calle que subía en Edimburgo y paramos en un café a platicar, cada uno de los del viaje contó una situación, problema o traba en la vida y después algo que había aprendido en el viaje. Cuando tocó mi turno les dije que en mi cabeza no estaba imaginado estar aquí, que de algún modo sentía que no lo merecía, que este tipo de vivencias no estaban hechas para mí y que como ladrona estaba siendo testigo de algo indescriptible a mis ojos que me había acaparado de alguien o algo así. Que la vida para mí era diferente, era batallarle, era sufrir, era todo más difícil y no incluía estar al otro lado del mundo.
Que las niñas como yo estábamos diseñadas para aguantar mucho y convertirse en escritoras para narrar sobre lo que no podía tener y así poseerlo. Lloré, les dije que estaba agradecida que estos días veía la hora en Europa y eran las 11:11 y regalaba mis deseos porque no quería nada más. Que estaba disfrutando esto como señal de aprendizaje de que las cosas sí pueden pasarme (sí pueden pasarte), que estaba con este viaje haciendo lo que quiero que hagas: Abrirle las puertas a la abundancia.
Es impresionante pero ahora que entendí esto pude observar a mi alrededor y ver como cerramos las puertas a lo bueno y dejamos abiertas a las desgracias porque esas las conocemos mejor. Como una vez le dije por teléfono a una amiga cuando estaba conociendo a un niño que me gustaba y tenía “mello”:
-       Cherry es que me choca que cuando estoy en una zona de desgracia o pasando por una tristeza soy la mujer más productiva y saco los mejores escritos y hago rendir mis alegrías para que todo esté en orden y funciono bien, es triste pero funciono mejor en el mundo del dolor. Y cuando tengo todo lo que quiero, cuando todo lo bueno me está pasando, para empezar no me la creo, trato de justificármelo como si no lo mereciera y estuviera diciendo cosas buenas que he hecho para tratar de igualar el partido, y después entro en pánico porque no sé cómo comportarme dentro del mundo de la plenitud, del todo lo bueno me pasa, de todo puedo tener… espero la salida al final del camino porque hasta siento que no se puede ser tan feliz todo el tiempo y busco la posible zancadilla que me meterá la vida para prepararme. ¿No es esto una burla de vida? Sí, a veces tengo los pensamientos más negros y no todo lo veo bonito como a veces creen, a veces pienso que la zona de plenitud me aterra porque se siente un piso inseguro, es como si la felicidad fuera una montaña y al estar arriba tienes miedo de caer, y el dolor fuera un pozo y al menos sabes que no puedes estar más en el fondo…
Y esa es la historia de mi vida, una mujer que a penas le está perdiendo el miedo a la abundancia y del cual quiero que pruebes en este kilómetro. ¿Cómo es posible que no podamos sentirnos merecedores de lo más bonito que podamos imaginar?¿Cómo es posible que hasta restrinjamos nuestra mente de pensar cosas tan increíbles para no emocionarnos de más? ¿Cómo es posible que la puerta de la abundancia esté cerrada? (Hablo por mí pero generalizo para no sentirme tan sola en esto).
No señor, no quiero eso para ti y no quiero eso para mí, abrámosla juntos. La abundancia también quiere entrar, la abundancia quiere que pienses que podrás tener lo que tanto quieres, que podrás hacer y deshacer con tu vida lo que te plazca y que saldrás triunfante o es que ¿Nos es más fácil pensar en fracasos para así estar preparados pero nunca pensamos que también para el éxito se requiere estar preparado y atento?
Así que como dijo Proyecto Uno te digo: Ponte atento. Es hora de tener el valor de estar preparados para triunfar. Claro, triunfar requiere mucha responsabilidad, mucha disciplina, mucho autocontrol, mucha demanda de nosotros para con la vida: ¿Qué voy a hacer con la abundancia? Ser abundantes reclama también ver por los demás, ser generoso para que volvamos a recibir más, la abundancia es una responsabilidad y a veces es más fácil estar en la zona del fracaso.
