lunes, 9 de marzo de 2015

COMO AMANECÍ: #EsMiDia



Desde que llegué de Asia he tenido una revoltura de sentimientos. En la cima creyendo que la felicidad dura para siempre, triste pensando ¿Qué voy a hacer de mi vida? Y de repente otra vez en la cima con mis amigos botada de la risa.  Y de todo esto entiendo que la vida es una montaña rusa. Y lo repito cada vez que necesito entender por qué me siento así: la vida es una montaña rusa.

Cada día me fijo bien que desde que amanezco tengo un humor especial. A veces indiferente, a veces con un contentismo que agradezco y otras veces irritada y las mujeres me entenderán bien. Trato de tener un buen día con todas mis fuerzas y no siempre lo logro. ¿Qué me pasa? Entonces pienso…

Hoy entiendo que todo es parte de un todo. Que hacemos lo que podemos, que pagar el precio de vivir es a veces la única tarea del día. Y todo esto me suena a los aerobics que iba de niña “¡Arriba! ¡Abajo! ¡Más arriba! ¡Abajo!”

Entonces me revuelvo. Entonces pienso de todo y no tengo a veces nada que decir en específico porque no, no entiendo por qué a veces un día es tan diferente del siguiente. O una mañana de la tarde…

Nah, no es inestabilidad, es solamente entender que las emociones suben y bajan respecto a lo que le das importancia y en eso amanecí pensando. ¿Qué es eso que me importa que al darle valor sube y baja mi estado de ánimo dependiendo de la situación en la que eso que me importa se encuentre?

¿Vale la pena darle importancia a lo que le estás dando importancia? 
¿Qué pasaría si te sueltas? 
¿Qué pasaría si pusiéramos más valor dentro de nosotros más que afuera? 
¿Qué pasaría si nos encontráramos con la noticia de que nuestro día es tan importante que no debería verse afectado por las circunstancias que ahora me preocupan? 
¿Qué pasaría si me permito un poquito soltarme de lo que me tira para abajo? 
¿Qué cambiaría si dejara lo que me está tumbando?

Es un hecho que la vida es una montaña rusa y que no podemos negar que vivimos en un escenario y esa plataforma claro que define nuestro día de alguna forma, pero la forma en la que vemos las cosas probablemente es la que sí puede cambiar.

Intentando darle valor a lo que viene de dentro. Hace mucho escuché una frase que dice: Si algo a lo que tú llamas tuyo pueden quitártelo no es tan tuyo. Entonces pensé qué cosa no puede quitarme nadie para saber qué sí tengo y creo que muy pocas cosas pero hoy propongo, por ser lunes, intentar que el día sea sólo nuestro, que nadie nos lo quite.

Dejar de lado las falsas creencias y preocupaciones tontas que ocupan el primer lugar del día como si de verdad lo merecieran y comenzar a intentar ver el día como único y propio. Como un lienzo en blanco puesto para un artista como tú.

Tal vez es hora de reclamar lo que nos pertenece o al menos no dejarlo ir por algo que no valía la pena. En eso amanecí pensando.

Si la vida está hecha de días y yo soy una mujer que reclamo mi amor por la vida, entonces voy a empezar por mi amor por mi día ¿Qué puedo hacer hoy para que al irme a dormir esté contenta por que haya valido la pena? ¿Qué debo evitar para que las energías que tengo no se chupen en algo que no importaba tanto?

En eso amanecí pensando, en que hoy, al menos hoy, con todas mis fuerzas intentaré decir: #EsMiDia

lunes, 16 de febrero de 2015

CÓMO AMANECÍ: A veces cuando pierdes, ganas.



Amanecí más segura de algo. En la vida, aprendemos a caminar de los dedos de nuestros papás, luego tropezamos pero somos bebés y nuestras células se regeneran al mil por hora, así que sin importar tener las rodillas cortadas jugamos, patinamos, corremos y metemos carrera, pateamos el balón, nos peleamos y nos contentamos. La verdadera gloria de la infancia es que todo el tiempo estamos intentando algo nuevo.

