martes, 15 de abril de 2014

CON PERMISO, VOY A QUEBRARME.





Porque sí, 
cuando te quiebras, 
sale de adentro 
la mariposa que todos tenemos encerrada. 
Porque nadie que es libre 
puede negarse 
el placer de escuchar
 su propia voz.

¡QUIÉBRATE LUCÍA! ¡QUIÉBRATE DE UNA VEZ!


Punto de quiebre. Eso vivo. Un punto de quiebre. Sí, aquí estoy, quebrada. Tal vez en pedacitos. Sí, soy yo, Lucía, la optimista, la llena de vida, la que vende alegría a cambio de que seas feliz. Sí, yo, poniendo muchas comas, intentando comenzar lo inevitable, romperme en pedacitos. Les explico… porque no puedo no contarles. Porque escribo lo que vivo y estoy viendo a mi ser hacerse polvo. 

Hace días. No muchos. Unos pocos. Una ansiedad invadía mi alma. Es horrible, los que han sentido ansiedad no van a negármelo. Te envuelve, te embarra hacia el llanto, te revuelca como ola y se lleva toda la inseguridad que creías no poseías y te deja pura espuma. Te deja sabiendo a nada, te deja sola.

La viví sin decir nada, monstruos no me dejaban dormir. Escribía cositas pero no sobre eso porque. Porque no entendía lo que me pasaba. Porque, quebrarse, duele. Y, sigo poniendo comas, porque cada cosita que digo, tiene que tener su pausa, su importancia, su valor.

¿Qué es lo que me pasa Dios? ¿Por qué me estoy haciendo polvo? ¿Por qué las grietas? ¿Por qué mi alma quebrada? ¿Qué no ya habíamos tratado esos temas de dolor y me habías sanado? ¿Qué no ya estaba lista para ser feliz? ¿Qué no yo ya tenía todo en esta vida?

Me sentí del tamaño de Pulgarcita. No. Es más. Pulgarcita me veía como los humanos ven a Pulgarcita así que imaginen mi tamaño. Una silla me quedaba grande, el micrófono del radio también. Todo era más grande que yo. Y para acabarla de amolar, me estaba quebrando.

¿Qué no uno se quiebra una vez, se pega, y ya comienza su vida espiritual hasta el infinito? ¿Que no con una vez basta? Recordé entonces mi noche oscura del alma, cuando también me había quebrado. Cuando corté con mi novio y también me había tenido que levantar. Cuando me sentí profundamente sola, aquella vez, en el supermercado, olvidadita. Recordé todo lo malo que me había pasado en la vida. Y pensé ¿Qué no ya era suficiente? Dios, le dije, ya entendí, ya déjame poner en práctica los valores adquiridos de ese quiebre, por que sí, cuando te quiebras, sale de adentro la mariposa que todos tenemos encerrada.

Me tomó un viaje a Europa y muchas neuronas agarraditas de la mano pensando y pensando para entender que el quiebre iba a ser algo nuevo y mejor, para entender que soy más fuerte que todo y para entender que necesitamos depurar la computadora del alma de vez en cuando y borrar los archivos que son virales y volver a las andadas toda ligera como los anuncios de "yogurs"

Dios, ahí voy pues, quiébrame toda pero no me sueltes de tu mano. Y así, me zambullí en la ola, como mujer mexicana que soy, grande, poderosa, del tamaño que sea, pulga o artista de cine, soy yo, soy una mujer que no tiene miedo al quiebre. Así agarré fuerza y como yo no digo mentiritas les digo que no, no tenía nada de miedo, tenía pánico, estaba paralizada por el horror. ¿Qué será de mí? ¿Saldré viva de esto?

No les platico del revolcón de aquella ola porque sigo en ella y no hablo de lo que todavía no entiendo. Dios, de verdad no me vayas a soltar por favor, por favor…

Y ojo, no es que se sea infeliz algún ser que se revuelca en las olas, al contrario, somos personas que nos atrevemos a escarbar tanto dentro de nosotros tirando todo lo que no nos pertenece para quedarnos con esa luz que es sólo nuestra y que necesitamos dejar brillar y defender de toda costa, a toda ola contra viento y marea… como cantan algunos artistas. Si no defendemos esa luz que es sólo nuestra ¿Cómo podemos darle valor? Y cuando hablo de defender mi luz a toda costa, hablo de que la defenderé aunque sea de mí misma.

Porque si algo aprendí de mi primer quiebre es de que sólo así pude ser yo, algo así como el pollito que salió del huevo, o la mariposa que rompió el capullo. Y sin compararme con nadie aprendí sola de mis cosas, de mí vida, de esos sentimientos ocultos en mí que me gritan todas las noches que no podemos rendirnos nunca porque mi valor, mi valor es grande. Gracias quiebre, gracias quiebre. Gracias hasta el infinito, gracias. Pero "¡Ay jijos!" Aquí viene otro... en fin... ¡QUE VENGA!

Típico. Pasa el tiempo y te olvidas del dolor que sentiste cuando te quebraste y disfrutas de los frutos del quiebre. Ahhh… como tomarse un vaso de agua cuando tienes sed y las personas que se han quebrado y después ya se sienten bien saben de lo que hablo y para ellas escribo. Y cuando estás así, viene otro... ¿Qué nunca acabamos?

Con los quiebres bien vividos una autoridad nace en ti. Un vigilante en la puerta de tu sagrado castillo. Tu valor anotado en el cielo y sin miedo a lo que digan los demás, comienzas a definirte, por lo que sí eres no por lo que los demás dicen. Comienzas a validar tu vida, a darle sentido porque nadie que es libre puede negarse el placer de escuchar su propia voz.

Ninguna estrategia, sólo tú, tu voz, tu opinión, tu cuarto nuevo para decorar… porque ya lo dije una vez:

Cuando te atreves a alejarte de todo aquello que no te hace feliz, probablemente te quedes sin nada, pero sólo en esa nada empieza la búsqueda de lo que sí te regala plenitud.