“Yo creo que esa niña no me va a hacer caso” y no luchas, “yo creo que a ese niño ni le gusto” y te comportas como si no te importara para rechazarlo primero. No señor, nosotros somos seres que tomamos una estrella cuando la vemos en el cielo. No tenemos miedo de ser custodios de nuestros bienes porque sabemos que después de todo sí los merecemos y que sí se puede tener un cielo en la Tierra.
Si tan sólo al leer esto intentas creerlo, o se te graba en tu mente la posibilidad, ya con esto me doy por satisfecha en este octavo kilómetro… pero como le abro la puerta a la abundancia creo más cosas, creo que no sólo lo tomarás en cuenta sino que tomarás cartas en el asunto de tu vida y harás algo porque así suceda, cierro mis ojos y me imagino en mi mente personas abriéndole la puerta a la abundancia, no es coincidencia que estés leyendo esto, yo creo que la abundancia toca la puerta de diferentes maneras diciéndote: Mira el lado bueno de la vida.
¿A qué le llamo abundancia? A tener consciencia de lo que sí tienes, a creer que sí puedes, a no tener miedo de hacer locuras porque los resultados de alguien que hace las cosas con pasión no pueden ser negativos, porque para crear maravillas hay que tomarnos de la mano de la posibilidad de sabernos capaces.
Ábrele la puerta, ya verás como se cuela la abundancia en tu vida, como las cosas no tienen que ser tan difíciles, sólo lo necesario, deja de aumentar el tamaño de los problemas y reduce tus miedos, la vida es más simple pero nuestra mente juega con nosotros porque venimos del dolor y el dolor cuando se recuerda nos paraliza.
Al contrario, la vida se trata de todo lo contrario, de caminar con cicatrices, de volver amar cada vez de una mejor manera, de abrir los brazos ante lo que venga porque somos capaces de hacer maravillas con la materia prima que tengamos enfrente.
Cuando esto pase sabrás el secreto de mi situación de vida: Yo hice del dolor una maravillosa historia y esa es la que comparto todos los días y abrazo esos días tirada en cama preguntándome de qué me servía la vida porque son esos días los que ahora me hacen saber que puedo conectarme contigo e invitarte a hacerte la vida más abundante. No sé, siento esa necesidad y si a caso logro mover algo en tu vida, o más bien lo haces tú a través de escucharme o leerme, yo ya gané y honramos juntos nuestros días tristes.
Deja que cada cosa tome su orden, el pasado está atrás, el futuro está muy adelante, camina en el ahora y descubrirás que ese ahora lo es todo.
No tengas miedo de volver a intentarlo, ten miedo de convertirte en un aragán que ya no cree en los finales felices. ¡Pero no te concentres en el final! El presente ya es feliz. Dicen que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, pero también es cierto que nadie sabe de lo que se estaba perdiendo hasta que lo encuentra... NOTA: Quiero confesarles por qué empecé el #MaratonDelDesamor todo empezó porque hice un escrito que se llamó "Mi primer grito de paz" y no lo leyeron mucho, cuando vi las estadísticas me entregaron puros escritos de sufrimiento a la cabeza y este que habla de abrirle la puerta a la plenitud y hacer todo diferente y mejor no hizo tanto "click" y me pregunté ¿Por qué? Y le dije a mi terapeuta ¿Qué hago? y me dijo: Crea algo para llevarlos a que ese escrito haga más sentido... y creo que con este maratón, si lo han leído desde el principio, se me figura que este escrito que les paso abajo hará un poco de más sentido, creo, no sé, no sé, yo sólo sé que no se nada pero se me figura. Si quieres leerlo da click aquí.