Pasa que crecemos y tenemos miedo porque las experiencias nos inculcan la suma de sentimientos negativos por tomar una decisión supuestamente incorrecta, eso a diferencia de cuando éramos niños y no teníamos miedo a equivocarnos.

¿Y si no resulta? Dice nuestro corazón en las noches. Es algo así como si una a alarma antidolor quisiera protegernos y no veo nada de malo en ello, probablemente nace del amor propio pero ¿Acaso no nacimos para vivir? ¿Es parte de vivir no arriesgarnos a nada? No lo creo.

Hay una frase de una película que me encanta y por eso cuando me preguntan ¿Cuál es tu película favorita de romance? Contesto que esa.

-       ¿Pero si se trata de una pareja que se le mueren los hijos luego se muere él y ella se suicida?

Entonces contesto:

-       Si alguien está dispuesto a ir al infierno por mí, eso lo encuentro más romántico que una escena de estar compartiendo un helado o bailando una balada de cachetito.

Y es que “Más allá de los sueños” tiene una frase principal en su peli y dice así: A veces cuando pierdes, ganas.

Y es que, sólo cuando Robin Williams arriesgó todo por ella fue que la ganó. Y traducido a la manera de cómo amanecí quiero decirles que últimamente he intentado cosas diferentes…

Me he salido de mi zona de confort, me corté el pelo y me fui a Asia a un viaje que no he podido asimilar porque fue, fue demasiado. Al regresar cosas cambiaron en mi vida y entendí que muchas veces lo único que necesitamos para encontrar lo que buscábamos es salirnos de nuestra zona de confort y experimentar que tal vez no estamos equivocados en intentar de nuevo.

Cuando te sales de tu zona de confort, en mi caso, comencé a sentirme sola porque hasta mis pláticas hacían menos sentido aunque siempre he contado con personas que me rodean que llevan una vida espiritual tan padre que al menos me sentía entendida, pero al final un poco sola.

Pero la verdad era que sólo yo estoy viviendo este cambio y esta nueva vida y estas ganas de retomar ese placer de intentarlo todo como cuando éramos niños. Y específicamente amanecí pensando en que a pesar de sentirme aún más rara, más sola, en una frecuencia diferente, encontré que en esta frecuencia existen personajes y situaciones diferentes acercándose a mí y eso me hace extremadamente feliz.


Sí, estoy cambiándome de piel como algunos reptiles, y sí, es extraño, requiere un esfuerzo mayor, requiere mucha concentración y mucho dedicar tiempo a uno mismo, requiere tener valor para dejar lo que ya no sirve, las muletillas de la vida son tan cómodas a veces, requiere autodefinirte y requiere mucho valor pero, al menos esta semana ha valido la alegría y no la pena y amanecer cobra todavía más sentido.

Además, me he dado cuenta que sí, a veces cuando pierdes: ganas.

¿Y tú cómo amaneciste?


miércoles, 11 de febrero de 2015

CÓMO AMANECÍ. Compartiendo mis apuntes.




Todos somos alumnos de la vida 
y a una tal Lucía la de Flor 
siempre le ha gustado compartir sus apuntes...




Nacemos puros, nos envolvemos en nuestra familia y aprendemos de nuestra escuela y ¡PUM! Somos hijos del sistema. Aprendemos a fingir, a contestar por inercia un “bien, gracias” y ¡PUM! Nos desconectamos de nuestro “serts”.

¿Qué tenemos qué hacer para poder ser? En eso amanecí pensando.  A veces son tantos roles los que tomo en el día que llegando a casa no sé quién es la que se duerme: Lo que esperan los demás de mi, lo que espera el niño que me gusta que me guste, lo que mis papás necesitan para estar orgullosos de mí… ¡Es tanta carga!

Con el peso de la sociedad acuestas es difícil que alguien pueda recuperar un poco de su pureza. Y, dentro de todo este embrollo estoy segura que, irónicamente ahí radica la clave del éxito. La pureza de nuestra esencia es perfecta.

“Quería ser diseñadora pero estudié comercio” Escucho eso tantas veces. “¿Eres feliz?” pregunto y la respuesta no la compro, no lo creo del todo. “Algo me falta” casi siempre contestan todos.