Así estoy. Depurando, sin importarme nada: con permiso, voy derecho no me quito si me pegas no me desquito, espero no tenga que pegarme con nada. Creo que en este mundo todos somos amigos pero… sí le declaro la guerra a toda creencia que niegue mi valor, y que saque su mejor carta cualquier sentimiento que me impida volar, porque voy a ganarle.

No tengo prisa, pero sí coraje y ese no me deja no apurarme. Tengo miedo, que diga, pánico, sí. Irme en contra de todo aquello que me sostenía me llena de pánico pero ya me quebré una vez y las ganancias fueron tan enriquecedoras que me quebraría otra vez, y así, en pedacitos, tendría la victoria.

Por eso ahora agrietada y echa polvo de algunas partes me siento ganadora. Así que sonrío a pesar de la tempestad. Estoy en el camino que quiero estar y lo sé porque no estoy dándole la espalda a lo más valioso que tengo: ¡A MÍ MISMA!

Mi misma, allá voy. No me tardo mucho nomás déjame me quito etiquetas que no eran mías y comienzo a escuchar mi voz. Ahí nos vemos, no me voy a tardar. No pienso negar en esta vida lo que más quiero: Mi luz.

Así que no me importa si mis enemigos se encuentran dentro de mí, intentaré como las quimioterapias, que lo bueno prevalezca aunque los dos se dañen. Ahí voy. Ahí voy porque no puedo no ir a otra parte. Y sonrío desde ahora porque ya veo dentro de mí la victoria. Porque sé que mi luz es más fuerte. Porque existe la voluntad y ella me llevará junto a mi meta: conmigo misma.

¿Y ahí? Y ahí comenzará mi nueva vida, esa que me encanta compartirles. Y sí, ese será mi premio, poder compartir lo que gané: La libertad de mi ser que yo misma aprisioné. Así que quiébrate Lucía, quiébrate de una vez.


Mi mamá y yo en Melaque.

ESCUCHEN ESTA CANCIÓN, ESCÚCHENLA... 




jueves, 10 de abril de 2014

HASTA DONDE YO VAYA


Como les platiqué en la otra historia, durante mi viaje a Europa tomé fotos de momentos, de retratos de personas donde una actividad me llamó la atención y sin que se dieran cuenta les di click. Y como en mis clases de literatura me han pedido que hable de historias de ficción (es decir de cosas que no pasaron porque en Lucía la de Flor hablo de mis vivencias), les comparto esta segunda historia... con todo mi cariño del mundo mundial adiós.


¿Es acaso que cuando uno se siente tan sola tiende a valer menos? 
¿Cómo no confundir lo que es el amor cuando no lo has sentido del todo?



-        Morí - le dije.
-        ¿Cómo puedes morir? - Me dijo.
-        Se murió una parte en mí que es lo mismo. - Le dije.
-        ¿Cómo pasó eso? - Me dijo, y la oleada de recuerdos se postró en esa lluviosa ventana.
-        ¿Tienes tiempo? Le dije. Enseguida se levantó a poner café.
-        La última vez que tuve algo que hacer para mi placer mi Eduardo vivía. Déjame recordar un poco cómo sentía el amor a través de tu historia… - Me dijo. -  Miré otra vez la ventana y luego sus ojos y empecé:

                Al fin todo lo que quería se postró a mis pies en los inicios del año 97 cuando después de creer que no merecía ser feliz un hombre llegó a demostrarme lo contrario. “¿Un hombre?” Me dijo con ese tono feminista que la caracterizaba.

                Un hombre, repetí fuertemente y sin suspirar, entonces le tomé al café. Se me calentó la lengua, no por la temperatura del agua, sino por convertir en palabras lo que tenía en las entrañas. ¿Qué provocó esta cascada de bondad sobre mi cabeza? ¿Por qué es que de un segundo a otro podemos tenerlo todo? Y es que tuve tanta suerte en el año de 1997 que lo único que me faltaba era comprar un boleto de lotería, porque estoy segura hubiera ganado el premio mayor.

                Todo comenzó cuando ese hombre apareció afuera del teatro. Se había quedado esperando a que me desmaquillara y no me di cuenta del tiempo hasta que al salir sólo estaba él. Dios, todo lo que pensé mientras me desmaquillaba, que la renta, que mi vida, estaba pensando en cualquier cosa menos que un pelirrojo esperaba afuera de mi camerino…

-          ¿Esperabas a Verónica? – Me referí a la actriz principal.
-          No. – Me dijo – te esperaba a ti.

Que cuatro palabras tan maravillosas, te esperaba a ti, claro que yo también lo esperaba a él con tantas ansias y al escucharlo pronunciar las palabras con esa voz tan ronca y tan exactamente así, me hizo sentir cuán perfecto podía ser un momento… hasta que me acordé de que al despintarme no había puesto nada en mi cara, estaba pálida, desinteresadamente joven y sin ningún color en la boca, así que inmediatamente me tapé con el pelo suelto y dejé que mis greñas cubrieran mi cara como algo accidental… “Qué rápido me oculté” suspiré.

-          ¿Cómo? – Interrumpió ella.
-          Nada, seguiré contando. - ¿Le iba a contar que desde el primer segundo de conocer a Octavio iba a admitir que ya tapaba mi cara y ya sentía que no era lo que él buscaba y ya lo descifraba para convertirme entonces en lo que él siempre quiso? Creo, en mi corazón, que mi primer desacierto fue reprobarme a mi misma antes de que comenzara la historia.

No pasaron ni dos semanas y ya habíamos hecho cosas de esposos, en la regadera, en mi cama, en mi camerino, había penetrado en poco tiempo, en todo lo sagrado que poseía, en cada templo de mi vida que había construido con mis propias manos… penetró mis sueños y dejó su olor en las sábanas, en mis victorias del telón que eran sólo mías, usurpó mis aplausos y peor aún, conquistó también el único lugar donde podía ser yo misma: en la regadera. ¿Qué me quedaba para mí? Si me había convertido en lo que él quería no había espacio para Marina Robles de la Tejeda. De nombre fuerte y débil carácter cuando un pelirrojo intentaba decidir qué hacer con ella. ¿Qué acaso un par de flores, abrazos y haberme arreglado la estufa bastaba para comprometer mi alma? ¿Cómo es que identificando al señor kriptonita de mi vida en vez de alejarme me enamoré de él?