KILÓMETRO NUEVE: Volver a nacer
Uno de mis libros favoritos lo leí porque una persona que quería mucho lo había leído y me gusta saber por qué les gusta un libro así que lo compruebo. Se llama La Rueda de la Vida, de Elizabeth Kübler Ross. Sus letras me acompañaron mientras mi mamá tenía largas rondas en el hospital… ¿O fue mi abuela? No me acuerdo, pero lo leí en un hospital (me acuerdo estar acostada en el piso y mis tías “que asco, está sucio el piso” yo nomás le daba vuelta a la página).
Otra parte la leí en la terraza de mi casa después de comer con la panza llena echándome las historias de una mujer que nació gemela, que su papá cocinó a su conejo negro y se lo comieron y ella se traumó al tener que masticar a su mascota, (ese lo leí en la cochera, lloré, amo a los conejos). Creció y se hizo ruda y tierna, dura y sensible, definida y apasionada… una mujer curiosa que comenzó por ayudar a los moribundos.
Le causaba una atención especial una persona que estaba a punto de morir. ¿Cómo le gustaría a esa persona que fuera tratada en los últimos días de su vida? Se preguntaba y así terminó por tener en su casa un hospital para cuidados a enfermos terminales de VIH. En este lugar ella tenía una oficina con sus escritos y estudios sobre lo que aprendía en el camino de convivir con personas que sólo tienen últimos deseos…
Tenía también en ese lugar sus fotos de niña, en pocas palabras toda su alma adentro de ese cuarto y  otro pedacito entre los pasillos y los cuartos de los enfermos pero todo su ser estaba en esa casa y es por eso que no me olvido el capítulo en el que los vecinos – que tenían miedo de que personas con VIH vivieran cerca de la colonia -  quemaron todas sus cosas. Cuando ella regresó a casa, su casa estaba hecha trizas.
“Todo era humo” – algo así me acuerdo que decía – Mis documentos, mis estudios, mi diario, mis escritos, mis fotos de niña, no quedaba de mí nada, ya nada existía para validar mi existencia, podría morir y nadie sabría quién soy. Entonces, vi una roca todavía caliente por el fuego, me senté, me senté a decidir qué hacer…
No me acuerdo que pasa exactamente en ese diálogo interno pero después de ver todo lo que había perdido recuerdo que se pone de pie y páginas más adelante reconstruye su vida… y es así que no se me olvida el día en el que Elizabeth lo perdió todo y lo recuperó después.
Era una adolescente cuando leí La Rueda de la Vida y nunca en la vida había sentido lo que sintió Elizabeth. Sentí compasión por ella, había leído la forma en la que había construido su misión de vida y la generosidad con la que cuidaba a sus enfermos. Recuerdo bien cuando leí ese incendio y lo describió tan bien que me senté junto con ella en esa piedra… y en mi madurez menor, sentí su dolor.
Fue cuando cumpli 21 años que entendí de mejor manera lo que Elizabeth sintió. A esa edad era una niña sociable, buena onda y vanidosa del ITESO, lo tenía todo, una beca que me permitía terminar mis estudios, una carrera que amaba (Comunicación, iba a las clases extasiada, queriendo ser fotógrafa, luego reportera, luego escritora, luego dar las noticias… luego fotógrafa otra vez…), tenía un bocho blanco al que llamaba Herby y no tenía estéreo pero me había robado una grabadora de mi papá de pilas y ¡PUM! Cantábamos todas mi bocho y yo. Tenía licencia y me creía mil y obvy tenía sobre todo un novio de envidiar.
No quiero ni me siento todavía preparada para platicar lo que sucedió esa vez pero como Elizabeth un buen día desperté y lo perdí todo. Mi cabello largo amaneció chiquitito, no vivía en mi casa sino en un hospital y mi novio ya no estaba, y mi popularidad en el ITESO tampoco y mucho menos mi último semestre… no me graduaría. Había perdido el bocho en un accidente y desperté en el hospital, donde viví cerca de un mes que a mí me pareció un año, me rehusé a aceptar que era mi cumpleaños y tirada en la desgracia me quedé completamente sola, ni siquiera conmigo. Dios, pensé que nunca lo platicaría. (está todo revuelto pero la verdad es que no quiero que entiendas nada, sólo que lo perdí todo).