Yo he descubierto que “eso que nos falta” para ser felices está adentro de nosotros pero nos cuesta trabajo echarlo a andar para que exista. Y mi conclusión del día es que necesitamos electroshock para revivir lo  que nació para existir, lo que es nuestro. 

Nadie va a luchar por ti mas que tú, llega un punto en el que por más que nuestros papás nos dieron la vida ni ellos pueden hacernos existir. 

¿Quién soy? ¿Qué me gusta? Y el problema es que casi nunca interiorizamos porque tememos encontrarnos con cosas feas, traumas, cicatrices o peor aún, heridas. Y cada que veo un caso así o yo misma soy un caso así, me siento como esos niños chiquitos que se tapan los ojos y los adultos tenemos que hacerle: "¿A dónde se fue Dominique?" "¿Alguien la ve?" y entonces la niña se destapa los ojos y todos tenemos que hacerle "¡Aquí estáaaa!" 

Igual son las heridas, es irónico que por no quererlas ver no existan.

Y aún así tratamos de permanecer en la frecuencia del sistema porque ahí no trabajas el tema de la interiorización y ahí no duele. No, no quiero eso para ti, no quiero eso para mí. Me he fijado que muchas personas pasan la vida sin existir y es como un suicidio emocional aniquilar lo que eres cada hora porque sin tener que estar muerto lo estás. ¡No quiero eso para nadie!

Por otro lado, las personas a las que admiro: escritores, terapeutas que han estado en mi vida y “gurús” del alma... todos, todos han coincidido en que pagar el precio para ser tú es algo sumamente complicado pero el único camino para la plenitud. No se puede existir si te anulas día con día.

Pero para hablar de ti y para decir quién eres o expresarlo, necesitas saberlo. Y eso implica el viajecito interior ese que todo mundo nos evitamos.

Pero ¿No estás cansado ya de estar buscando un pilar o un sostén o seguridad por el mundo cuando habita dentro de ti? ¿No has pensado que todo ese amor que estás buscando no te haría falta si te conocieras? ¿No quieres una relación sana y no co-dependiente? Todo eso radica de hacer válida tu persona y descubrir que naciste para ser amado sí, pero también para amar.

La diferencia entre buscar que te amen o buscar amar también se descubre ahí. En ese período fastidioso de interiorización pero no podemos perder más tiempo…

Así que amanecí pensando en que todo comienza con el poder de la decisión. De llamarle al terapeuta que te decía tu tía y te daban ansias, de levantarte a hacer ejercicio todos los días, de meditar, de llorar algo que no has llorado, de terminar con tus lazos afectivos nocivos, de buscar el bienestar para que en un ambiente sano puedas conocerte…

Eso implica soledad y si de entrada a algunos les da miedo está más complicado. Pero al menos yo, nunca me he basado en que algo esté difícil o fácil para hacerlo, sino en lo mucho que lo amo.


Si te hace click lo que digo y amaneciste igual o parecido, te mando un abrazo, si no te mando dos.  Y sé que no soy ni pretendo ser un ejemplo de nada, hablo de lo que vivo, de lo que yo también busco, de a donde quiero ir, de lo que me hace querer vivir, de lo que me duele, de lo que aprendo, de lo que quiero aprender, de lo que escucho, de lo que leí… al final de cuentas, todos somos alumnos de la vida y a una tal Lucía la de Flor siempre le ha gustado compartir sus apuntes...


Los quiero.
@lucialadeflor

martes, 10 de febrero de 2015

CÓMO AMANECÍ: Hello Universe!!!!



La vida y sus ciclos y etapas me hacen pensar que todo es un sube y baja y que la estabilidad consiste en vivir cada situación lo mejor que puedas. Llegan oleadas de tristeza, llegan días felizmente inesperados, llegan momentos en los que te ves al espejo y no te encuentras… hay días de todo.

Yo y mi berrinchuda cabeza muchas veces no entendemos eso. Nos asustamos cuando amanecemos y no sentimos el alma u otros días donde nos preguntamos por qué es que no quiero levantarme de la cama o hacer lo que más me gusta.