Me era fiel, sí, era devoto a mí, claro, ¿Cómo no iba a guardarme devoción si sólo vivía para él? Rossy, te juro que no supe en qué momento perdí la cabeza. – Le dije sintiendo el agua en mis ojos, esa que se siente pero no sale.

-        Sí lo supiste. – Me dijo – La perdiste desde el principio, en el momento que agachaste la cabeza para cubrir tu cara despintada… desde el comienzo de la historia ya habías devaluado tu esencia. Él sólo llegó a tu vida. Tú ya eras de ese tamaño.

La lluvia seguía y yo tampoco pude parar de hablar y por cada gota yo soltaba mil palabras, le conté de nuestros días en Nueva York cuando me sacó de mi ignorancia y me enseñó otro país que no fuera México. Me sacó mi pasaporte con un amigo suyo que había conocido en la universidad y en un par de horas estaba aceptada legalmente para salir del país, pero no tenía ni un centavo y escuchando a Rossy, parecía que yo tampoco lo valía. ¿Es acaso que cuando uno se siente tan sola tiende a valer menos?

 Digamos que el teatro pagaba con emociones, con satisfacción, pero los aplausos no eran suficientes para pagar la renta así que en mis sueños no se encontraba salir del país, porque a veces para que podamos soñar con algo es necesario sentir un poco de posibilidad, uno sueña para arriba pero cuando uno está tan abajo, ese arriba puede ser el debajo de alguien más. Así que al ver la posibilidad de volar más alto que mis posibilidades, firmé sin ver las letras chiquitas, comprometiendo lo más valioso que poseía, mi corazón.

Todo fue así, yo seguí siendo como él quería que fuera, papel que como actriz desempeñaba muy bien, no podía permitirme el lujo de no tener las uñas arregladas, el pelo perfecto, la sonrisa blanca y los calcetines nuevos. ¿Cómo no mostrarme a la altura de un príncipe?

-          ¿A qué hora lo coronaste? – Interrumpió Rossy.
-          No lo sé. – Quise llorar. Quise llorar al escuchar que lo había coronado sin saberlo. ¿Era de sangre azul? No. ¿Era reconocido como un heroico soldado? Tampoco. ¿Tenía la fortuna más envidiable de la comarca? No le iba mal pero siendo sinceros, manejó el dinero de sus padres, no era mérito propio. Entonces ¿Cuándo fue que lo coronaste? – Me pregunté en silencio…

Entonces recordé que siempre he coronado al mundo, menos a mí… desde que nací siempre ha sido así, tal vez el hecho de que me quisieron abortar y no pudieron fue el principio del significado de mi historia… una sobreviviente y ya por eso, ya por el hecho de sentirme así, tenía que agradecer cada latido que otros daban por sentado… e interrumpiendo mi historia de Octavio, comencé con la mía:

Dicen que nací primero de los pies porque todo lo hice siempre al revés. Fui un intento de aborto tardío,  no me morí ni con las pastillas y en el pueblo no hubo más que dejar que naciera. La persona que se embarazó de mí no quiso verme nunca pero fui tan encantadora que al primer ojo de la enfermera fui suya para merecer habitar en Morelos 304 a un lado del hospital San Martín, donde vivía ella.  ¡Qué bonita debí haber sido para que me hubiera recogido a primera vista una mujer que no tenía más que frijoles! Y lo sé perfectamente porque a esa edad uno no tiene la melena larga como para agacharla y que se cubra la cara desnuda como lo había hecho al conquistar a Octavio, el pelirrojo más cotizado de… ¿Dónde decía que era?

Volví a mi tema:

Desde que tuve uso de razón la llamé mamá. No me interesó conocer a persona alguna que hubiera decidido matarme antes de vivir. Además, de una manera extraña, era igualita aquella enfermera. ¿Será que nos mimetizamos? Nadie cuestionó que Eugenia era mi madre, y mucho menos yo. Blanca, blanca. Ojos verdes, verdes. Más alta que los doctores. Siempre fue la partista más hermosa que pudo tener San Martín. Y no por sus pestañas, por sus caderas pronunciadas o su cabello castaño trenzado. No señor, era hermosa porque, a diferencia de mí, no bajaba la cabeza para agradar a nadie.
No sé qué hice para que le agradara mi cuerpecito rojo lleno de placenta aquella noche olvidada del 1 de enero de 1972. Fui un problema hasta para el médico que seguro tuvo que dejar su pavo a medio masticar. ¿Quién se cree que es? Seguro se preguntó. ¡Ni siquiera su propia madre quería tenerla!

Lo que no sabía es que yo sería la princesa de Octavio Madero Silva, unos años después, atrás de un telón donde se enamoró a primera vista, como asegura. ¿Primera vista? Si estaba cubierta de maquillaje... ¿Cómo puede alguien enamorarse de ti cuando no eres tú? ¿Por qué no noté las señales? O más bien dicho ¿Por qué no quise notarlas?

El café estaba frío y sólo le había dado el primer sorbetazo, mi desahogo seguía caliente así que lo seguí tomando, aprovechando que Rossy seguía atenta conmigo… pensando no sé que cosa.

-          Rossy ¿Puedo abrir la ventana? – Le dije en un pronunciado acento de mi cuerpo de acto de sofocación. Ella entendió que tenía todo menos calor, es sólo que necesitaba una salida a esta historia que por haber empezado tenía que terminar y sin pensar más, ella abrió la ventana y metió mi café al microondas. Práctica, alta como mi madre y servicial. Rossy. Así era. Yo, confiada en ver a mi madre representada en ella seguí contando con la comodidad con la que ella me hubiera escuchado. Y por madre me refería a Eugenia.

-        ¿Y Octavio? –Preguntó.

Seguí contando. Le platiqué los vestidos que me compraba y las entradas que me conseguía  a obras de teatro que sólo conocía a oídas. Pero la vez que vi Aída fue cuando decidimos, todos los átomos de mi cuerpo y yo, que él iba a ser el padre de nuestros hijos futuros, de nuestras noches llenas de ese amor que se prometen en los libros, que él era el único con el que podía comenzar una vida donde la soledad no estuviera acompañada de mi misma.