No me olvido de esa escena, mi papá me había ido a visitar, pensé que de rutina, pero no, venía a decirme que se había muerto mi abuelita Flor. Pobre de mi papá, no sabía como decirme eso porque era agregarle otra mala noticia a mi entera mala noticia que era mi ser y todo lo que me rodeaba. “Lo entiendo” le dije, horas después mi novio terminó conmigo – no entiendan nada, en este capítulo teníamos que separarnos y lo hizo de la mejor manera - y ya era como que las cosas sumadas me hacían no saber dónde estaba ubicado mi dolor, lo sentía en todo el cuerpo y también en el alma... Tal vez ese día el sol no salió o al menos no lo vi.
Ese día hasta yo me daba pena y adolorida de los huesos caminé hacia el pasillo verde pistache como todos los hospitales y salí a la terraza escuchando quejidos de gente de otros cuartos y los míos, caminaba lento, estaba mareada, no sabía quién era ¿Les ha pasado que no saben quiénes son o dónde están? Me senté en donde pude y comenzó a llover. (No les dije pero en la escena de Elizabeth en la piedra, comienza a llover y ella enciende un cigarro pensando en que tiene que volver a empezar). Ahí, con una mano para que no se mojara mi cigarro, me convertí en ella y pensé “ahora sé un poquito mejor lo que se siente, en mi pequeña versión dramática, pero Dios sabe que me sentí como ella, tanto que reviví la escena: lluvia, mi cigarro y yo con nada…” Sentí cómo me había muerto y cómo era una opción, de ella y mía, volver a nacer.
Ahí en la lluvia descubrí que tenía dos opciones, dos caminos se abrieron entre las gotas que caían y sentí que eso debió haber pensado Elizabeth. “Puedes convertirte en la mujer más amargada del mundo, al cabo tienes razones suficientes,  o puedes volver a escribir tu historia y recuperar lo recuperable y despedirte de lo que no va a volver a ser…” Después de todo, ella tan capaz y tan apasionada… ¿No podría volver a hacer nuevas todas las cosas? ¿No es así la naturaleza? ¿No son los cambios la única constante en la vida? ¿No podría yo parecerme un poquito a ella y ponerme de pie?
Me tomó muchos años reconstruirme, podría decir que después de tres estuve entera, pero ese día, esos minutos, ese tiempo que pasé en el hospital, son mi causa entera por la que escribo contigo esta historia de una niña con un blog y un libro y esas cosas… En ese momento que la lluvia me mojó como a ella, me convertí en Lucía la de Flor y aunque pasé mucho tiempo de desesperación y aunque me gradué un año después con gente desconocida, y aunque perdí a mi novio y también mi bocho, y aunque mi pelo creció lento y me desesperaba también, volví a ser yo, la misma pero diferente.
Te preguntarás por qué te tuviste que chutar una historia como esta en el noveno kilómetro del maratón del desamor que por cierto no pude escribir el viernes porque mi coche se quedó debajo del túnel de Las Rosas de López Mateos porque se le cayó el clutch. Pero qué bueno que fue así porque tuve tiempo de pensar muy bien lo que quería decir aquí y resumo todo lo que has leído en estas palabras: Todos nacemos más de una vez.
Volvemos a nacer cuando terminamos con una pareja, volvemos a nacer después de un divorcio o quedar viudos, volvemos a nacer después de perder un trabajo, volvemos a nacer después de una muerte cercana y volvemos a nacer como Elizabeth, cuando nos quedamos sin nada pero recordamos que si un día pudimos hacerlo podemos hacerlo de nuevo.