Luego hay otros días que sin razón alguna canto como pajarito todo el día y quiero besar a todas las personas que me encuentro – en los cachetes eh – y gritarle al mundo que Doe, a deer, a female deer
Ray, a drop of golden sun
Me, a name I call myself
Far, a long long way to run…”

Hoy he entendido algo diferente. No puedo – y no quiero - controlarlo todo, me rindo. He proclamado una y mil veces que si uno tiene actitud que si uno lucha por sus sueños y que si uno intenta todo, todo lo consigue. Y sigo creyéndolo es sólo que me faltó presentarme con el destino:

Hola destino, perdona que no te haya tomado en cuenta algunos días, hola universo, hola clima, hola llanta baja, hola circunstancias, hola hormonas, hola día nublado, hola canción mala del radio… hola noticia rara, hola personas que ya no quieren estar conmigo, hola y gracias circunstancias que me han enseñado, hola TODO.

A veces creo que en mi controladora manera de pensar, me faltó soltar poquito el estrés de la espalda y dejar que las noticias también se escribieran conmigo y pensar como timbiriche “si no es ahora será mañana”.

No estoy hablando de mediocridad o postergar, estoy queriendo dejar al universo que entre a jugar conmigo. Jugar en plan jugar como lo hacemos de niños. Me explico:

¿Se acuerdan cuando éramos niños? Yo me acuerdo cuando yo era niña grande y mi mamá solía mucho darme niños a cuidar, ya sea mientras ella daba una clase a las señoras y me dejaba a sus hijos o no sé, siempre me gustó ser niñera y estudiar sus peculiares maneras de pensar, porque yo ya tenía diez y era grande jaja.

Después trabajé de payasita en fiestas infantiles y sí, tenía que seguir jugando con más niños y la verdad es que los que más me divertían eran los nobles que llegaban a poner su disposición al juego y formar las reglas juntos…

Sin embargo había niños que, manipuladores y egocentristas, querían dominar todo el juego con frases como:

-      Y que ya te dormías.
-      Y que te levantabas y te ibas a trabajar.
-      Y que yo era la mamá y tú el bebé.
-      Y que llorabas…

Prácticamente no me dejaban jugar, sólo me decían qué hacer.

Pues bueno públicamente quiero pedirle una disculpa al universo porque estaba haciendo lo mismo con él. Quería controlarlo todo y que no se me escapara nada porque no quería perderme nada de la vida y disfrutarla toda pero resulta que me di cuenta que estaba jugando sola.

Me funcionó un tiempo, mi terquedad me llevó a los lugares que quería conocer y viajar y escribir un libreto y que se cumpliera a tal cual… pero también eso me provocó no dormir, trabajar de más, desconfiar de todo porque tenía miedo que las cosas no me sucedieran.

Universo. ¿Me perdonas? Tal vez ni siquiera te afecté porque eres más fuerte que yo pero ¿Me disculpas?

Aprendí a hacer eso en Cambodia. Entender que la vida necesita fluir como el agua, cumplir sus ciclos como las plantas y ser constante como el sol pero con sorpresas como las nubes. No sé… me faltaba observar lo que la vida quiere darme y no reclamar por lo que yo quería que me diera.

No, probablemente no tengo lo que yo creo que para mí es necesario pero sí, dentro de todo este embrollo algo extraño me dice que tengo lo que necesito ahora.

Dios sabe que he tenido días en los que pienso tanto que de pronto siento que se me va a aparecer y me va a decir en modo tierno pero directo: ya cállate. Sí, necesito callarme y por eso no he escrito tanto.

He sido “la fuerte”, “la idependiente”, “la que se sale con la suya” tanto tiempo que estoy cansadita de París. Me aseguraba noche y día que todo me saliera bien y que no tropezara y que tuviera las sorpresas necesarias en mi día y que mi canción favorita estuviera puesta cuando la necesitaba… que bueno que me quiera y me cuide pero no le permitía al universo sorpresas porque no confiaba en él.