Él era perfecto para cubrir mis carencias. Ahora lo entiendo todo pero en ese instante no era más que una bebé abriendo los brazos por la primera persona que me cargara, una enfermera que se compadeciera de mí, alguien que me aceptara nacer primero por los pies, que me quisiera moradita como dice mi santa madre que nací. ¡Dios mío Rossy! ¿Cómo podía ser yo exigente con las personas o la vida cuando la única opción que tuve es esquivar aquellas pastillas que tomó la mujer que se embarazó de mí para luego caer en los primeros brazos que aceptaran cargarme?

                “No me culpes Rossy” Levanté un poco la voz y mis ojos se pusieron cristalinos. Pero lo que yo quería decir era “No te culpes Marina, no te culpes”. El café se volvió a enfriar, pero mi corazón ardía lo suficientemente como para seguir y Rossy, quien entendía mi corazón, no me dijo nada.

                Octavio, hijo de padre alcohólico, no había tenido un parto tan diferente al mío ahora que lo pienso. Su embarazo no fue planeado claro está, fue un “hacer el amor” que en mi diccionario se llama violación, de regreso de la cantina cuando su esposa lo esperaba llorando en la puerta de la entrada. Su madre lo amó desde que vivía en su vientre a diferencia de la persona que se embarazó de mí, pero, dentro de todo, no amaba a él, amaba que él llevaba la sangre de aquel hombre que no sólo amaba, sino adoraba como a un dios. Vaco sería, dios del vino.

                Yo, bebé de segunda mano, escuchaba cómo Octavio me presumía de cuando nació, de su bautizo, del estudio de fotos que le tomó el fotógrafo más reconocido de su pueblo y de la gente que aplaudía que por fin había nacido el primer varón de Don Tomás. (¿Quién no amaba a Don Tomás si con su alcoholismo mantenía al pueblo que estaba lleno de bares?)

                ¿Por qué envidiaba su vida? Hasta su bautizo había sido una celebración más que oficial y no tardaron ni dos meses de nacido en darle su nombre a una calle (su padre ya tenía una avenida) y no bastaba más que decir que su cabello pelirrojo era el éxtasis de la colonia.

-        Es muy bonito tu pelo. – Le dije una vez cuando estábamos en la cama. – No le sorprendió, seguramente era la vez número 7,830 que se lo repetían en ese mes. ¿Y yo? Yo sólo era una mujer que había tenido suerte de no haber muerto al nacer.

Nunca imaginé que todas esas veces que lo adulaba, como a su cabello, a su sonrisa, a sus ojos… no estaba más que haciendo el papel de su madre, tratándolo como a un dios. En mi manera de saberme abandonada necesitaba convertirme en lo que las personas necesitaban para poder tenerlas a mi lado, o que al menos, les cause simpatía como alguna vez lo hice con la enfermera más hermosa del universo. Porque convertirme en lo que los demás quieren de mí me había salvado la vida una vez.

En mi empatía fui todo lo que él quiso, sólo pedía a cambio que cuidara de mí… ¿Cuidara de mí? ¿No lo había hecho bien yo sola desde que era al menos unas 70 células que no dejaron morirse tras unas pastillas letales? Si alguien sabía cuidar bien de sí misma era yo, pero bueno, eso no lo sabía, Rossy.

No sé por qué dentro de todo este embrollo amoroso pude falsamente admitir que “al fin tuve todo lo que deseaba” Me odio por ello, pero sé que voy a perdonarme porque me quiero más que lo que la muerte quiso arrancarme de la vida. Tengo más derecho a vivir que cualquiera por haberme librado de mi primer y último día en una noche donde una mujer desesperada quiso quitarme la vida pensando que era suya.

No era suya, ni era de Octavio Madero Silva, siempre fue mía Rossy, pero no pude entenderlo nunca, hasta ahora, que vivo en ese nunca que es sólo mío.

Rossy, no morí aquella noche que la que se embarazó de mí supo que tenía vida dentro de ella, pero una mujer murió dentro de mí anoche que hice consciente todo este embrollo en el que por creer que no merecía vivir… me anulaba yo sola. ¡A la chingada todo eso Rossy! ¡A la pinche chingada sentirme menos o pensar que tengo que pagar un precio a todo lo bueno que me pasa! ¿Cómo mierdas pasar por la vida creyendo que tengo que pagar cada cuota o que tengo suerte de estar viva? Madre mía, nadie sabe mejor que yo que si de vivir se trata sólo hay que desear provocar la vida y no la muerte. Por eso maté a esos pensamientos que quisieron matarme a mí, como las pastillas abortivas, por eso vengo a decirte que morí. Murió la Marina que creía que no tenía derecho a ser feliz y que al menos pensaba que su única suerte era existir. A la madre todo eso Rossy. A la “madre” que no me tuvo.

-        No sé cuántas terapias necesitaste para que me dijeras esto que ahora sientes pero créeme que en mi carrera como psiquiatra jamás estuve tan feliz que de escucharte decir todo esto con todo y con todo y groserías. ¿Ves esos diplomas? – luego añadió – Esos diplomas no se comparan con el éxito que está transformado en ti. – Me dijo y entendí todo con agua en los ojos, esa que no se corre…

Entonces las dos aceptamos que nuestro café estaría para los científicos frío, pero para nosotros más cálido que nunca. Seguí. Madre mía, ya no supe ni qué estaba diciendo. O tal vez, lo sabía perfectamente.