Las personas que hemos nacido más de una vez sabemos la riqueza que hay en las muertes de la vida. Entendemos que lo que perdimos probablemente ya ni lo necesitamos o que si lo necesitamos podemos crear alguna forma de suplirlo, entendemos que a veces somos más felices en el segundo nacimiento que en el primero,comprendemos que probablemente si no hubiéramos muerto aquella vez no seríamos quienes somos y lo más padre: Nos hacemos más fuertes y las personas más fuertes adquieren una vista diferente de las cosas. No se hunden en la primera tormenta y saben apreciar un rayo de sol aunque sea de esos leves que salen en Londres (es que ya fui a Londres J).
Y la verdad es que, así como Elizabeth, encontré mi misión de vida nuevamente en esos días que pasé deprimida y sin ganas de nada… recuerdo muy bien esos días, tengo unos diarios que explican esos tres años donde “ay jijos” tuve que buscar dónde dejé los pedacitos de mí. 
No se me olvida una vez que alguien que ya sabe quién es me vino a visitar… es una mujer hermosa que me regaló una vez un conejo color miel al que cuidé el tiempo que estuve triste.“Es que un psicólogo dijo que era bueno tener una mascota cuando estás triste…” Y fuimos juntas a comprarlo.
Además de ese gesto bonito me acuerdo que de los cien mil consejos que recibí para salir adelante, el único que no se me olvida es el de ella: Lucía, un día esto va a pasar y hasta te vas a reír. Un día vas a sentir cómo todo eso pasó hace mucho tiempo, cómo estás diferente… y alegre. Cuando me lo dijo le contesté que los segundos se me hacían horas y que para que me sintiera como ella dice faltaban doscientos mil ochocientos años luz multiplicados por el infinito… y ella me tomó de los dos brazos y con los ojos grandes me volvió a repetir todo:
Algún día, lejano si quieres, pero de seguro pasará, verás esto y lo sentirás lejos, pasará, y estarás feliz. Sólo aférrate a eso.
Pasaron como cinco años cuando me la topé en un antro y le dije “¿Te acuerdas de tu consejo?” Ya estoy viviendo en esos días que me prometiste… sentí tan bonito saberme fuera de ese vacío y vuelta a nacer que aunque fuera con humo y luz y sonido y sin podernos escuchar bien, tenía que decirle…
Y también tengo que decirte a ti lo mismo que ella me dijo si es que te encuentras en esa situación. La vida no está diseñada para los finales infelices… lo sé, lo sé no sé por qué pero lo sé. Y me siento ahora tan bien de volver a nacer que de algún modo si dedico mi vida a convencer a la gente que “todo estará bien” habré gastado mi vida en algo que para mí vale la alegría y no la pena…
Y no sé, me cuesta trabajo cómo plantear las cosas para que alguien en esa situación pueda escuchar estas palabras y sé de algún modo que el maestro no llega hasta que el alumno quiere aprender… (No estoy diciendo que yo soy maestra, sino la vida: me refiero a que hasta que tienes las orejas paradas para escuchar algo es que lo escuchas, hasta que estás listo para tomar acción es que llega una tormenta de ideas, hasta que te decides a terminar con esa rutina que te vuelve loco o loca es que llega ese viaje que querías… hasta que dejas de andar tan terco o terca es que la vida te dice "Es por aquí").
De algún modo me gusta ser una vocecita que nada más te dice “ándale ya empieza a escuchar a la vida” y ya, la vida se encarga de todo. Así me pasó con ese consejo de ella,siempre el cosmos se vale de los medios más originales para hacernos despertar, para volver a nacer de una mejor manera.
Así que, en este penúltimo paso del maratón del desamor sólo quiero decirte que escuches a la vida, que tiene todo que decirte. Y que si te sirve de ejemplo el ver que existen personas que se hunden y se levantan, obsérvalas, yo en mi mundo me siento una de ellas y no es por subirme a ningún pedestal, al contrario, es sólo que me gusta hacerle saber a la gente que sí se puede y encontrarle un sentido a esos días que a veces me es difícil recordar. Recuperar mi poder no significa otra cosa que ponerlo al servicio de los demás… soy del Ciencias, ese es el lema de nuestra escuela.