Universo, vida, Dios, amor… energía, como sea que se llame, esa inmensidad que al menos a mí me ha invadido tantas veces es la que quiero dejar entrar otra vez si es que te saliste. En fin, amanecí queriendo hacer las pases. Ya no quiero ser la niña que dice “y que te dormías, y que te levantabas e ibas a la escuela…”

El miedo nos hace quererlo controlar todo porque pensamos que no va a funcionar porque nos falta confianza. Tal vez necesite trabajar más en equipo, delegarle a la vida lo que quiera darme porque todos necesitamos confiar en ella.

Seguir buscando lo que añoramos, seguir soñando lo que deseamos, seguir trabajando por ello, pero, de la mano de una fuerza mayor, en eso amanecí pensando.




martes, 27 de enero de 2015

CÓMO AMANECÍ: Pasando al pizarrón.





Hay días que dan risa, otros que no tanto. A veces se está feliz sin razón, otras estamos de mal humor y no sabemos por qué. A veces podemos llorar teniéndolo todo, otras reír en el peor día... y es que la vida, las circunstancias y nuestra actitud hacen una trenza bien, bien bonita.

Es mentira que gente que admiras no tiene días desgarradores o actitudes equívocas, no es verdad que los adultos siempre somos un ejemplo. A veces somos el ejemplo de lo que no se debe hacer y bueno, es parte de existir no ser perfecto o tal vez es perfecto ser así, tal cual somos.

Amanecí otra vez a las cuatro de la mañana, ya no tenía sueño, no sé si es el cambio de horario que no me he acostumbrado y ya debería pero ¿Les confieso algo? Es algo extraño pero estoy amando levantarme a las cuatro y media de la mañana. Al “cabos” me duermo como a las nueve de la noche es algo extraño y me encanta, a ver cuanto me dura.

Besayuné y me fui al gimnasio. No había salido el sol… ¡Le gané! Sí, me sentía una ganadora y hoy es uno de esos días en los que independientemente de todo uno hace su tarea y la hace con ganas. He aprendido que en eso consiste la vida, en hacer lo que a uno le toca. En pasar al pizarrón. 

No, el miedo no sería nuestro aliado en este proceso así que dediquémoslo a callarlo. Y es que siempre que grita el miedo, luego no escuchas lo que sí tienes que hacer. No fuimos hechos para nada, tenemos trabajo. Yo, tú.

Y para poder ponernos en acción necesitamos estar completos, o al menos casi. Y eso es lo que a mí me andaba faltando. 

¿Qué es estar completos? 

R= Es no sólo tener amor propio y voluntad, no es sólo chiquearte o cuidarte de lo que te hace daño, no es sólo evitar malos ratos e intentar vivir saludablemente y tener lazos afectivos sanos… además de todas esas cosas debemos de ser verdaderamente nuestros mejores amigos, nuestros partners, nuestros BFF o a mí me gusta decirle "besties". Ejemplifico:

¿Te acuerdas de ese amigo o amiga que te sacó del infierno aquella vez? El que te prestó dinero, el que se metió al fango contigo, el que te defendió y se metió en problemas por ello, el que te dio cachetadas psicológicas para que despertaras, el que te abrazó cuando ya no podías más y te apretó tan fuerte que te pasó energía cósmica que te hizo ponerte de pie, o el que se acostó contigo cuando no podías más y al menos te hizo compañía…el que fue compasivo, el que no te juzgó, el que te apoyó y te defendió hasta el fin: Eso, eso es un bestie y eso tienes que hacer por ti.

Es difícil lo sé, tiendo a veces cambiar de carril y dar vuelta a la derecha al papel de víctima donde le hecho la culpa a todo mundo de no tener esto o aquello… pero no, ser víctimas no es un estilo que nos convierta en protagonistas y como dije en párrafos anteriores, no fuimos hechos por nada, así nomás, para que hagamos nada.

Y entre el descubrir nuestra vocación y misión de vida y entre llenarnos de las herramientas que necesitamos para ser los héroes de nuestra historia y en lo que aprendemos a ser nuestros mejores amigos, sí, hay muchas lágrimas de por medio, bajones de ánimo y pérdida de fe, pero, amigo mío, amiga mía, el no saber a dónde ir es parte del camino, el crecer lleva dolor de huesos, el querer rendirte es un llamado que siempre llega y algunas veces contestamos, el sentir que no puedes es parte de la prueba y el reprobar a veces es necesario y el sentirte que tal vez esa misión no es para ti es parte de una zona de confort que a veces necesitamos - pero no para siempre-… y querer inconscientemente insistir es parte de tu todo.