-        Rossy ¿Te acuerdas cuando me pediste que comprara una muñeca y la abrazara en las noches? – Le dije. No sabía a qué te referías pero ahora lo entiendo todo y en este “eureka” me ha dolido tanto la cabeza de entrar tanto en razón. Continué como casi recitando:

¿Cómo chingados espero estirando las manos lo que yo puedo hacer mejor que nadie? Probablemente si Octavio hubiera estado en mi papel adentro del vientre de la mujer que me embarazó no habría sabido esquivar ninguna pastilla letal. Él estaba acostumbrado a que lo mimaran y su fuerza se encontraba… hasta ahora lo sé, en los brazos de otra mujer, su madre, luego yo. ¿Qué acaso todos nacemos esperando que nos carguen? Vaya que desempeñé muy bien ese papel cuando fui su novia, o amante, ya no sé. Vaya que supe muy bien lo que él quería porque la manera en la que lo abracé es la manera en la que pedí a llantos y gritos que me abrazaran ese primero de enero. O 31 de diciembre, era tan de madrugada y a nadie le importó tomar nota si nací un año u otro.

Nacemos por un abrazo y moriríamos por uno. ¿Dónde queda el precio de la vida? Un abrazo es simple, lo puede dar cualquiera. Es sólo estirar las manos y absorber algo más bonito que el abrazo mismo: a un ser necesitado.

Eso era yo tras el telón. Una actriz que fingía ser lo que todos quieren que sea por un aplauso, un roce de alguien que me aprieta el antebrazo ovacionando mi actuación. ¿Cómo no iba a saber cómo hacerle para que me quisieran si al nacer comencé a actuar para que me amaran?

“Mamá, no sé por qué comencé actuando contigo si lo único que tenía que hacer para amarme era ser yo misma y encontrar que mis brazos sabían abrazarse porque tú me dijiste cómo al segundo de salir de la cueva.” Pensé.

-        Pero Rossy – Agregué en voz alta – Maté a esa persona que vivía dentro de mí pensando eso y con eso maté las creencias de pensar que sólo siendo lo que los demás quieren podría tener los abrazos que se requieren para sobrellevar el día. Y al matar eso Octavio me quedó chiquito. Tan chiquito como el alpiste que me daba. ¿O cómo va la canción? Rossy, en un golpe de frenesí decidí armarme de valor y amarme como sólo yo sé hacerlo.

Porque Dios sabe que quiero a aquella enfermera que ahora es mi madre y que no hay amor más grande que el que ella me dio, pero hoy, con todo lo que ella vino a darme, te digo que sí, que mi amor propio ha superado el amor de cualquier ser vivo, el amor de Octavio, el amor con el que me veía el párroco sucio del pueblo si es que eso es amor, el amor con el que me explotaron en mi primer trabajo, el amor que según esto sintió Octavio, ah, pero a él ya lo había mencionado.

Al dejar atrás todo me di cuenta que nadie me quiere más que yo y sabe lo que quiero darme, y en ese dar muerte a la filosofía creer que todos son mejores en el área de amar que yo misma, descubrí que muerta esa creencia es cuando nace la fuente inagotable en mí que no morirá, sino que se vendrá conmigo hasta donde yo vaya.

Y llevándome conmigo entenderé que por más que de pronto mi historia tenga deslices que tal vez el cosmos no deseaba que ocurrieran, por más que la baja estima de mi ser me haya convertido en una víctima, de esas que no escriben su propia historia porque tienen miedo, por más que todo eso Rossy, sé ahora que la historia la escribo yo, con lo bueno y malo que tenga… y al menos hoy, en esta tarde de lluvia te digo y ahora sí llorando, que la historia ya cambió porque yo no di muerte yo di vida. Porque darme cuenta de que estaba embarazada de Octavio después de haber terminado con él y sentirme devastada no fue un motivo para no dejar que Martina naciera, y la abrazara como madre que soy… ¡Soy madre Rossy! Todos mis deslices dieron vida.

Y de algún modo hoy descubrí que todas las situaciones del mundo tienen sentido, cada que la veo dormir, cuando me sonríe, cuando juega con las palomas… cuando todo... y en ese todo llevaré mi amor siempre conmigo... hasta donde yo vaya.



Si quieres ver la primera historia que se titula LA MUJER ORDINARIA da clic aquí

miércoles, 9 de abril de 2014

ME FALTAS

Este poema lo escribí hace un par de años, cuando todavía 
tenía esa chispa romántica que a veces extraño en mí.




ME FALTAS

Ya casi me enamoro, nomás me falta una cosita...
Ya casi pero... De una vez me emociono,
No falta ya nada, casi nada... casi nada.
¡Es como si ya estuviera pasando!

Hay días que hasta ya me siento enamorada,
No falta mucho, no falta nada...
Me preparo entre sueños, ensayando como si fuera mañana
Entreno y sonrió, luego me despierto, y nada...

Ya casi me enamoro, nomás falta una cosita,
Ya casi, pero de una vez voy si tiendo mariposas,
Porque ya no falta nada...

Tan fácil como creer que existes,
Tan sencillo como conocerte,
Tan simple como coincidirte
Tan fácil que ya no falta nada.

martes, 8 de abril de 2014

LA MUJER ORDINARIA


En este viaje que hice por Europa, de las cosas que más me llamaban la atención eran los retratos, esos momentos que captaban mis ojos como un viejito desayunando solito, una niña correteando palomas, un hombre escuchando música en el metro. 

Eran como situaciones que me hacían darle click en mi cabeza y guardarlas para siempre pero luego se vuelven tantas... entonces de pronto tuve la idea de escribirle a cada uno una historia... inventada aunque sea, pero como un ejercicio de ficción porque en mis clases de literatura eso es lo que siempre me hace falta, escribir sobre otros personajes cosas de mi imaginación. (Luego me pasa que me centro en lo que me pasa en el día y de ahí no me sacas). 

Entonces así lo prometí, que de las quince o veinte fotos que tomé, les crearía una aventura. Esta no es mi foto favorita pero fue la primera que me causó un poco de inspiración, porque detrás de toda mujer aparentemente ordinaria hay una mujer especial y esta es su historia.




Esteban me amaba, sí, pero no sabía el modo de hacerme feliz, tal vez ni yo, tal vez la felicidad está en uno, tal vez al unirnos se me olvidó la fórmula, tal vez esa angustia que sentía al estar a su lado era nociva para mi felicidad, tal vez no supe quererlo, tal vez no supo quererme, tal vez no supimos nada de nada... ¿Qué saben los hombres de mujeres?