Ojalá que de algún modo te hayan servido estas letras y le paso el micrófono a tu vida, que quiere decirte muchas otras…
Nos vemos mañana en la meta del #MaratonDelDesamor que no es otra cosa que un capítulo de tu vida que tiene que encontrársele un sentido.
KILÓMETRO DIEZ: El comienzo no la meta 

Los que se quedan 
y los que se suben.
 Así se dividen las 
personas en el tren 
de la felicidad...
Pero que conste que 
todos están invitados...
Estos nueve kilómetros me he sentido algo así como un vendedor de enciclopedias… ya te conté lo maravillosas que son, para qué te sirven, las páginas tan padres que puedes leer… es hora de decirte cuánto cuestan.
Romper con falsos esquemas, desestabilizarte al quitarte lo que te sobra y sentir que te desequilibras, adquirir nuevos hábitos, mucha fuerza de voluntad, grandes riesgos, apostarle a todo, tener fe en ti, dejarte de dramas, quitarte la venda del pasado, ponerte los lentes del optimismo e invitar a los demás al tren de la felicidad después de haberte subido.... ¿Ah verdad?
Cuando un vendedor de enciclopedias ya está por decirte el precio después de explicarte que lo que te va a vender cambiará tu vida, siempre damos un paso hacia atrás…
Viví hace algunos años en Playa del Carmen (Si lo hacen pónganse una fecha de regreso o se quedan para siempre en la isla de Peter Pan). Fíjense algunos objetivos y cúmplanlos o la fiesta y la belleza del lugar y la simpleza de la vida se los lleva de corbata… mejor dicho de traje de baño porque allá no necesitas una.
Volviendo al tema, cuando me fui a Playa no tenía trabajo, sólo un poco de dinero para pagar la renta… ¡Que renta! Vivíamos mis amigas y yo en un paraíso de tres pisos del cual nos sentíamos orgullosas y disfrutamos al máximo aunque no tuviéramos para comer…
Ese fin de semana llovía, tenía que encontrar trabajo y mojada caminaba por los restaurantes preguntando si querían una mesera o alguien que lavara los platos. “Se dan clases de español” y entré para ver si les hacía falta una maestra. Mis currículums mojados, no había comido y mi pelo era un desastre.... pero estaba donde quería estar y cuando estás haciendo lo que tanto deseas, es lo único que te importa. En mi casa estaría seca y sin frío, comida y viendo tele en un cómodo sofá... pero estaría más lejos de mis sueños que nunca.
Desesperada y un poco desanimada llegué a la punta de la quinta avenida y me encontré con quién sería mi próximo jefe. Vaya, ojalá algun día pudiera hacerle saber lo mucho que aprendí de él. El caso es que me convertí en la vendedora de un puesto de maquillaje orgánico que costaba tres mil pesos el paquete. ¡Por Dios! En Playa del Carmen mis amigas y yo hubiéramos vivido un año con ese dinero.
Él era un güero de ojos azules de unos 35 años quien pronto me tomó cariño. No de ese que ustedes piensan, un cariño tierno y un poco paternal. Sabía que yo tenía potencial y yo sabía también que él podía enseñarme el poder de las ventas.
“Tienes que creer en el producto o no te contrato así que úsalo” “tienes que venir bonita y maquillada con este producto o si no la gente no verá lo bueno que es…” “tienes que verlos a los ojos cuando les hablas del producto” “Tienes que vivir lo que vendes…”
Eran una serie de tácticas… yo tenía cinco minutos para contar las maravillas del producto y sólo hasta que el cliente lo tuviera en sus manos es que podía mencionar el precio… eran muchas tácticas que no sabía que funcionaban y funcionaban muy bien. (¡JA!)
Al final del día mi jefe gringo me contaba qué había hecho bien y qué había hecho mal.“Lucía, para creer en el producto primero necesitas creer en ti, si no vives lo que esa palabra significa en ti, no se reflejará en lo que vendes..."