En el fondo de nuestro corazón hasta las personas más cansadas de luchar saben que no pueden parar… y los que son más introspectivos –yo todavía no tanto en ese aspecto – descubren que la vida se vive sin estar buscando premios por nuestras acciones. Quien encuentra el verdadero sentido de vivir sabe que no necesita una estrellita en la frente.

Ojalá algún día aprenda un poco de todo lo que estoy diciendo. Pero en eso amanecí pensando. La fe es extraña porque aún cuando se pierde se tiene… ¿No lo han sentido?

¿Y tú? ¿Cómo amaneciste?

lunes, 26 de enero de 2015

CÓMO AMANECÍ: Con actitud.





Gueros días chulos, ya volví.  No voy a hablarles todavía de nuestro viaje asiático porque todavía no lo proceso pero sí voy a decirles cómo amanecí. 

Me desperté a las cuatro de la mañana, me había quedado dormida creo que como a las nueve, no sé, llegué a mi casa después de un domingo familiar donde les conté cómo me la pasé mientras mis casi diez hermanos estaban en la grandota mesa de la casa. 

Fue un buen domingo, pero estaba cansada, llegué a mi casa y caí, ni siquiera pude ver quién ganó en miss universo. Así que me desperté a las cuatro de la mañana, supongo que todavía no me acoplo al horario de aquí o no sé...

¿Han visto la escena de comer, amar, rezar donde ella se levanta a media noche a rezarle a Dios? Así empecé: Dios… fíjate que. Duré unos quince minutos, otros quince me quedé sin hacer nada y luego pensé que si quería tener un buen inicio de semana necesitaba volver a dormir y así lo hice. Me levanté preparé todo para el gym y me subí a mi Chevy. Otra vez volví a hablar en voz alta, insistiendo y haciendo muchas preguntas al universo. Y es que, les soy sincera, últimamente mi cerebro piensa tantas cosas a veces tan extrañas que estoy cansada de mi mente. Creo que me hace falta confiar un poco en el universo y relajarme otro poco más.

Un poco angustiada llegué al gimnasio y puse la lista de “feeling good” de spotify y corrí lo más que pude, sintiendo el sudor caer como si fueran mis angustias. Pensé entonces que tal vez con actitud llegamos a lograr las cosas aunque a veces no creamos, no sé cómo explicar, y es que mientras iba en el carro para acá sentí que tal vez muchas veces no sabemos ni qué onda con nuestras vidas y casi siempre creemos que por la edad que tenemos deberíamos de tener todo mega estudiado y listo y la verdad es que no es así. La vida no es tan predecible y los caminos no tan específicos y debo de repetirme una y otra vez que eso está bien.

Corrí más. Entendí que independientemente de todo lo que piense mi mente, de la mucha o poca fe que cargue sobre mis hombros, no iba a soltarme de algo: Actitud. Creo que la actitud me ha salvado muchas veces. Siempre hay la opción de tirarse al suelo o la de levantarse temprano a correr y mientras lo haces darte cuenta que “Here comes the sun”.

Entonces amanecí pensando en que me gustaría compartir un poco de actitud. No es que ustedes carezcan de ella, créanme, yo creo que hoy el mundo entero se levantó con más actitud que yo, pero cuando me refiero a compartir es que la verdad sí me puso de buenas entender que cuando no entiendas debes de sostenerte de tu actitud. Y es que cuando iba en el Chevy en voz alta dije: Dios, no sé de qué sostenerme. (Ni crean que se me puso aguita en los ojos mientras escribí esto).

Todo va bien, no es que esté pasando una tormenta ni nada, pero mi mente a veces no se para y no sé porqué llega a atormentarme. (Y aunque se oiga triste escribí esto riéndome porque sí, mi mente aunque sea un torbellino sé, que al final “here comes the sun”).