No sé si hice bien o no en dejarlo porque me come el miedo de imaginar mis días sin él, aunque a la vez no podía seguir con el desasosiego de intentar decirle mil veces cómo es mi ritmo y ver que no entendía nada de lo que le decía, quería gritarle  cómo funciona mi ser y me cansé de ver que de alguna manera u otra, siempre iba a ser incomprendida. ¿Es que a caso más allá que buscar a alguien que me ame necesitaba buscar a alguien que me entendiera o estoy equivocada?

No deseaba dejarlo y sé que hizo lo posible por intentar deducirme pero ¿A caso intentar comprender a alguien es suficiente? ¿A caso hay que conformarnos con alguien que intenta y dejar de buscar a quien hace? ¿Habrá alguien que me ame a mi manera? No lo sabía pero al menos quería tener la oportunidad de estar abierta ante esa posibilidad y es por eso que me fui de su lado, para estar libre para buscar no sé qué.

Ni una respuesta me daba satisfacción ya que a pesar de todo si algo he aprendido de la vida es dejarme sorprender por ella en vez de querer controlarla y de algún modo, espiaba los pasos de Esteban, la manera en la que me quería era analizada por todas las formas que mi cerebro era capaz y tal vez, y sólo tal vez, no dejé que me amara sin cuestionarle nada.

Pero fue tarde cuando esa bruja se apoderó de mi cuerpo y comenzó a debatirse todo como si el amor estuviera en la silla de los acusados y fue así como la inquietud nació en mi estómago y se instaló.

A diferencia de mí, en su mundo todo estaba bien, él tenía la facilidad de no cuestionarse nada y avanzar a su ritmo así que nos veíamos todos los días en punto de las ocho cuando regresaba de un largo día de trabajo y yo terminaba mi jornada entregando pasajes de tren. Si la vida fuera sólo eso, un pasaje de tren que te lleva a tu destino sin desvíos, todo sería más fácil. Pero no, Esteban y yo éramos una escala sin fin. Hasta que me di cuenta que a veces el final de alguna historia de amor lo tiene que elegir alguno de los dos y no el destino. Y la que lo elegí fui yo.

Sé que mi vida era rutinaria y no ofrecía una plática interesante aparente, sé que no era una modelo de comerciales y sé también que era difícil de entenderme puesto que yo misma lo hacía, pero eso no me convertía en alguien menos encantadora en mi manera, era yo y punto. Era mi vida rutinaria y punto, era lo que platicaba y San se acabó, no había nada más y nunca he estado dispuesta a fingir por amor. Era una mujer promedio, algo aburrida según los demás y dueña de la biblioteca más completa de historias de amor ubicada en el rincón de mi cuarto.

¿Qué tengo de malo? ¿Qué tengo de bueno? No está nadie para juzgarme, entendí después de mucho tiempo que cada quién es como es y que si el mundo en general busca otra cosa, entonces yo no quiero casarme con “el mundo en general” yo buscaba a alguien como yo, a alguien tan ingenuo como yo, que aún confía en la bondad de la gente y por eso de pronto se mete en problemas, a alguien tan pacífico como yo, que de pronto no habla para no romper con el romántico silencio que sí, apreciaba después de tanto ruido en la parada del tren.

Yo sabía que desde mi aburrida trinchera cambiaba el mundo y no pretendía que nadie me premiara por ello, lo disfrutaba sola y eso bastaba, siempre le sonreía a los pasajeros y era buena para las matemáticas por lo que entregaba los cambios reconociendo todo tipo de monedas, euros, libras, nada se me escapaba, y así, por más que fueran ocho horas que alguien podría definir como fastidiosas y sin significado, me declaraba la testigo ocular número uno de millones de personas que iban y venían a Londres a vivir un sueño. Y eso para mí significaba más que cualquier oficio, además de otorgarme el dinero necesario para pagar la renta.

Nadie atestiguaba besos tan románticos como yo, despedidas tan nostálgicas como yo y caras entusiastas de personas que se iban a buscar su no sé qué, porque todos en esta vida deseamos buscar ese “no se qué” que deseamos, pero no todos nos atrevemos a dejar lo que tenemos en las manos por ese quizá que quizá no aparezca… En pocas palabras, vivía rodeada de personas que querían salir de alguna forma de su zona de confort y esa energía tal vez me impulsó a dejar a Esteban sin ninguna razón aparente. Me llené de la emoción de aventureros que dejaban todo por otro algo que tal vez no sabían ni qué era y tal vez eso fue lo que hice. Como las personas que hacen su maleta y se van, dejé ir a lo que llamaba amor así nomás, un buen día.

Aunque curiosamente allí conocí a Esteban. Iba de Londres a Madrid a visitar a sus papás y su pronunciación de inglés no era del todo buena. Pero las computadoras y programar era lo suyo y no tenía que pronunciar nada mientras arreglaba una máquina londinense. Y tampoco tuvo que pronunciar nada para que captara toda mi atención. Buscaba su boleto por todas partes, un poco de barba, ojos café, pelo también café… altura promedio, no había nada en su físico que justificara mi atención por él, fue sólo su desfachatez de tener la maleta de un lado, sus cintas desabrochadas, buscando un boleto que nunca encontró.

-       Excuse me miss… -  dijo, a lo que yo entendí “Eshquiushme missh”.

Después de todo nos entendimos, le dije que yo también hablaba español y le ayudé con su boleto en una discusión con EuroStar de media hora en la que parecía que me había contratado de representante en vez de ser yo parte de la empresa y soltar el choro mareador de “Lo sentimos mucho pero en caso de pérdida hay que pagar de nuevo el boleto…” Y sin ser abogada gané el caso.

Él se iría en el próximo tren y tenía dos horas para platicar conmigo mientras yo comí. No hablamos mucho, yo masticaba y estaba algo nerviosa y ni hambre tenía de estar pensando en el posible resto de comida en mis dientes mientras él, al no dejarme de ver a los ojos, me imponía una seguridad que intenté no alumbrara lo más recóndito de mi ser. ¡Estoy con uno de ellos! Entonces pensé.