-       ¿Crees en ti? Me preguntó. No, no creía, porque ahora que sí creo sé que no hubiera dado un paso atrás y mirado al suelo. Le hubiera dicho “Sé exactamente de lo que hablas” pero la verdad es que no lo sabía.
Mi fuerza interior no era tan buena como la de él o al menos no estaba desarrollada. Era impactante cómo vendía un paquete en cinco minutos y le agregaba todavía las sombras de la temporada.
Es más, un día pasó una señora con sus productos de MAC recién comprados – Sí, estábamos ubicados en un puestito afuera de MAC – Yo le decía a mi jefe que eso era una ironía puesto que obviamente nos quitaban clientes y él me dijo, mira:
Le habló a la mujer de la bolsa de MAC con todos sus productos, en diez minutos discutieron de los ingredientes de cada uno y ella alegaba “acabo de gastarme tres mil pesos en productos, no voy a comprar otros tres mil”. Para no hacerles el cuento largo, los compró.
¿Cuál es mi punto?
Mi punto es que yo te digo a ti ¿Crees en ti o no? Si no crees no va a suceder la magia que te quise vender en los 9 kilómetros pasado más el video extra explicativo.
Es en serio....
... Es muy en serio.
Hablo extremadamente en serio y me tomó días escribir esto porque necesitaba estar segura de mis palabras y lo estoy.
Te hablo de un mundo donde no estás atado a nada y puedes volar pero claro, volar da miedo, ser feliz da miedo también aunque no lo aceptemos. Tenerlo todo nos hace pensar que vamos a perderlo al día siguiente y no tendremos la capacidad de superarlo… y mejor me quedo sin nada, piensan unos... o simplemente en nuestro cerebro no estamos capacitados para creer en el éxito.
Te hablo de una vida mejor, pero cuesta, claro que cuesta… y es por eso que de pronto la gente se hace un paso para atrás… pero la vida de la que yo te hablo no necesita maratones del desamor... porque la vida de la que yo te hablo te pone a ti en primer lugar y con una relación contigo inigualable, ya después con alguien más.
Recuerdo el día que le renuncié a Guy (Así se llamaba) había pasado un tiempo pesado pero de mucho aprendizaje y la verdad es que necesitaba ver más el mar y no podía porque trabajaba de 12pm a 12am y terminaba cansada pero me iba a La Santanera con mis amigas, regresábamos a las nueve de la mañana y dormía dos horas. (YOLO).
El caso es que me armé de valor (después de hablarle a Marissa y decirle que quería renunciar y me decía, hazlo ahorita… ya). Y regresando de "comprar un Gatorade" le dije:
- Guy, quiero ver la playa, quiero tener tiempo libre y he decidido esperar a que tengas un remplazo para mí  e irme.
Ese día me vio a los ojos y me dijo “Sababa” (no sé cómo se escribe, él era judío y hablaba en hebreo como si yo entendiera pero esta vez si me explico):
Sababa, (está bien) pero si vas a irte vete ahora. Hoy, en este momento. Ve al mar. Una persona que no quiere estar en un lugar no va a vender. Así que vete. Todo bien.
Entendí perfectamente lo que quería decirme, mi actitud ya no era de estar “al tiro” y él no quería a alguien así en su puesto. Y de pronto pensé que en la vida es igual. “¿Estás o no estás?” No hay medias tintas, en el amor tampoco.
Ese día caminé por todo Playa del Carmen y lloré un poco. Sentía miedo de mi decisión y cuando me senté frente al mar me pregunté ¿Estás segura que esta vista vale la pena para vivir una situación económica inestable?
-       Sí. – Me respondí.
Aquella vista valía la pena. Valió la pena armarme de valor, renunciar y no tenerlo nada pero sabía que algo conseguiría, valió la pena no poner en “Jeopardy” mi posibilidad de ver el mar por las tardes y leer un poco. (Esa época en esa playa leí otro libro de Elizabeth Kübbler Ross que recomiendo más que la Rueda de la Vida y se llama “Lecciones de Vida” si pueden léanlo… bueno el de Lucía la de Flor también).