Es loco. Pero bueno, mi vida nunca ha sido normal así que no es anormal lo que digo. Lo único que puedo terminar diciendo es que es extraño que a veces he analizado mi vida y cuando no creo y estoy decaída, actúo como si sí  creyera. Haz de cuenta, cuando creo que no voy a lograr algo, actúo como si sí lo fuera a lograr y a veces funciona. Entonces creo que la respuesta a la pregunta “¿De dónde me sostengo” es: De mi actitud. Y que venga a decirme cualquier persona si no nació con ella porque lo regaño diciéndole que existe en cada uno de nosotros.

Ese “mood” de vestirte más guapa cuando estás dolida, ese suspiro que te echas en las canciones tristes pero que te empujan a creer que algo bueno va a pasarte, amo ese echarle el doble de ganas cuando no sabes ni que onda para que al final siempre la incertidumbre se disperse en medio de tanta actitud.

Así que comienzo esta semana diciéndoles que dentro de cada uno existe ese fabuloso espectáculo de optimismo que a veces nos olvidamos porque dejamos que las cosas externas nos definan. No señor, nosotros definimos y decidimos con qué actitud tomar todo.

Fin del comunicado. Amanecí dos veces, una a las cuatro de la mañana enredada en mis pensamientos y otra corriendo sudando mis preocupaciones. Una buena manera de llegar a la oficina. ¿Y tú cómo amaneciste? ¿Quieres amanecer otra vez? Se vale. Porque no es lo mismo despertar que amanecer. Los quiero.


lunes, 15 de diciembre de 2014

CÓMO AMANECÍ: Introspectiva




De cuando en cuando en diferentes momentos de mi vida me aíslo y esas cosas. No es que una luz en mí se apague es que como lo dije solamente, me aíslo y me vuelvo introvertida y observadora… escucho frases de películas o en cafés con mis amigas llega mi punto de concentración en el que veo solamente una boca moviéndose en cámara lenta diciendo lo que muchas niñas tienen en el corazón y me doy cuenta de que de algún modo estamos conectados con el mismo dolor y los mismos miedos así como los mismos deseos. Entonces escucho y entiendo que no sólo yo me siento una extraña que quiero preguntarme si no vivo en Melmac también y tenga que buscar mi nave y regresar a casa.

A final de cuentas creo que dentro de toda esta atmósfera donde me veo envuelta que parece extraña, todo comienza a cobrar sentido cuando te limitas a observar y no querer desesperada querer encontrar respuestas a todas las preguntas del universo.

Y es que a veces es conveniente alimentarnos de todo lo que hay alrededor y observar el mundo de un ángulo que no sea siempre el único que conocemos y entender que la vida puede verse de tantas formas y que al cambiar de panorama también los problemas cambian de tamaño y las soluciones se esparcen y no tan lejos.

Es por es que entiendo que en momentos de “incomprensión” a la vida, probablemente lo que falta es sólo observarla. Pero no sólo con nuestro ángulo. No es lo mimo estar parada en el tráfico sudando con la cuenta del taxi corriendo que estar en un avión y ver como tiernamente se mueven los carritos.

A veces creo que no vemos los problemas de varios ángulos porque nos asusta el hecho de tenerlos enfrente y los sustos paralizan. Por ejemplo, hoy amanecí sabiéndome en una etapa introvertida y que estas etapas me sumergen en mi mundo y me hacen reflexionar más que salir de fiesta y contar chistes – y escribir mucho y eso me está encantando - . Pero eso no me hace – como ya lo dije al principio – apagar mi luz o salirme de las canchas sino que simplemente me doy la libertad de poder “angulizar” mi vida y volver a acordarme de las coordenadas que tengo en el mundo, con lo que cuento, con lo que no, lo que me duele, lo que ya no…

Y eso amigos míos… aunque no grite de emoción y más bien esté calladita, me está en-can-tan-do. En este mood la inspiración llega como si nunca se hubiera ido y descubro tantas cosas por segundo… en silencio muchas veces todo comienza a cobrar sentido.

Y aquí estoy, entendiendo que no tengo que entenderlo todo pero disfrutando de al menos abrir bien los ojos por si algo se me revela para confirmar si mi camino es el correcto o debo reposicionar mi lugar en el mundo. ¿Y tú? ¿Cómo amaneciste?