Así conocí a Esteban, así me enamoré de él, dos insignificantes personas para el mundo significaron todo para ellas y sin importarnos para qué lado giraba la Tierra nos mudamos a vivir juntos antes de lo que podría decirse prudente. Pero ¿quién pone las reglas?

Nos instalamos en nuestro pequeño universo y creí que estando los dos contra el mundo teníamos todo en común… hasta que pasó el tiempo y no sé en qué momento específico pero me fui sintiendo más sola que acompañada. Y sentirse sola estando en compañía es la peor soledad que existe.

¿Qué pasa con las relaciones que a veces se evaporan sin querer? ¿Cómo fue que no me di cuenta que un todo se hizo nada?

            Aquella mañana me levanté cero entusiasmada, tenía ese hueco en el estómago que había entrado a mi vida meses antes y sin encontrarle explicación a nada y sin cuestionarme mi relación me dejé el pelo suelto, me puse un suéter y tenis y me fui a la estación de tren.

            No sé cómo explicar la indiferencia que entra al corazón cuando éste, cansado de luchar, se echa a dormir porque ya no puede hacer nada, porque sabe que, dentro de este enredo del amor, no le toca bombear y sentir para los dos. Mi parte creo siempre estuvo hecha… era esa conexión que no sentí porque simplemente y sin encontrar culpables, se desvaneció.

            Claro – pensé -  cuando estás conociendo a alguien y esta persona sabe que tiene todo tu interés pues es obvio que le gusta y que la relación se vuelve un todo donde él se sabe protagonista en mi vida y yo me sé existente porque le importa estar conmigo, cuando de pronto puedo pensar que sin juzgarlo de egoísta, lo que estaba pasando es que él supo que tenía toda mi atención y la acaparó a manos llenas, pero cuando le tocó entender mi pasado oscuro y mi presente lleno de cursilerías, sus ojos dispersos me dieron esa mirada que realmente no me fue suficiente.

            Y vaya que pasé por el proceso de sentirme culpable y justificarlo con un millón de frases hechas como “¿quién entiende a las mujeres?” “Así son los hombres…” pero de pronto entendí que incluso si el mundo quiere acunarse en aquellas ideas, no me importa no ser convencional otra vez y en contra de la corriente como lo hice cuando dejé mi carrera en México y me vine aquí para ser una “ticketera” como me llaman en mi casa, por seguir un sueño o perseguir una idea, no me importa una vez más y las veces necesarias, levantarme y buscar ese amor y esperanza por el que otros ya se rindieron.

            La parte más difícil fue el ¿Cuánto tiempo es suficiente para esperar un cambio en el amor? Motivo por el que seguí más tiempo del que debí. Pero esa mañana, con esa energía extraña que se recibe en una estación de tren, dejé a Esteban.  Al maravilloso Esteban que no dudo hará feliz a otra mujer, pero no a mí. ¿Motivos aparentes? Me bastó un presentimiento en el corazón.

            Y tal vez sí, seguiré siendo esa niña aburrida que siempre se sienta en la banca afuera del museo TATE que tantos visitan y que a mí no me causa la menor gracia. Pero ¡Ah que bonitos árboles y qué hermosa banca que siempre está para mí a la hora de comer! Porque tal vez en vez las letras siempre fueron mi mejor alimento.

            Y sí, tal vez pasaré siempre por una mujer ordinaria, pero nunca para aquella persona a la que estoy esperando. Ese secreto será sólo de los dos.

lunes, 7 de abril de 2014

AMANECÍ ASÍ...


Le doy gracias a todas esas creencias que en algún momento me sirvieron para protegerme, para acurrucarme, para detenerme porque estaba en posible peligro... hoy les digo que no pasa nada, que me voy a cuidar muy bien, pero que no puedo detenerme a lo que vine a hacer...

Sigo sintiendo los aprendizajes de este viaje. Una semana aquí y he apilado una serie de creencias para sacarlas a la calle con esa fuerza que no creí antes tener. Otras herramientas guiarán mis pasos y como decía en preescolar “Voy derecho no me quito…” así caminaré porque estoy harta de temblar de miedo ante tantas oportunidades para ser feliz. ¿Quién dijo que no se puede? No sé, no pienso escuchar a esas voces más. Tal vez fui yo.

             Y como lo he repetido mucho últimamente, me aferro a mi fuerza de voluntad para que todo esto suceda. Es difícil tomar las riendas de la vida pero más difícil me será abrir los ojos después de mucho tiempo y darme cuenta que nunca fui la protagonista en mi vida, y conformarme con lo que hay, y vivir a expensas del destino. No señor.

            Sí creo en esa fuerza de la naturaleza que nos hace coincidir de maneras extrañas con situaciones que necesitamos vivir, con personas con las que necesitamos encontrarnos y con herramientas que nos son útiles. Pero también confío en ese trazo de los propios pasos cuando la voluntad decide cambinar hacia una dirección, y sobre todo, hacia la dirección que apunta el corazón. ¿Es que acaso hay otra?

            ¿Qué me queda? Confiar. Yo hago mi parte y el universo hace la suya y esa combinación es lo que me lleva hacia donde quiero. Ni el universo me va a llevar solita ni yo soy Rambo para hacerlo sola... (empezando porque los tengo a ustedes... gracias).

            ¿Cuándo es un buen momento para empezar? Siempre te diré que cuando tú quieras, cuando estés listo para pagar el precio de tus sueños. ¿Y cuándo se está listo? Nunca, sólo te decides y ya.

            Realmente amanecí pensando en que no es un momento para estar dormida, mi plan de acción me espera y las ganas de hacer todo me hacen ponerme de pie. Así, con esos ánimos (pero no quito que también con coraje del señor que se me metió en el alto y las ansias de que mi compu anda lenta y de pronto el mal humor por no tener ropa limpia) me acompañan también. Pero qué más da, esos pensamientos comienzan a hacerse pequeños cuando mi gran sueño aparece. ¿Tú cómo amaneciste? 

jueves, 3 de abril de 2014

LA FUERZA DE LA VOLUNTAD


Para las personas que deciden y con voluntad crean su vida y la moldean de acuerdo a pensamientos positivos, sabrán que todo el sudor y lágrimas valen la pena porque se traza la historia de sus vidas en su mejor versión posible… porque estamos aquí para vivir cada día como si fuera, no el último ni el primero, pero sí el único...