¿Qué es lo que más anhelas? ¿Qué es lo que más quieres en tu vida por lo que no estás dispuesto a negociar? Y es aquí cuando te pregunto ¿Realmente quieres una relación sana en tu vida? Porque eso implica lavar tus heridas personales, no codepender y esforzarse mucho por permitir que la pareja tenga su espacio y libertad. Eso implica también tener un gran amor propio que te sirva como radar ante los malos tratos y tenerlo cuesta la cartera de huevos entera perdón la expresión.
Es por eso que hoy, después de tocar a tu puerta en estos nueve kilómetros del maratón del desamor te pregunto ¿Quieres subirte al tren de la felicidad? ¿Quieres pagar el precio?
Ya leíste en cada kilómetro los esfuerzos que se requieren para ser una persona empatada consigo misma. Íntegra, honesta, llena de valentía y pasión. Esa que a veces se opaca ante el primer obstáculo. Pero no, aquí no se vale rajarse.
Aquí no se vale bajar la guardia, aquí no se vale no hacerte responsable de ti y eso implica dejar de ser víctima, salirte de tu zona de confort y vivir como Dios manda.
Sí, este kilómetro te reta a que pongas en práctica todo. Que comiences una vida donde te pongas atención, te abraces como nunca, te hagas caso y vivas una relación en pareja contigo mismo.
-      Yo me digo a mi misma: Mi misma ¿Quiéres ir al gimnasio? ¿Quieres reconciliarte con tu papá? ¿Quieres perdonarte? ¿Quieres “encontentarte” con la vida? ¿Quieres levantar la mano cuando el destino te pregunta que si estás lista? Y como un día me dijo Guy en Playa del Carmen: ¿CREES EN TI?
Cuando la vida nos pregunta si creemos en nosotros mismos, la respuesta es “mega sí” o “no”.
No hay medias tintas en el amor por la vida. O estas dispuesto a todo o no estás dispuesto a nada o peor aún, te es indiferente.
Hay varios futuros trazados para ti, de acuerdo al precio que quieras pagar por cada uno de ellos, yo quiero que lo apuestes todo y te vayas por la “catafixia” más grande, más padre, más brillante, más de acuerdo a tu misión de vida.
Generalmente esas son las que cuestan más y les diré algo que le dije a una lectora que me escribió “Es que te leo Lucía y parece que todo fuera tan fácil a través de tus ojos…” no, yo no vengo a decir que esto es fácil, yo vengo a decir que vale la pena.
Todos tenemos un Playa del Carmen que nos hace sentarnos en la arena y decir: Quiero esto cuésteme lo que me cueste. Y yo quiero que te subas al tren de los que pagan el precio de lo que más les apasiona o al menos que lo intentes hasta el final de tus días. (No creo que la vida defraude a alguien así, así que garantizo tu Playa del Carmen de vuelta).
Se puede vivir de dos maneras… arriba del tren de la felicidad o sentado en una estación. Esa que es cómoda, esa que no requiere tanta fuerza de voluntad, esa que “no está mal”. Pero si lo haces no te preguntes por qué a la persona de enfrente le pasan los milagros. No quieras ver la magia que no provocas.
Pero no, no, eso no quiero para ti. ¿Tú?
Así que “sababa” lo que decidas “Sababa” porque es tu vida y al final de cuentas tú eres el capitán de tu barco. Sólo quiero que sepas algo y que nunca se te olvide: Todos están invitados al tren de la felicidad, todos tienen la capacidad para pagar el precio en su interior. He aquí la diferencia, todos pueden, pero no todos quieren.
Gracias por estar conmigo en estos diez kilómetros que no son otra cosa que unas palabras diseñadas con amor para que te animes a amar la vida hasta el infinito, y con ella a quienes la integren…