Este escrito lo hice escuchando esta canción por si quieren leerlo escuchándola también, es mi canción del momento del mundo mundial...



Hoy amanecí más allá de cómo… amanecí. Abrí mis ojos un minuto antes de que sonara el despertador y la nostalgia del viaje y los mil sentimientos encontrados me pusieron de pie listos para un nuevo día.

No tenía batería el carro pero no hubo enojo, lo sabía, hablé al taxi y le pagué esos 70 pesos que odié pagarle a otro la otra vez… ¿Por qué esta vez no? Porque nada ganaba… porque he descubierto que lo más valioso es mi paz y no voy a permitir que nada me la quite, en la medida que pueda.

Traigo un nudo en la garganta, pero estoy feliz, recordando cada día del viaje, cada sonrisa de alguien del equipo, que debo decirles, fue la bendición más grande. Es increíble como cada quién está en un canal diferente viviendo su historia personal y a la vez podamos coincidir tanto y entendernos infinitamente…

Tengo muchos escritos en mi mente, tantos como los segundos que pasé y entre haber llegado y la desvelada y el deshacer la maleta no me he dado el tiempo de conectarme pero sé que lo haré… una vez sentido tiene que pasarse a letras, esa es mi chamba.

Hoy estoy un poco muda, noqueada en buena forma de tantas nuevas ideas que dejé que entraran. Y más allá de todo, estoy asombrada de lo mucho que puedes transformar tu vida si lo decides… en un momento… así… PUM.

Hoy en día mi mejor amiga es la voluntad, me ha ayudado a filtrar sentimientos que antes entraban como Pedro por su casa haciéndome sentir menos, haciéndome sentir que no puedo, creando creencias que no deberían existir en mi mundo, que ni son ciertas para ponérselas más fácil. Hoy la voluntad se ha puesto a la puerta de mi castillo y con la fuerza de mil mares (que todos la tenemos adentro) ha detenido lo que antes pasaba con naturalidad. Y lo ha hecho para que adentro de mi castillo reine mi puro ser, mi capacidad de hacer y mi alegría que es mi esencia.

Quiero decirles que es impresionante cuando pones a la voluntad a la puerta de tu castillo. Cuando abres los ojos y dejas de sabotear tu vida, cuando le abres la puerta a la abundancia y la recibes como la reina que es a diferencia de andar dejando pasar inseguridades, presiones y creencias de una sociedad bonita pero que no siempre combina con mi estilo de vida.

Hoy yo decido, hoy soy selectiva. Hoy no quiero angustias sin sentido que me hacen que me duela el estómago y por más inconcientes que sean o por más que entren por las ventanas o por donde puedan, me aferraré a mi voluntad, a ese poder de decirle a tu cuerpo: angustia sal de ahí. Con respiraciones lentas, con otros pensamientos bonitos que las corran, con meditación… ¡Va jalando! (así dice mi nuevo amigo de Costa Rica que nos acompañó y soy su fan)

En fin, tengo una gran responsabilidad en el castillo de mi vida, es padre tenerla porque de pronto te das cuenta de que ser una víctima no sirve de nada, o más bien sirve de mucho porque es más fácil rendirse y culpar al destino o al cosmos, pero es más bonito decirle que sí a la misión de vida y agarrarnos los pantalones y como dice mi abuelita Flor: Sacar la casta.

Para las personas que deciden y con voluntad crean su vida y la moldean de acuerdo a pensamientos positivos, sabrán que todo el sudor y lágrimas valen la pena porque se traza la historia de sus vidas en su mejor versión posible…

A diferencia de los camarones que se duermen, no venimos a este mundo para que nos lleve la corriente... ¿Dónde quedó nuestra voluntad? No venimos a este mundo a sabotear nuestra esencia y misión de vida y ser nuestros peores enemigos. No venimos a este mundo a quejarnos, no venimos a este mundo a pagar culpas de nadie, no venimos a este mundo a creer que no tenemos la capacidad de escribir nuestra propia historia.

Estamos aquí para asombrarnos, disfrutar, sonreír, llorar, abrazar... Estamos aquí para vivir cada día como si fuera, no el último ni el primero, pero sí el único. Y con lo que tengas, en donde estés, empezar a hacer uso de tu voluntad y decidir a tu favor y ser tu mejor aliado.

A mí, estas dos semanas del mejor viaje de mi existencia (hasta ahora, porque no dudo vengan aventuras nuevas y mejores siempre...) declaro que la vida puede cambiar en quince días, la vida puede cambiar en un segundo, la vida puede transformarse y tomar un nuevo rumbo… sólo necesitamos hacer uso de nuestra voluntad, creer en nosotros (cosa que no saben cuánto trabajo me ha costado), y llenarnos de pensamientos positivitos a los demás les trueno los dedos y les digo ¡Va jalando! (váyanse). Y sobre todo, salir de nuestra zona de confort porque sólo así inicia la magia…

Estoy lista para vivir de una mejor manera. Estoy lista para conectarme conmigo y hacerle caso a lo que yo quiero y necesito, estoy mega lista para hacer de mis días mis mejores aliados y no una rutina que me provoque pensar que no puedo volar más alto.

Y como dicen por ahí que la felicidad es real cuando es compartida, por eso traigo mis dedos inquietos por escribir tantas historias que sé que les van a gustar, me voy a dar el tiempo pronto. Pero todo esto que escribo ahora tiene el objetivo de que te contagies y que te decidas a vivir “más chido”. Se puede, se puede, se puede, ya me harté de pensar que nada es posible. Deséalo y ponle fecha a tus sueños… y recuerda siempre dar el “FUA” en tu vida porque es maravilloso cuando amas a la vida y ves como te ama de vuelta. Yo me perdí de eso un tiempo y no se lo deseo a nadie. Los quiero, me voy a poner a trabajar que después de dos semanas hay mucho que hacer… que tengan un bonito día.